Angélica apología del falo diabólico

Desesperada llamada a la rebelíón personal mucho más allá de lo políticamente correcto

Angélica apología del falo diabólico
The Scarlet Letter - Teatros del Canal

La última entrega de nuestra dramaturga más reconocida en Europa contiene un audaz alegato contra el feminismo progre de salón y una bienvenida loa al género masculino, tan vilipendiado últimamente. ‘The Scarlet Letter’ es un farfullar de panfletos líricos sobre hermosos cantos sagrados que suenan a armenios o sufíes, un despliegue permanente y masivo de masculinos desnudos integrales y retadores en un hermoso montaje escarlata de composiciones pausadas, de trama ininteligible, factura desigual e indudable avance sobre anteriores cosas suyas.

Con 53 años, Angélica González alias Liddell presenta su montaje teatral 33º -si nos salen las cuentas- fiel a sus esencias, pero sumando a la tradicional vehemencia descontrolada un mayor dominio de la composición escénica y una reverencia al fin por la armonía, lo cual eclipsa el descuido con que ha venido presentando sus escenografías. Sirva como referencia a su larga carrera mencionar tres de sus anteriores montajes: ‘Maldito sea el hombre que confía en el hombre: un projet d’alphabetisation’ de 2011 (ver reseña), ‘Ping Pang Qiu’ de 2013 (ver reseña) y ‘Todo el cielo sobre la tierra’ en el festival de otoño de ese mismo año (ver reseña). A los penúltimos por razones inconfesables no hemos acudido.

Esta vez se ha inspirado en un texto romántico (La Letra Escarlata (The Scarlet Letter), una novela de Nathaniel Hawthorne publicada en 1850, ambientada en la puritana Nueva Inglaterra de principios del siglo XVII que relata la historia de Hester Prynne, una mujer acusada de adulterio y condenada a llevar en su pecho una letra «A», de adúltera. Se negará a revelar la identidad del padre de su hija y tratará de vivir con dignidad en una sociedad hipócrita) para idear una subida a los cielos infernales en pos del amor, una inmersión en las pesadillas que nos dan forma, en la necesidad de la culpa y en la imposibilidad de aceptar la huida como rebelión contra la salud y el orden impuestos.

Lidell, de Alicia Liddell, la protagonista de Alicia en el país de las maravillas (1865) de Lewis Carroll, es la protagonista que vestida con miriñaque clama a los dioses en medio de una espectacular coreografía de diez hombres desnudos a los que admirará hasta agarrarles del pene uno a uno, ofrecer su boca a la inmediatez de los miembros viriles y chupar uno de ellos como una ventosa. En su viaje en busca de su amado Arthur llegará a encontrarlo, pero es ya tarde e imposible pues, desesperado, solo ansía sufrir espantosas enfermedades en manos del peor de los médicos, mientras un ángel negro aletea expiaciones blancas y se suceden las invocaciones a ese momento de la filosofía francesa en la segunda mitad del siglo pasado que algunos quieren comparar a los egregios del griego clásico y del idealismo alemán, y surgen borbotones inmensos de imprecaciones contra el género femenino y retumba ‘Il  mondo’ de Jimmy Fontana, la inolvidable canción de los 60, anunciando uno tras falsos finales que prolongan la pieza una y otra vez, entre el gozo y el arrobo de los seguidores de esta mujer sádica que proporciona a un público masoquista el desprecio y los insultos que han venido a mendigar emocionados.

Para presentar esta carta escarlata, nos dice: ‘Seguimos rebelándonos contra la violencia de la hipocresía moral en tiempos de puritanismo. Hemos perdido en el arte la fuerza de la naturaleza salvaje para siempre. Hemos ganado en pacatería, en estupidez y en embuste. La cobardía y la mojigatería son más agresivas que nunca. Antes era la religión. Ahora la ideología. En los tiempos de Hester la religión y la ley eran una sola cosa. Hoy se pretende que la ideología y la ley sean una misma cosa, y se exige al arte que sea ideología, y por tanto que sea la misma cosa que la ley. Nunca más se podrá representar al dios Pan, símbolo magnífico de potencia masculina y apetito sexual, penetrando animales, adolescentes y ninfas, ni podrá representarse a Eros niño, completamente desnudo, introduciendo su dedo en la vagina de Venus, ni a un toro erecto raptando a una hermosa mujer desvestida, tampoco podrán representarse a pigmeos sodomizando a pigmeos. La condición puritana no soporta la causa obscena de la fecundación y la propagación, esconde el origen genital de nuestra concepción y de nuestro nacimiento, niega que el hecho sublime de la vida y del amor proceda del deseo, de un sucio y violento movimiento entre penes y vulvas, de una pasión irrefrenable e irremediablemente violenta, y por supuesto no tolera en absoluto la raíz sexual de nuestras alegrías y de nuestros dolores’.

Algunos de los textos son soberbios, en la tradición del panfleto político, pero con una vena poética muy apreciable. Angélica Lidell realiza una interpretación fabulosa de esta medio loca semi mística con cánticos y recitativos, gruñidos y alaridos de consistente factura. Los diez despelotados ni se inmutan en el lucimiento de sus atributos y Arthur (¿Gumersindo?), vestido con túnica y tapado con velo, descubre al final su rostro, así como el serafín negro no resiste la tentación de unirse al festín de desnudos. La pieza es muy desigual, plagada de invocaciones a Sócrates y Nietsche, Althusser y Lacan, Deleuze y Artaud, y sobre todo Foucault, entre dos célebres pinturas religiosas, bustos clásicos, proyecciones, un niño en patines destellantes y Adán y Eva en el Paraíso. Un espectáculo sensacionalista, visceral, un llamamiento atroz de intelectualismo ácrata a practicar los peores delitos, que puede repugnar pero que no deja impasible.

VALORACIÓN DEL ESPECTÁCULO (del 1 al 10)
Interés: 8
Texto: 7
Dirección: 7
Interpretación: 9
Escenario: 7
Música: 8
Producción: 8
Programa de mano: 7
Documentación a los medios: n/h

Teatros del Canal
ANGÉLICA LIDDELL
The Scarlet Letter
Inspirada en The Scarlet Letter de Nathaniel Hawthorne (1850)
14, 15 y 16 de febrero de 2019
Sala Roja. Duración: 1h 45min
Estreno en España
Edad recomendada: a partir de 18 años

Texto original: Angélica Liddell, inspirado en la obra de Nathaniel Hawthorne
Vestuario, escenografía y dirección: Angélica Liddell
Director de producción y difusión: Gumersindo Puche

Intérpretes: Tiago Costa, Eduardo Molina, Nuno Nolasco,Tiago Mansilha, Vinicius Massucato, Joele Anastasi, Antonio L. Pedraza, Daniel Matos, Borja Lopez, Antonio Pauletta, Angelica Liddell, Sindo Puche.

En coproducción con Teatros del Canal (Madrid), La Colline – Théâtre National (Paris), CDN Orléans / Centre-Val de Loire, Iaquinandi, S.L.
-Con la Colaboración de Teatro Nacional D. Maria II, BoCA – Biennial of Contemporary Arts (Lisboa / Porto).

Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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