Joselito, Marisol o Eduardo García han sido algunos de los máximos exponentes de este triste desenlace profesional

De niños prodigio al olvido absoluto

De niños prodigio al olvido absoluto
Eduardo García RS

La historia se repite como calcada; niños geniales, que la industria ‘usa y luego tira’. El mundo de la televisión, del cine o de la música puede ser, en ocasiones, muy cruel, y especialmente con los niños. Son muchos los jóvenes actores que empezaron cuando eran tan solo unos niños en el mundo de la ficción, y que, sin embargo, no consiguieron permanecer con el paso de los años en el mundo artístico. Durante una época, estos actores consiguen cotas de éxito impensables pero, al poco tiempo, se quedan de nuevo en el anonimato, y en muchas ocasiones, con una mochila muy complicada con la que cargar a su temprana edad, según recoge ABC y comparte Ivan Rastik para Periodista Digital.

Uno de los casos españoles más célebres es el de Joselito. El «pequeño ruiseñor». Nacido en 1943 en el seno de una familia de siete hermanos, había que alimentar a todos los hijos. Y, con solo cuatro años, todo el mundo se sorprendía con su calidad vocal. De bar en bar, iba ganando un pequeño dinero con el que ayudaba a la economía familiar. Por cosas de la vida, fue encontrado por un electricista que consiguió llevarle al programa radiofónico «Cabalgata fin de semana», momento en el que la fama le llegó.

Fue después de su aparición en la radio cuando consiguió que Cesáreo González, productor cinematográfico, le fichara con un buen contrato. Tras su brutal éxito en España en sus innumerables cintas, Joselito consiguió saltar a Hispanoamérica, momento en el que consiguió dar el salto a la popularidad internacional. Sin embargo, el éxito a ambos lados del Atlántico le sobrepasó. Ya no era pequeño y dejó de interesar a la industria del séptimo arte. La desesperación se apoderó de «el pequeño ruiseñor», que terminó siendo acusado de un delito de narcotráfico, estuvo encarcelado e, incluso, fue adicto a la heroína. Todo ello, al mismo tiempo que reconoció que su representante se aprovechó de su inocencia y le dejó al borde de la ruina.

De la mano del éxito de Joselito, el director de dichas cintas intentó replicar la fama del «pequeño ruiseñor» a través de otra inocente niña: Maleni Castro. Sin embargo, lejos de lo cosechado por el de Utiel, tan solo llegó a protagonizar tres películas. Para sorpresa de la propia artista, y gracias a su calidad vocal, Pedro Almodóvar decidió incluir una de las canciones de la joven dentro de la banda sonora de «Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón».

Pero quien si que vivió un éxito similar, o incluso superior, fue Marisol. Esa niña de mejillas sonrojadas no quería ser Marisol, sino simplemente Pepa Flores. De pelo rubio teñido para quedar mejor en pantalla, fue fichada por el productor Manuel Goyanes, y comenzó en 1960 en el mundo del cine. Los triunfos de Marisol se replicaban tema tras tema y cinta tras cinta. Arrasó en las listas de éxitos, y hasta sus discos llegaron a Japón e incluso viajó a Nueva York para intervenir en «El show de Ed Sullivan».

El estrés al que estaba sometida le provocó una úlcera de estómago con solo 15 años. Según crecía, su éxito no parecía mermar, pero poco a poco se fue volviendo más y más rebelde con la adolescencia. Todo ello provocaron que, poco a poco, fuera saliendo voluntariamente de la especie de prisión profesional en la que se encontraba encerrada. «Los años de mi niñez me hicieron vivir una vida monstruosa y vacía. Mi única amiga fue mi madre y los Goyanes la tenían metida en un cuarto trastero. Lo peor es que yo tenía conciencia de todo, porque me pagaban para mantener a los míos», llegó a asegurar en una entrevista.

Otro de los niños que bebieron del éxito fue Ángel Gómez Mateo, más conocido en su época como Angelito o Pachín. Nació en Bejar (Salamana) «accidentalmente», tal y como reconoció. Siendo muy pequeño, su voz le permitió tener acceso a los mejores escenarios de España y América, al mismo tiempo que estuvo dentro del mundo del cine durante toda una década. Pero en el momento en el que su voz empezó a crecer dejó de interesar al mundo del espectáculo, coincidiendo con la época en la que la pintura le empezó a atraer, profesión a la que se dedica en la actualidad.

Algo parecido le sucedió también a Pablito Calvo, actor que, en 1995 interpretó al protagonista en la cinta «Marcelino, pan y vino». Cuando Calvo llegó al cine tan solo tenía cinco años. El éxito de la cinta fue tal que se convirtió en una referencia infantil en la época, compartiendo el éxito con Joselito. En total rodó siete películas, pero la adolescencia le supuso el final de su carrera. El joven dejó de llamar la atención del espectador a medida que se desarrollaba, dejando la faceta interpretativa en el pasado. Entonces, decidió sumergirse en el mundo de la ingeniería industrial, al tiempo que empezó a regentar varios negocios en Torrevieja, localidad en la que se estableció con su mujer y su hijo en 1986.

Pero estos fenómenos de los niños prodigio no han sido cosa solo del pasado, sino que en el presente más reciente también hay varios casos. Una de las series que más éxito tuvieron durante los primeros años del siglo actual fue «Los Serrano». La historia de esta particular familia consiguió reunir ante la pantalla a los más grandes y los más jóvenes. Para ello, uno de los actores más jóvenes fue Jorge Jurado, que hacía las veces de Curro en la serie.

A sus diez años, comenzó a formar parte del elenco de «Los Serrano», serie de la que se retiró a los 15, momento en el que echaron el telón de fondo. Y, desde entonces, desapareció de la pequeña pantalla. Ha hecho algún que otro cameo puntual en alguna serie, la última «Centro médico», en la que hizo de paciente. Por ello, actualmente estudia Ingeniería Informática en Madrid.

Otro de los casos, con un desenlace no tan feliz, fue el de Eduardo García. Este actor llegó a la pequeña pantalla en 2002, en la serie «Un lugar en el mundo», pero tras su escaso éxito, recaló en «Aquí no hay quien viva». Su llegada en el mundo de la interpretación fue forzado por su familia, pero consiguió encandilar al público con su papel de Josemi. Con la marcha de la serie a Telecinco, también estuvo presente en las primeras seis temporadas de «La que se avecina».

Sin embargo, a su salida de la serie, quiso separarse del mundo de la televisión y de la fama, prefiriendo intentar cumplir uno de sus sueños: dedicarse profesionalmente al mundo de la música. El rap es su pasión, y es habitual verle en las redes sociales mostrando públicamente sus opiniones. Incluso, de hecho, se le ha podido ver consumiendo drogas, algo que sus seguidores de su etapa televisiva no se esperaban.

 

Autor

Ivan Rastik

Iván Rastik, personaje ruso de origen pero español de vocación, es el gran experto erótico-festivo de Periodista Digital.

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