Demente caleidoscopio

Shyamalan regresa al camino correcto con “Múltiple”

Las muchas caras de McAvoy

A pesar de haber ganado puntos, gracias a este último film que ahora nos ocupa, en ese organigrama imaginario que todo cinéfilo de pro creamos en nuestra cabeza abarrotada de títulos y autores, el cine de M. Night Shyamalan continua enfrentándose en un perpetuo debate entre los que lo consideran una figura trascendental dentro del panorama cinematográfico actual y aquellos que lo denigran suponiéndole apenas un pie de página en el devenir vertiginoso del Séptimo Arte, un mero artesano encumbrado a lo más alto gracias a un golpe de fortuna y a la monumental labor publicitaria que se atisbaba detrás de su tercera película, la renombrada «El sexto sentido» (1999). Ese título ejerció de «beatificación» de un director que habría de vérselas más adelante con los reveses del destino.

La obra de Shyamalan parece lastrarse progresivamente a medida que va creciendo en número debido a la impuesta (quizás autoimpuesta) obligación de dotar a sus películas de un giro argumental sorprendente que consiga «hacer explotar» la cabeza de un espectador muy dado a aplaudir fervorosamente a aquellos realizadores que utilizan trucos, no siempre honrados, para suministrar vida y suspense a su obra. En «Múltiple» (2017) se ha jugado con la personalidad múltiple, tal como se señala desde el mismo título, de su protagonista para aportar ese «plus» de tensión del que antes hablábamos. Esta bizarra figura poliédrica, que interpreta brillantemente un actor merecedor de mayor reconocimiento dentro del sector, el británico James McAvoy, secuestra a tres chicas. Ese punto de partida apenas esbozado deriva, gracias «al pincel» de Shyamalan, en un complejo puzzle donde nada es lo que parece.

McAvoy nos ofrece un «tour de forcé» donde da rienda a sus múltiples recursos, siempre jugando al límite de la parodia, pero nunca salvando la frágil línea que separa la representación de la inestabilidad mental y lo que supondría una mera caricaturización de la fragmentación psicopática.

«Múltiple» (2017) es una película conscientemente juguetona. De esas que nos hacen disfrutar a rabiar jugando con nuestros prejuicios, nuestras ideas preconcebidas y con los arquetipos cinematográficos. Una vez sometidos los espectadores a sus leyes dramáticas utilizan todos los recursos audiovisuales para seguir manipulando sensualmente nuestros serviles cerebros.

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