ARGENTINA 1985: UNA PELÍCULA EXCELENTE

Ricardo Darín: «Nunca me ha gustado hacer personajes reales, acepté interpretar a Strassera por la necesidad de Santiago Mitre de contar este juicio»

Ganadora del Premio Fipresci de la Crítica Internacional  en el Festival de Venecia y del Premio del Público en el de San Sebastián, hoy, 30 de septiembre de 2022, llega a los cines la aclamada ARGENTINA 1985, la película sobre el histórico juicio a las Juntas (Militares) en aquél país que, además, es la elegida por dicha nación para representarla en los Oscar del próximo 23 de marzo de 2023. PERIODISTA DIGITAL habló en Venecia con su director, Santiago Mitre, y con sus protagonistas, Ricardo Darín, Peter Lanzani y Alejandra Flechner.

Hace 37 años y con Raúl Alfonsín en la Presidencia de Argentina, un equipo liderado por el fiscal Julio César Strassera (Ricardo Darín), y su adjunto, Luis Gabriel Moreno Ocampo (Peter Lanzani), consiguió sentar en el banquillo a nueve cargos militares de la dictadura argentina (1976-1983), entre ellos, a su líder, Jorge Rafael Videla. Utilizando como fundamento de la prueba el informe elaborado por la CONADEP (la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas), entre cuyos miembros figuraba el escritor Ernesto Sábato, la Fiscalía acusó a esos nueve comandantes que habían ejercido el mando en esas tres Juntas de ordenar torturas sistemáticas y de haber hecho desaparecer a 9.000 personas. Era la primera vez en la historia que un tribunal civil de un país juzgaba a sus propios mandos militares por sus actos.

Estos son los hechos, y lo que ARGENTINA 1985, de Santiago Mitre, narra de una forma magnífica, entretenida, clásica, con una intriga que va in crescendo y hasta con pinceladas de humor es cómo se llevó a cabo todo ese proceso.

En la rueda de prensa del Festival de Venecia, quien esto escribe preguntó a Ricardo Darín qué recordaba de aquella época, si conoció a alguna víctima directa de esos crímenes y cómo se reprime la rabia.

Posteriormente, parte del equipo del film (los actores Ricardo Darín, Peter Lanzani, Alejandra Lechner y el director Santiago Mitre) atendió en el Club de Tenis de Venecia a PERIODISTA DIGITAL.  ¿El estado de ánimo general? Todos ellos, contentísimos.

ARGENTINA 1985 fue recibida con ovaciones y, por ahora, ya ha sido premiada en los Festivales de Venecia y de San Sebastián, se proyectará estos días en los de Zurich y Londres, y ya es la candidata por su país para representarlo en los Oscar en la categoría de MEJOR PELÍCULA INTERNACIONAL.

Ricardo Darín, felicidades. Qué peliculón. Y qué excelente interpretación. 

Muchas gracias (sonríe)

¿Por qué quiso interpretar al fiscal Strassera? Según Santiago Mitre, durante una cena  él le contó la idea de esta película y usted le dijo: “Yo quiero ser Strassera” ¿Es un personaje soñado para un actor?

RICARDO DARÍN: No, no. Eso es lo que dice él. Lo que me contó fue su idea y su necesidad y deseo de contar esta historia, la del Juicio a las Juntas, y a eso me subí yo. Después, por supuesto, por una cuestión generacional, yo encajaba con Strassera. Podría haber hecho de su adjunto, Moreno Ocampo… hoy (ríe). Pero hacer de Strassera (que murió en febrero de 2015 y que durante el juicio tenía 52 años) no fue un deseo especial; al contrario. Yo nunca fui amigo de la idea de hacer personajes reales, de personas que hayan existido. Nunca me gustó. Rechacé diez proyectos por ese motivo. Por eso digo que lo recuerdo muy bien; tengo muy buena memoria. Lo que me contó fue la historia del Juicio a las Juntas, y yo le dije: “Sí. Me parece importante, impactante, y  depende de cómo sea el guion”. Y cuando leí la primera versión, le dije: “Sí, contá conmigo, lo hago”.

¿Y cómo ve usted a Strassera?

Ahora, después de haber investigado y de haber tratado de acercarnos a las historias personales de ambos personajes, Strassera y Moreno Ocampo, creo que el momento en el que la película muestra a Strassera es un periodo en el que su autoestima está muy abajo. Por diferentes motivos, pero, básicamente, porque ya era grande (mayor), y venía trabajando en la Justicia desde hacía mucho tiempo. Durante la dictadura no había podido hacer todo lo que hubiera querido, y eso le llevaba a tener un peso en su conciencia. La película tiene la inteligencia de poner sobre la mesa esas contradicciones, que en ningún momento esquiva. Y eso me parece bueno. Creo que a los espectadores lo que nos gusta es ver ese arco de crecimiento de su autoestima a medida que, junto a su equipo, empieza a encontrar herramientas para llevar adelante el juicio. Y eso tiene mucho que ver con la idea de Moreno Ocampo de incorporar al equipo a gente joven, sin experiencia, y desintoxicada del pasado. Porque ese es el primer problema con el que Strassera y Moreno Ocampo se encuentran a la hora de armar el equipo. Había mucha gente que, por distintas razones, se negó a formar parte del equipo de la Fiscalía. Gente muy prestigiosa. Hay nombres que no damos en ARGENTINA 1985, pero que se conocen. Es una combinación de ambas cosas. La irrupción de la gente joven junto a la propuesta de Moreno Ocampo de hacer que la ciudadanía estuviera al tanto de lo que estaba ocurriendo, porque ahí es donde el juicio iba a cambiar, y el hecho de que Strassera aceptara abrirse al percatarse del cambio.

¿Cómo construyó el personaje? Al principio no parece fiarse de su adjunto. 

Cuando me enteré con la investigación de que Strassera era un hombre que tenía un sentido del humor ácido, áspero, y de los chistes y bromas que permanentemente hacía dentro de su equipo, me interesó mucho ese rasgo de él, y descubrí, descubrimos, que eso lo hacía muy interesante. Gracias a eso, algunos momentos de la película están desacralizados y rebajan la tensión, porque permiten este juego de equilibrio entre Strassera y su adjunto y un intercambio de poder en su relación. Al principio Strassera muestra su falta de aceptación por el nuevo integrante hasta que nota que este tiene una buena idea, y entonces lo acepta.

Así que tenía un sentido del humor peculiar. 

Sí, un humor muy raro, porque cuando empezaron a reclutar a gente joven, un día entró a la oficina de la Fiscalía con una pistola de juguete, pero con cebitas de esas de explotar (bolitas de papel con fragmentos de explosivo que simulan disparos, perdigones de fogueo).  Disparó un par de tiros, y todos los chicos se tiraron al suelo. Entonces dijo: “Ninguno de ustedes sirve para hacer este juicio”. (Risas). Hacía esas cosas. Por eso le decían El Loco. Se disfrazaba para ver si lo reconocían… Hacía cosas muy locas. Lo que tenía entre manos era algo muy pesado, y el tipo se la pasaba haciendo bromas para quitar tensión.

Esta es una gran película, pero, mientras uno rueda… ¿ya sabe si va a ser buena o no? La verdad es que, en su caso, ha hecho pocas malas…

No, no. Hice varias malas. Pero mientras ruedas no lo sabes; no exactamente. Cuando tenés un guion sólido, y nosotros lo tuvimos porque nos entusiasmó desde el principio, hay un ánimo de pensar: “Esto puede ser muy bueno”. Después, por experiencia, sabes que depende de la realización, de cómo se hagan esas cosas, porque yo he visto muy buenos guiones destrozados por una mala realización. Y he visto buenas películas con un guion no tan bueno, pero muy bien realizadas. Todos lo hemos visto. Cuando se produce el milagro de que con un buen guion, con buenos actores como mi compañero Peter Lanzani, con todos en armonía, con la realización acorde y no demasiado pretenciosa, porque a veces las realizaciones pretenciosas tapan una buena película, con esos directores que se ponen por delante de la historia y de los actores, y que uno se pregunta: “¿Qué estará haciendo?”, palpitas que va bien.  En fin,  cuando se produce ese milagro, esa combinación, no inmediatamente, pero, después de las dos o tres primeras semanas de rodaje, uno empieza a sentir un cosquilleo de: “Hmmm. Qué bueno es lo que estamos haciendo”.

ARGENTINA 1985

ARGENTINA 1985

Usted también es uno de los productores.  Junto a Amazon Studios.

Sí (sonríe), y de hecho, aunque no lo fuera, yo soy de los que chequeo todas las tomas, veo en el rack (la caja metálica), y voy viendo cómo van las cosas. Eso me gusta. Y  si hay todo eso, como decía, uno empieza a palpitar que las cosas están saliendo bien, pero, en realidad, la reescritura final de una película es la edición, el montaje. Ahí todo puede crecer o se puede empobrecer. Medio segundo de más o de menos en una toma puede perjudicar o beneficiar una actuación y una escena. Es una cuestión de feeling, de timing, y en eso Santiago (Mitre) es muy bueno.

¿Siente el peso de ser un actor tan elogiado? Usted no parece pecar de ego. 

No.  Todo depende de cómo se relaciona uno con los demás, y no importa cuál sea tu trabajo, tu oficio. Hay gente que con muy poco se siente demasiado y hay otros que no, que se lo toman con más naturalidad y se relacionan bien con la gente. Yo pretendo estar más en ese segundo grupo. Nosotros tenemos frases en Argentina muy descriptivas, pero son un poco groseras. Decimos: “Hay gente que come pan y eructa pollo”. Y esos nunca me cayeron bien.

¿Cómo ha sido verse en la premiere de Venecia? Una ovación de nueve minutos…

Increíble. Y era la primera vez que la veíamos con público. No parábamos de llorar. Fue impresionante. Y la gente se reía con cosas que yo pensaba: “What?” Fue muy bueno, maravilloso.

Santiago Mitre, ¿hay algún hecho biográfico por el que quisiera contar esta historia?

Mi madre ha trabajado en el departamento de Justicia toda su vida y en el 85 era joven y conocía a Strassera. Me contó muchas cosas sobre él, así que yo ya sabía de su carácter loco por mi madre, y sí, creo que esa es la primera semilla, el germen de esta película. También mi admiración hacia los que llevaron a cabo el juicio del 85 y todo lo que había oído acerca de eso y de Strassera. Yo ya había pensado que podía ser un buen personaje para una película, y muchos años después empecé a escribirlo.

Ya dirigió a Darín en La Cordillera. ¿Qué es lo que más le impresiona de él?

A Ricardo le admiro desde siempre. Le he visto en trabajos increíbles muchísimas veces. Siempre quise trabajar con él, y tuve la suerte de que aceptó La Cordillera, y, desde entonces, nos hemos hecho amigos habituales. Él es el productor, así que la hicimos juntos, discutimos el guion y me encanta como socio. Incluso más que como actor, ahora que le conozco más.

La película tiene un ritmo perfecto. ¿Cómo es usted como director? ¿Hace muchas tomas, deja parte a la improvisación, se sale del guion o no deja cambiar ni una coma? 

Yo soy guionista (el coguionista es el también director Mariano Llinás)  y llevo siéndolo años, así que trabajo en el guion y ahí es donde imprimo el tempo y la velocidad de los diálogos y de la escena. Noto cuándo funciona en el guion, por eso cuando voy al rodaje y les doy el guion a los actores, les dejo hacer lo que quieran.  Pero los guiones son buenos, así que no necesitan cambiar mucho (ríe). Y no hago muchas tomas. Solo las necesarias, sin demasiadas repeticiones.

La mayoría de las escenas transcurren en interiores. ¿Quería imprimir mucha claustrofobia o hay algún otro motivo?

Puedo ser sincero o…

¿Farolear?

Sí (ríe). Seré sincero. Es en interiores, además de porque es una película de juicios y los personajes necesitan lograr una misión casi imposible, porque todo el rato están con la investigación en un estado de ánimo claustrofóbico, y siempre están o en la oficina o en el juicio. Pero también porque es más barato (ríe). Sobre todo, al ser una película de época (ambientada en 1985).

En la película usted recrea especialmente dos intervenciones: el alegato final de Strassera, que finaliza afirmando “Señores jueces: quiero renunciar expresamente a toda pretensión de originalidad para cerrar esta requisitoria. Quiero utilizar una frase que no me pertenece, porque pertenece ya a todo el pueblo argentino. Señores jueces: «Nunca más». y el de la víctima y testigo Adriana Calvo de Laborde, que fue secuestrada y dio a luz en un coche con los ojos vendados y atada con las manos en la espalda. ¿Por qué eligió ese testimonio entre los muchos que hubo?

Hay algunas partes del juicio que están en la memoria colectiva del país, y esas dos intervenciones lo están. El alegato final de Strassera es fundamental. Y el testimonio de Adriana Calvo de Laborde fue importantísimo porque en la primera semana del juicio declararon políticos y otras personas, pero Adriana fue la primera superviviente que declaró, abrió el juicio, y cuando se habla de este proceso, todo el mundo se acuerda de ella. Lo volví a ver, y era tan dura y tan perfecta en el modo en el que se planta ante los jueces y cuenta lo ocurrido que casi no podía editarlo. Lo edité, claro, ya que ese día habló durante tres horas, pero era lo suficientemente poderoso para convertirse en la columna vertebral de todos los testimonios. Quería que la película incluyera ambos discursos y que fueran lo más largos posibles.

ALEJANDRA LECHNER, usted interpreta a la mujer de Strassera. ¿Qué recuerda de ese juicio de ocho meses que comenzó en Buenos Aires el 22 de abril y cuya sentencia se dictó el 9 de diciembre de 1985? Tengo entendido que estaba abierto al público en general, pero no fue televisado hasta 1998, trece años más tarde, y sin sonido. Hoy se pueden ver muchos extractos en YOuTube. 

Sí. En 1985 yo era muy joven, tenía 22 o 23 años. El momento del juicio fue muy fuerte, no solo por el hecho de enjuiciar a los militares, sino porque también fue un espejo hacia dentro de la sociedad. Yo viví la dictadura siendo una adolescente, sabiendo que sucedían cosas y que no se entendían bien porque estaban sistemáticamente pensadas para que uno no pudiera entender lo que estaba pasando, salvo los que estuvieran directamente relacionados con una militancia política. Pero la mayoría de la sociedad acababa de leer lo que estaba pasando y algunos parecía que no se enteraban de nada. Por eso el sentimiento actual de la mayoría de la sociedad argentina es que la democracia es intocable.

Cristina Kirchner acaba de sufrir un intento de asesinato. 

Sí, es algo absolutamente repudiable y me resulta muy sorprendente que haya sucedido. Estamos muy “shockeados”. Nunca sucedió un hecho así en nuestro país.

Por último, Peter Lanzani, felicidades. Interpreta al fiscal adjunto.  Usted es muy joven, pero, para preparar el papel, ¿habló con alguna víctima directa? 

No, pero sí leí muchos testimonios. Quería saber bien lo que pasó y sentía un compromiso porque era importante lo que estábamos contando. He intentado empatizar con el dolor que hubo, y que sigue habiendo,  y mostrar esa empatía de la mejor manera posible en la película. Los testimonios que aparecen son reales. Los pronuncian testigos que se ponían a declarar frente a jueces cuando ya estábamos en democracia, pero aún seguía habiendo gente que tenía mucho poder y los seguían amenazando. Todo era muy difícil y muy crudo, y por eso se opta por dar mucha información, pero sin contar quiénes iban.

Gracias, Ricardo Darín, Santiago Mitre, Peter Lanzani, Alejandra Lechner.

Gracias por todo y por tu tiempo.

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