Hoy tiene lugar en el mundo El “Día Mundial del Teatro” conmemorando así, anualmente desde el 27 de marzo desde 1961, esta fecha instaurada por el “Instituto Internacional del Teatro” (ITI) con el apoyo de la Unesco, buscando promover el teatro en todas sus modos y formas alrededor del mundo.
Este hecho al celebrarlo consecutivamente durante 65 años, damos con ello, gracias al gran esfuerzo y pasión que hicieron los griegos que crearon el teatro con el propósito de potenciar el valor del mismo como medio para el entendimiento y la paz entre las naciones, reflejando los ideales y objetivos de la Unesco en cuanto a cultura, educación y arte.
El 27 de marzo de 1962 tuvo lugar la conmemoración de la apertura de la temporada 1962 del “Teatro de las Naciones” en París, un evento que simbolizó el espíritu de colaboración y unidad mundial en las “Artes Escénicas”.
Desde su comienzo se ha convertido en un evento anual significativo para la comunidad teatral global, este día invita a reflexionar sobre el impacto del teatro en la “cultura de paz”. Este mensaje, escrito cada año por una figura prominente del teatro, se traduce a más de 50 idiomas y se comparte ampliamente en teatros, escuelas y medios de comunicación.
En España durante muchos años, los autores vivos como Mihura, Alonso Millán Alfonso Paso, Gustavo Pérez Puig, y empresarios como Enrique Cornejo entre otros y multitud de actores y actrices así, como regidores, utilleros y demás personas implicadas con su trabajo en el teatro.
Nos reuníamos en el Paseo del Prado cerca del Café Gijón las 9 de la mañana, delante de la estatua del dramaturgo José Ortega y Gasset, haciendo por parte de alguno de los presentes la lectura del texto e imponiendo una bufanda blanca y al pie, un ramo de flores Ese día desde 1962 en Paris, Jean Coeteau comenzó la referencia del día Mundial del teatro.
No vamos a detallar todos los famosos personajes que han sido anualmente elegidos para realizar su escrito y lectura del mensaje, pero no podemos dejar de detallar que al año siguiente fue el estadounidense Arthur Miller y al siguiente Laurence Oliver. España, tuvo que esperar a 1987 para que nuestro autor Antonio Gala tuviera la oportunidad de hacer el escrito. El pasado año, tuvo el orgullo de hacerlo el griego Theodoros Terzopoulos.
La elección de este año con Willem Dafoe, nos deja a todos un poco sorprendidos, no por el hecho de que no merezca dicha actuación, sino por el desconocimiento que algunos (yo incluido) teníamos hasta este momento de Willem Dafoe. Sin embargo podemos decir que Willem nació en Appleton, Wisconsin (1955) y es Uno de los ocho hijos del cirujano William Alfred Dafoe y su esposa Muriel Isabel Sprissler, enfermera nativa de Boston. En la secundaria, adquirió el apodo Willem, que es la versión holandesa del nombre William. Estudió arte dramático en la Universidad de Wisconsin–Milwaukee; luego formó parte del grupo avant-garde.
Es conocido por sus diversos papeles en el cine, ha recibido varios galardones, incluida la Copa Volpi al Mejor Actor, así como nominaciones a cuatro Premios de la Academia, un Premio BAFTA y cuatro Premios Globo de Oro. Ha colaborado frecuentemente con los cineastas Paul Schrader, Abel Ferrara, Lars von Trier, Julian Schnabel, Wes Anderson y Robert Eggers.
Después de hacer una gira con Theatre X y Emil Aguilera durante cuatro años en Estados Unidos y Europa, se mudó a la ciudad de Nueva York y se unió al “Performance Group”, donde conoció a la directora Elizabeth Le Compte, ambos formaron parte de la reestructuración del “Performance Group”, se volvieron colaboradores profesionales además de miembros fundadores de la compañía de teatro experimental,“The Wooster Group” y obtuvo su primera nominación al Premio de la Academia por el drama de guerra Platoon (1986), seguido de La sombra del vampiro (2000), el drama independiente The Florida Project (2017) y la película biográfica At Eternity’s Gate (2018).Obtuvo elogios por sus papeles de Jesucristo en La última tentación de Cristo (1988) y del agente del FBI Alan Ward en Mississippi Burning (1988).

Willem Dafoe
Dada por hecho una interesante pero breve biografía de Willem Dafoe, pasamos al escrito que hoy 27 de marzo en el mundo entero del teatro se leerá y quedará como una de las 66 epístolas existentes sobre el mundo de Talía.
“Soy actor, conocido principalmente como actor de cine, pero mis raíces están profundamente arraigadas en el teatro. Fui miembro de The Wooster Group de 1977 a 2003, creando e interpretando piezas originales en The Performing Garage, en Nueva York y realizando giras por todo el mundo. También he trabajado con Richard Foreman, Robert Wilson y Romeo Castellucci. Actualmente soy el director Artístico del Departamento de Teatro de La Biennale di Venezia. Este nombramiento, los acontecimientos mundiales y mi deseo de regresar al quehacer teatral han reforzado mi convicción en el poder positivo y único del teatro y su importancia.
En los humildes comienzos de mi etapa en “The Wooster Group”, la compañía con sede en Nueva York, solíamos recibir muy poco público en algunas de nuestras funciones. La regla era que, si había más intérpretes que espectadores, podíamos optar por cancelar. Pero nunca lo hicimos. Muchos de los miembros no estaban formados en artes escénicas, sino que provenían de distintas disciplinas que se reunían para hacer teatro; así que, “el espectáculo debe continuar” no era realmente nuestro lema. Sin embargo, sentíamos la obligación de mantener ese encuentro con el público. Con frecuencia ensayábamos durante el día y por la noche presentábamos el material como trabajo en proceso.
A veces dedicábamos años a una obra mientras nos sosteníamos con giras de producciones anteriores. Trabajar durante años en una pieza podía volverse tedioso para mí, y los ensayos me resultaban a veces extenuantes; pero esas presentaciones de trabajos en proceso siempre eran estimulantes, incluso cuando el público reducido parecía un juicio contundente sobre el nivel de interés en lo que estábamos haciendo.
Eso me hizo comprender que, sin importar cuán pocas personas hubiera, el público, como testigo, le daba al teatro su significado y vida. Como dice el letrero en una sala de apuestas: “hay que estar presente para ganar”. La experiencia compartida en tiempo real de un acto de creación, que siempre es diferente, aunque siga una pauta y diseño, sin duda es la fuerza más evidente del teatro. Social y políticamente, el teatro nunca ha sido tan importante y vital para la comprensión de nosotros mismos y del mundo.
El “elefante en la habitación” son las nuevas tecnologías y las redes sociales, que prometen conexión, pero aparentemente han fragmentado y aislado a las personas. Uso mi computadora a diario, aunque no tengo redes sociales; incluso he buscado mi nombre en internet como actor y también he consultado la inteligencia artificial para obtener información. Pero habría que estar ciego para no reconocer que el contacto humano corre el riesgo de ser reemplazado por relaciones con dispositivos. Aunque cierta tecnología puede ser útil, el problema de no saber quién está al otro lado del círculo de comunicación es profundo y contribuye a una crisis de verdad y realidad. Si bien el internet puede plantear preguntas, rara vez capta ese sentido de asombro que el teatro crea. Un asombro basado en la atención, el compromiso y una comunidad espontánea de quienes están presentes en un círculo de acción y respuesta. Como actor y creador teatral, sigo creyendo en el poder del teatro.
En un mundo que parece volverse cada vez más divisivo, controlador y violento, nuestro desafío como creadores teatrales es evitar que el teatro se corrompa reduciéndose únicamente a una empresa comercial dedicada al entretenimiento como distracción, o que se convierta en un mero preservador institucional de tradiciones. Más bien, debemos fomentar su fuerza para conectar pueblos, comunidades y culturas y, sobre todo, para cuestionar hacia dónde nos dirigimos… El gran teatro consiste en desafiar nuestra manera de pensar y alentarnos a imaginar aquello a lo que aspiramos”. Willem Dafoe.
