Una película dura, sobria y sin alaracas, muestra una red de espías secretos sirios que no se conocen entre ellos y tienen una lista de torturadores y asesinos proclibes a Bashar al-Ásad que tienen que descubrir y detener o ejecutar.
Una dirección correcta que mantiene la tensión en todo momento y un guion notable de Jonathan Millet, basado en una historia real, dan al largo una atmósfera creíble, ayudado por un buen plantel de actores, especialmente Adam Bessa.
El único problema es que el ritmo es exageradamente lento, con planos y secuencias demasiado largas, lo que supone bajones de interés difíciles de comprender.
En todo caso, un buen film para ver a partir del 7 de febrero.
3 ★★★

