Entrevista a la protagonista de '50 primaveras'

Agnès Jaoui: «Mi personaje no va de víctima, y eso me encanta»

"Hay muchas mujeres que se encuentran de nuevo con un primer amor, y ese primer amor no se da cuenta de que tú envejeces"

Además de hablar un español excelente- «me encanta el español, canto en español con mi grupo de música y, sobre todo, tengo una pasión por España», asegura con contagioso entusiasmo la ganadora de varios premios César Agnès Jaoui (Antony, Hauts-De-Seine, Francia, 1964), esta actriz, guionista, directora y cantante desprende una simpatía natural fascinante.

En 50 primaveras, comedia sobre la madurez dirigida por la francesa Blandine Lenoir y que hoy llega a la cartelera, la intérprete está brillante, luminosa. Aquí da vida a Aurore (título original del film), una mujer de 50 años, divorciada y madre de dos hijas, que se enfrenta a algunos retos del paso del tiempo: la menopausia, el vértigo de descubrir que va a ser abuela, la realidad de que ya no es joven, de que sufre discriminación laboral, de que su vida amorosa (por otro lado) no está acabada… La vida misma.

Miembro del Jurado en la pasada edición del Festival de Cannes- donde la excelente The Square, del sueco Ruben Östlund, se alzó con la Palma de Oro- e inmersa ya en la preproducción de su nuevo trabajo como directora, Place Publique- ya dirigió Para todos los gustos, Como una imagen, Háblame de la lluvia y Un cuento francés-, Agnès Jaoui habla con Periodista Digital.

Felicidades. Está usted excelente en 50 primaveras.

¡Muchas gracias! Además, el título en español me parece muy bueno (sonríe).

Su personaje es una mujer en estado de shock por saber que va a ser abuela, sufre los sofocos de la menopausia, se reencuentra con su primer amor, al que dejó por errores de juventud. ¿Cómo la definiría?

Como una mujer normal (ríe). Lo increíble de esta peli (ella dice peli) es que ella vive muchas situaciones que viven muchas mujeres. Experimenta todas estas transformaciones vitales, y eso es algo que nunca se trata en el cine o en la televisión. No se habla de todo este shock que experimentan las mujeres al llegar a los 50. Y mi personaje también me gusta porque tiene algo de… No va de víctima. Experimenta todo eso, pero nunca se queja en plan: «Ahhh». Quiere vencer todo eso; no quiere renunciar. Al contrario. Y despierta a ese momento de su vida.

En cierto sentido, me recuerda un poco a El porvenir, la película de Isabelle Huppert.

Sí, es cierto. Tiene un punto en común.

Ambas mujeres, en vez de hacerse las víctimas, siempre van hacia adelante. Tienen la actitud de mirar al futuro.

Sí. Y eso es algo que también me gustaba mucho del guion. No es decir: «Pobre mujer, patatín, patatán». Sino que es solo un hecho y hay que enfrentarse a él.

Con los años vienen situaciones que son parte de la vida. ¿Usted también tiene ese empuje hacia adelante?

Si, cómo no. Como todas las mujeres, yo también descubro todo eso. Sobre todo, cómo cambia la mirada de los hombres hacia ti. Cambia totalmente. También el hecho de volverte invisible, excepto cuando la gente me reconoce porque soy un poquito famosa (sonríe), pero está claro que se notan las diferencias en todo, y especialmente, cambia mucho la relación con los hombres. En eso me identifico mucho con este personaje, y en su voluntad de encontrar el modo de continuar viviendo lo mejor posible (ríe).

Hay que jugar las nuevas cartas, que son las que son, lo mejor posible. A veces, hasta que no te pasan las cosas y las vives en primera persona, no las comprendes.

Exacto. Y descubres un tipo de solidaridad con las mujeres que, quizá antes, no tenías tanto. En el último Festival de Cannes- donde fue jurado- yo estaba muy enfadada con la pobreza de los papeles femeninos en las películas a competición, no solo porque hubiera pocas directoras, sino que, en la mayoría de las películas que vimos, las mujeres no tenían papeles interesantes. Y hablé de eso con el resto de los miembros del jurado. Muchos estaban de acuerdo conmigo, pero otros no veían de qué hablaba, porque los hombres no viven eso. Y Will Smith me decía: «Pero tampoco hay papeles de negros». Y me di cuenta de que yo tampoco veía eso ni era un gran problema para mí. No soy negra. Y es lo mismo. En 50 primaveras me gusta mucho la escena en la que la mujer dice: «Vosotros descubrís la discriminación cuando envejecéis, pero la discriminación existe para muchas personas en otros niveles en la vida».

La película también es valiente cuando su personaje tiene una aventura sexual sin estar enamorada. Algo impensable en otros films. Valiente en el sentido de que no se amilana. No hay motivación amorosa, pero llega hasta el final. Aurore no se para. Hay una escena sexual en la que ella se deja llevar por el placer, no por el amor, y normalmente sería al revés. Sería el hombre. Aquí Aurore piensa: «Voy a divertirme. Sin más. Y no pasa nada».

Sí, sí. Me han contado que en algunos cines el público aplaude en ese momento (ríe). Y gritan: «Hey, dale».

Aurore es una mujer que dejó al amor de su vida, se casó con otro, y, a los 50, se reencuentra con el primero. ¿Usted cree en las segundas oportunidades?

Sí, totalmente. Hay muchas mujeres que se encuentran de nuevo con un primer amor, y ese primer amor no se da cuenta de que tú envejeces. Es una cosa muy increíble. Que cuando el deseo existió, ya nunca se va. Conozco a mujeres que han pasado una vida entera con otro, han tenido hijos con otro, y de nuevo encuentran al primer amor. Y me han dicho: «Ahora sé lo que voy a hacer. Voy a llamar. Voy a ver qué pasa. Hoy en día con internet es mucho más fácil. Quizá este hombre ahora este libre…» Y eso para mí es muy gracioso.

Usted estuvo muchos años con Jean-Pierre Bacri, con el que ha escrito muchos guiones. Y ahora siguen trabajando juntos, pero ya no están juntos. ¿Ha cambiado su forma de trabajar a dúo?

Ya no vivimos juntos, pero es el amor de mi vida y siempre me quedará (sonríe). Todos tenemos ideas de juventud sobre el amor y creemos que es así y así y así, y con el tiempo nos damos cuenta de que el amor tiene mil caras, mil formas de manifestarse. De alguna manera, Jean-Pierre Bacri es un hombre increíble a quien yo tuve la suerte de encontrar en mi vida. Y todavía, no solo trabajo con él, sino que lo amo. Nuestra forma de trabajar juntos no ha cambiado mucho, la verdad. Escribimos juntos, yo dirijo, porque a él todavía no le gustan las obligaciones del rodaje (ríe), y ahora empezamos la preproducción de Place Public.

Por último, dice que le encanta España. ¿Qué le gusta de España?

¡La gente! Simplemente, mira como hablamos tú y yo… En Francia siempre hay un ceremonial de… Las relaciones son más complicadas, todo es más formal, no podemos hablar fuerte (ríe). También los horarios me gustan mucho. A mí me gusta comer a las tres de la tarde, pero ¡todo está cerrado en París! Y tengo ganas de cenar a las once de la noche y… ¡todo cerrado en París!

¡Véngase a vivir a España!

Muchas veces lo pienso (ríe).

Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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