Corral de gorgoritos

Yo digo: «¡Canta!»

Crítica cinematográfica

«¡Canta!» es la nueva película de animación en tres dimensiones que ha surgido de uno de los estudios dedicados a este tipo de largometrajes que más en boga está y que ha entablado una batalla no cruenta (en teoría) con el referente principal dentro de este peculiar gremio artístico, Pixar. Toda productora de peso ha tenido la necesidad de recurrir a la animación para poder competir en igualdad de condiciones con sus rivales.
Illumination Entertainment, la productora subsidiaria de la todopoderosa Universal, dio un paso de gigante en su aún corta historia (su primera producción, «Gru-Mi villano favorito», data de 2010) con el éxito obtenido a nivel mundial de este primer título, con su inevitable continuación, «Gru 2. Mi villano favorito» (2013), y sobre todo, con un spin-off, «Los Minions» (2015), que ha conseguido aun más relevancia comercial que la franquicia de la que surgió. El que una productora consiga afianzarse desde su nacimiento en un mundo tan competitivo como es el de la animación (un ¿género? cada vez más presente en nuestros cines) es todo un logro para los artistas que están detrás de un conglomerado empresarial de tal volumen.

Guardado su principal valor en el cajón de «Jugadas Seguras» y después de volver a dar en la diana con «Mascotas» el año pasado, Illumination Entertainment presenta ante el gran público su particular visión de los talent show musicales que han invadido el mundo con sus artistas frustrados, sus inútiles inconscientes y sus jueces sarcásticos. Sin embargo para la ocasión todos estos aspirantes a superestrellas han trocado en un variopinto zoológico de cantarines animales de las más diferentes especies.

El guionista y director de «¡Canta!» (2016), Garth Jennings, ha retomado un clásico dentro del mundo de la animación tradicional y contemporánea: los animales antropomorfos. Si ya por su propia naturaleza al ser humano le resulta extremadamente divertido determinados comportamientos imitativos de la fauna, como demuestran los incontables y popularísimos videos de mascotas que pueblan el proceloso océano de internet, aún les produce mayor hilaridad la posibilidad, vía dibujos animados, de que hablan y que aún consigan emular con mayor verismo a sus dueños o a sus vecinos bípedos.

La trama en la que se desarrollan los diferentes gags asilvestrados gira alrededor de un personaje central que servirá de detonador de los acontecimientos. Buster (con la voz en versión original de un histriónico Matthew McConaughey) es un optimista koala dueño de un gran teatro. Pero justo ahora el negocio no pasa por un buen momento. Para arreglar la situación y recuperar la gloria perdida, Buster decide organizar el concurso de canto más grande del mundo. Su objetivo es atraer a multitud de animales que busquen convertirse en estrellas. Entre toda esa fauna de candidatos encontramos a un bromista y arrogante ratón, una elefanta adolescente que tiene pánico escénico, una cerda que padece estrés debido a su camada de veinticinco lechones, un joven gorila que pertenece a una familia de gánsteres y una puercoespín que tiene su propia banda de rock alternativo.

Al igual que ocurría con la recientemente estrenada «Trolls» (2016) el largometraje que ahora nos ocupa juega una de sus principales bazas con la música. A día de hoy el otrora popular cine musical se ha refugiado en cierta medida en la animación para poder seguir subsistiendo y afrontar la escasez de títulos pertenecientes a este género que se realizan en estos tiempos de descreimiento. Por supuesto que no hablamos de musicales «puros». Más bien deberíamos referirnos a films de animación que sustenta gran parte de su peso dramático (y sus juegos de referencias culturales) recae en temas de pop contemporáneos.

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