Tirante el Blanco, pero sobre todo Carmesina

El gran clásico valenciano en una producción de corto impacto y femenina largura

Tirante el Blanco, pero sobre todo Carmesina
Tirant - Teatro de la Comedia

De las mil páginas de esta grandísima novela de caballerías, esta versión se centra en la tercera parte y más conocida, los lances de amor en Constantinopla entre Tirant y Carmesina. Se ha optado por una puesta en escena escuetísima y una interpretación actualizada que perjudican a una adaptación que arrebata el protagonismo al caballero andante para cedérselo a la dama de sus amores.

Cervantes salva el Tirant lo Blanc de la quema diciendo en su Quijote que es ‘el mejor libro del mundo’. Dámaso Alonso lo definió como la primera novela moderna de Europa, y Mario Vargas Llosa no escatimaría elogios ante esta cumbre del Siglo de Oro valenciano, escrita por Joanot Martorell cuando la ciudad era quizás la más avanzada y culta del Mediterráneo, con permiso de Génova y Marsella. Se trata de una obra extensa que incluye componentes autobiográficos y combina un realismo directo y crudo con los ideales caballerescos de la época. El héroe es armado caballero tras diversos combates singulares contra reyes, duques y gigantes. De Inglaterra marcha a Francia, Sicilia y Rodas –asediada ésta por los genoveses y el sultán de El Cairo, que son derrotados por el héroe–; después, a Jerusalén, Alejandría, Trípoli y Túnez, que conquista. Tras todo ello -y aquí comienza la versión que se estrenó este miércoles- es reclamado para defender un supuesto imperio griego de los ataques turcos, y en Constantinopla se enamora de Carmesina, la hija del emperador. Los vaivenes del idilio, con la intervención de la viuda Reposada y de la doncella Placerdemivida por el lado de ella, y del guerrero Diafebus, su compañero de fatigas, son el meollo de la propuesta, onces escenas con un prólogo y un epílogo en los funerales del caballero, que tras haber luchado en Berbería, y haber arriesgado la vida en mil combates muere de una traidora pleuresía.

En el original, Tirante se casa con Carmesina y es nombrado césar del Imperio Bizantino; reconquista tierras a los turcos y al morir enfermo, muere también Carmesina de pena. En la versión feminista que nos presenta Paula Llorens, los amantes no han podido consumar su amor esperando casarse como es debido, y ello es presentado como la gran equivocación de Carmesina, protectora de su virginidad según la costumbre arraigada hasta ayer mismo, que despechada víctima del patriarcado se niega a ser viuda silente y se convierte en poderosa caudillo que emulará las hazañas de su caballero querido.

Basándose Paula LLorens en que la novela concede una gran relevancia al punto de vista femenino, reconoce que  ‘hemos convertido en protagonista y motor de nuestra obra a Carmesina y al resto de personajes femeninos, siempre olvidados o relegados a un segundo término por la historia’, y las hace reivindicar explícitamente ‘el deseo sexual de las mujeres y la defensa de su legitimidad en un mundo donde impera el mito de la virginidad femenina, una visión totalmente patriarcal de la sexualidad’. Y la directora, Eva Zapico, añade de sumo grado más leña al horno ideológico de moda: ‘Sin minusvalorar el lado masculino de la obra ni al héroe, queríamos poner el foco en los personajes femeninos, colocando a Carmesina en un lugar igualitario con Tirant’, aún reconociendo lo difícil del empeño, pues se trata de una novela que es ‘la representación de la masculinidad en su hipérbole’.

Con todo ello suman a la debilidad de la propuesta escénica e interpretativa, unos lastres que siempre y en todo lugar nos parecen inaceptables, la tergiversación y manipulación del contenido original de un clásico para hacerle decir lo que no dice. Esta coproducción del Instituto Valenciano de Cultura con la Compañía Nacional de Teatro Clásico mejor hubiera hecho en orientarse hacia una representación fidedigna y veraz que hiciera justicia a un texto clásico que ha dado lugar recientemente a una ópera, un ballet, una película e incluso un juego de rol, por no hablar de sus varias subidas a las tablas. Porque al tiempo de esta excesiva feminización, la escenografía es inexistente; el vestuario, vulgar; la iluminación, discreta; y el protagonismo de una banda sonora a cargo del ‘beatbox’ (generación vocal de ritmos) Kike Gasu, francamente excesivo. Demasiada amplificación del sonido sobre todo en ese micrófono destemplado. Moviendo bancos se resuelve un trasiego de personajes que Charo Gil-Mascarell no consigue encarrilar, con coreografías tan brutales como las músicas que hacen de este Tirante apandillado un colega de aquellos célebres bacalaos de La Malvarrosa. No faltan escenas explícitas de sexo que estropean las refinadas alusiones del texto con masturbaciones y magreos variados.

Todo indica que estamos a un intento premeditado y precipitado de ‘rejuvenecer’ el Tirant sin posarse antes pausadamente en el original. De ofrecer una pieza ‘hard’ a la altura de un reparto juvenil en el que únicamente el emperador parece templado gracias a Sergio Suárez, un coro de voces que suena a cotidiano, sin solemnidad alguna; a televisivo, a demasiado desenfadado. Lucía Poveda hace lo que puede con esta Carmesina desubicada y a menudo se ve superada por los buenos momentos de sus tres compañeras femeninas, aunque esa viuda que hace Maribel Bayona sea de una juventud que resta credibilidad al personaje.

Más que su juventud es la notoria bisoñez del elenco la que impide en todo momento creerse lo que sucede en escena. Raúl Ferrando hace un muy blandito ‘condottiero’ y a Antonio Lafuente le pasa lo mismo con Diafebus. Definitivamente a los actores les perjudica su convencional aspecto más que a ellas, más cuidadas de apariencia. Se ha respetado la lengua del siglo XV, pero ‘esa música que nace de las palabras y construcciones antiguas que no estamos acostumbrados a escuchar’ -en palabras de Llorens- quizás hubiera ganado en exotismo e impacto en versión vernácula. Habiendo prescindido de las tres quintas partes del texto original, sigue resultando un tanto extensa. Y tiene un pre-prólogo desde un cuarto de hora antes de comenzar el espectáculo que es visual y sonoramente lo mejor del conjunto, junto a logros como la viuda-araña o el caballero a caballo que se anclan en la gran tradición fallera.

Hemos huido de la recreación literal o de la aproximación museística, y apostado por una dramaturgia juguetona y el teatro físico, dice responsabilizándose del resultado Roberto García en nombre del instituto valenciano, cuyo loable intento nos parece que se ha quedado a medio camino. Aunque no se la deba comparar con la gran producción de 2009 dirigida por Calixto Bieito o el anterior enorme espectáculo del Festival de Teatro y Música Medieval de Elche en 1998, si se podría hacerlo con la versión de la joven compañía del TNC de 2015. Pero no aportaría nada esencial ello si está dilucidando asistir o no asistir, el dilema principal en nuestras reseñas.

VALORACIÓN DEL ESPECTÁCULO (del 1 al 10)
Interés: 6
Adaptación: 7
Dirección: 6
Interpretación: 6
Escenografía: 5
Música: 5
Producción: 5
Programa de mano: 6
Documentación para los medios: 7

Teatro de la Comedia
Sala Tirso de Molina
Tirant
A partir de la novela Tirant lo Blanc de Joanot Martorell
Estreno en castellano
Del 20 de marzo al 31 de marzo de 2019

Adaptación y Traducción – Paula Llorens
Dirección – Eva Zapico

Ayudante de dirección – Iñaki Moral
Música y espacio sonoro – Kike Gasu
Diseño y realización de escenografía – Los reyes del Mambo
Movimiento escénico – Charo Gil-Mascarell
Iluminación – Ximo Olcina
Vestuario – María Poquet
Fotografía – Marcos Bañó

Reparto
Carmesina: Lucía Poveda
Estefanía: Mar Mandli
Plaerdemavida: Raquel Piera
Viuda Reposada: Maribel Bayona
Tirant: Raúl Ferrando
Emperador: Sergio Ibáñez
Diafebus : Antonio Lafuente
Beatbox: Kike Gasu
Coproducción del Instituto Valenciano de Cultura y la Compañía Nacional de Teatro Clásico
Duración del espectáculo: 1 hora y 45 minutos aproximadamente
Encuentro con el público: 28 de marzo.

Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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