Con Asesinato en la Tercera Planta, una comedia en clave de suspense, el director de cine francés Rémi Bezançon homenajea a Alfred Hitchcock y convierte a un matrimonio parisino en sagaz espía de su vecino. En su charla con PERIODISTA DIGITAL, el realizador relata los entresijos de su nuevo film, ya en la cartelera española.
Texto: GLORIA SCOLA
El 13 de agosto de 1962, día en el que Alfred Hitchcock cumplía 63 años, el director francés Francois Truffaut comenzaba una larguísima entrevista con el maestro del suspense que daría pie a uno de los libros de cine más famosos de la historia: El cine según Hitchcock.
Ahora, en pleno siglo XXI y con la Inteligencia Artificial rondando por todas partes (también en el Séptimo Arte), otro cineasta galo, Rémi Bezançon, recupera el cine de Hitchcock en forma de homenaje. Un homenaje fresco y plagado de referencias que convierte la experiencia también también en un divertido test de cine.
En Asesinato en la Tercera Planta, protagonizada por Gilles Lellouche y Laetitia Casta, un matrimonio burgués- él, escritor de novelas a lo Ágatha Christie pero con espadachines, y ella, profesora de análisis fílmico en la Sorbona experta en Hitchcock-, sospecha que su vecino ha matado a su mujer. Como en La Ventana Indiscreta, desde la ventana de su casa pueden ver (casi) todo lo que ocurre en la de su vecino, y todo apunta a que allí se ha cometido un crimen.
Intriga, investigación, humor, y, por supuesto, el suspense recuperado de Hitchcock.
Enhorabuena. ¿Es usted un admirador de Alfred Hitchcock?
Gracias. Sí, me gusta mucho Hitchcock, y, sobre todo, es un recuerdo de la infancia. Ahora ya no veo sus películas con tanta frecuencia.
¿Y cómo surgió la idea del guion?
Como digo, Hitchcock es un gran maestro, y las nuevas generaciones no tienen muchas posibilidades de ver sus películas porque ni las proyectan en las salas de cine ni es fácil encontrarlas en las plataformas. Muchos jóvenes no saben quién es Alfred Hitchcock, no lo conocen, así que también es una manera de darlo a conocer.
Eso es cierto. Cuando yo era pequeña, ponían sus películas constantemente en la tele, y ahora mucha gente joven no sabe quién es. Truffaut fue uno de los que consideró a Hitchcock un maestro del suspense, un autor, más que un director comercial.
Sí, y gracias a él, Hitchcock tuvo su “lettre de noblesse”, como decimos en francés. Su carta de nobleza, su reconocimiento oficial. Con el libro El cine según Hitchcock adquirió su estatus de maestro.
¿Y cómo surgió la idea de la historia, y por qué centrada en una experta en Hitchcock?
Porque era una oportunidad de hablar del cine negro, del thriller, del suspense, como hacía Hitchcock, y hacer una meta película. Hay una escena en la que Gilles Lellouche está en su piso, y tenemos a Hitchcock describiendo todo lo que está pasando.
¿Pero la idea se le ocurrió viendo una de sus películas en la tele, o cómo?
No, lo de Hitchcock llegó mucho más tarde. Cuando estaba escribiendo el guion, quería contar la historia de una pareja que se dispone a investigar A partir de eso, añadí el cine de Hitchcock. También a Shakespeare, con Hamlet (la obra que el vecino actor representa en el teatro), y muchas cosas más. Poco a poco fue tomando cuerpo, pero al principio no estaba previsto. Era la historia de una pareja y su camino a la reconquista.
Es usted un excelente director de actores. Gilles Lellouche, Laetitia Casta y Guillaume Galliene (el vecino), están fenomenal. ¿Cómo es usted como director? ¿Duro, les deja a su aire, le gusta hacer muchas tomas, improvisar? Hitchcock no se salía ni una palabra del guion.
Es verdad. Hitchcock no dejaba lugar a la improvisación. Yo hago todo lo posible para que el actor esté contento desde el momento en el que llega al plató. Los actores funcionan mejor si están contentos. Y eso es lo que procuro. Tratarlos con delicadeza y dirigirlos como si les hiciera una caricia.
¿Pero dando órdenes muy concretas, o, al contrario, como Woody Allen, que no les dice nada, no les da indicaciones?
No sabía que Woody Allen dirigiera así. Yo doy indicaciones muy precisas, pero con cuentagotas.
Por cierto, que Asesinato en la Tercera Planta también me recuerda a Misterioso asesinato en Manhattan, de Woody Allen, y a En la casa, de François Ozon. La complicidad de un matrimonio que comienza a investigar un caso, y se une más.
Sí. Desde luego Misterioso Asesinato en Manhattan es una inspiración, más que el propio Hitchcock. Ese es el tipo de película que quería hacer. Y si te fijas, el personaje del marido viste igual que Woody Allen, con chaleco y pantalón de pana.
Dice que Woody Allen le influye incluso más que Hitchcock. ¿Qué otros directores le inspiran?
Hay varios de distintos estilos. De Sergio Leone me encanta su forma de contar historias. De Woody Allen, su comedia inteligente. De Spielberg, su concepto de la historia, su narrativa. De Kubrick, su manera de dirigir.
Gilles Lellouche, a quien usted ya dirigió en Un amor de altura (2005), acaba de presentar en el Festival de Cine de Cannes dos películas: la inaugural, fuera de competición, La Venus Eléctrica, y en competición, Moulin, del húngaro Laszlo Nemes, sobre el líder de la resistencia francesa contra los nazis Jean Moulin. ¿Qué opina del Festival de Cannes?
No lo he seguido mucho, pero siempre van los mismos, y a veces hay películas muy largas, muy pretenciosas. No hay mucho espacio para la comedia, y eso es una pena.
Hay de todo, pero en la era de las plataformas y de los vimeos (películas con un código de acceso privado en la web), con un público que ve las películas en su casa ¿considera necesaria la existencia de Cannes y de los festivales de cine en general o han perdido importancia y su razón de ser?
El Festival de Cannes es magnífico. Es bueno, es interesante, la gente se reúne. Hablamos de Cannes, de la alfombra roja, de los artistas, y el mercado del Festival de Cine de Cannes es el mercado de cine más importante del mundo. Es interesante ver películas procedentes del mundo entero, de todos los países, y descubrir cosas. Los festivales de cine se hacen para eso: para conocer gente, hacer contactos, y descubrir películas.
En Asesinato en la Tercera Planta ella hace un cuestionario al vecino de enfrente y le pregunta sobre su película favorita de Hitchcock. Ella dice que es Vértigo, y el potencial asesino contesta que Con la muerte en los talones. ¿Cuál es su película favorita de Hitchcock?
Yo, como el vecino (ríe). Con la muerte en los talones. Me encanta. De pequeño la vi muchísimas veces. Y también de mayor. Es una búsqueda constante. Es perfecta. Te ríes. Es genial. También me gusta mucho Vértigo (en España titulada De entre los muertos), La ventana indiscreta, Psicosis, Encadenados. Otras han envejecido peor, como Los pájaros.
Qué curioso. No sabía que en francés también se llamara Con la muerte en los talones (La mort aux trousses, literalmente La muerte en las cartucheras, pero significa pegada a ti, en los talones). En inglés es North By NorthWest (Norte por el noroeste), un rumbo que no existe en una brújula, y que, según le explicó Hitchcock al director Peter Bogdanovich, lo que indicaba era el viaje descontrolado de Cary Grant a lo largo de toda la película.
Sí. En Francia y en España tuvimos al mismo traductor (ríe).
Este es su octavo largometraje, creo, tras El peor año de tu vida, La biblioteca de los libros olvidados… ¿Por qué quiso ser director de cine? ¿Viene de una familia artística?
No, mi familia no tiene nada que ver con el cine, y de hecho, mi padre no quería que me dedicara a esto. Yo quise ser director porque me encanta contar historias y me di cuenta de que, como me gusta escribir, la imagen y la música, este era el medio que más me ayudaba a expresar lo que quería. Así podía canalizarlo todo.
¿Fue a una escuela de cine?
Sí, a la Escuela Superior de Dirección en París.
¿Y le sirvió para algo? Algunos dicen que es clave; otros, que se aprende haciendo.
Sí, y es verdad que se aprende haciendo. De hecho, en la escuela empiezas a conocer a gente que quiere hacer lo mismo que tú, así que ya no te sientes solo. Y también el cine es un oficio en el que hay muchas cosas que aprender.
En su film, el vecino recita a Hamlet, y a Gilles Lellouche le parece un tostón. También hay un homenaje a Ernst Lubitsch con su comedia Ser o no ser.
Sí, (ríe). Es una referencia directa. Me gusta mucho.
Como Spielberg y como Scorsese, es usted muy cinéfilo.
No sé si cinéfilo, pero sí cinéfago. Devoro las películas.
¿Y qué conoce o le gusta del cine español?
Almodóvar y el director de As Bestas (Rodrigo Sorogoyen). Me encanta ese director.
¿Y del cine francés?
Jacques Audiard (Un profeta), Michel Hazanavicious (The Artist), Gaspar Noé (Irreversible). Y de los que ya no están, Claude Sautet (Borsalino), y Jean Renoir (La regla del juego, La gran ilusión).
¿La Nouvelle Vague está sobrevalorada?
A mí no me gusta. Y creo que ha envejecido mal. De la misma época que Truffaut (Los 400 golpes), o Jean-Luc Godard (Al final de la escapada), son Claude Sautet y Jean Renoir, para mí, mucho más interesantes.
Este año en Cannes se ha presentado un documental en el que se utiliza Inteligencia Artificial. Es John Lennon: The Last Interview, de Steven Soderbergh. ¿Qué le parece la utilización de la inteligencia artificial en el cine?
Bueno, actualmente es como el lejano oeste, territorio comanche. Habrá que regularlo. Todo es posible, pero está la cuestión de los derechos de autor. Además, la Inteligencia Artificial no funciona sin inteligencia normal. No funciona cuando se alimenta de la propia inteligencia artificial.
¿La creatividad e inteligencia humanas siempre serán necesarias y no suplantadas por la IA, especialmente en el cine?
No lo sé, veremos. Mira a Kubrick. No lo sé. Todavía no estamos en Terminator. ¿Las máquinas ostentarán el poder, como los monos en El planeta de los simios, y acabarán con los seres humanos? No lo sé. No hemos llegado a eso.
Deme, por favor, un top cinco de películas de la historia del cine.
Los siete samuráis, de Akira Kurosawa; Ciudadano Kane, de Orson Welles; El ejército de las sombras, de Jean-Pierre Melville; alguna de Kubrick… El Resplandor; y una italiana… 8 y medio, de Federico Fellini.
¿Dirigir o escribir?
Escribir es lo que más me gusta. Lo haces estando solo, así que todo es posible. En cambio, cuando diriges, mira lo que dijo Kubrick (“Es como escribir Guerra y Paz en un auto de choque”). Pues eso. No sabes para dónde van ni lo que va a pasar.
Anímese y haga una película en España, en Madrid.
¡Me encanta Madrid! El museo del Prado es fantástico. Fui a la Facultad del Louvre, y adoro el arte y los museos. Y en Barcelona he rodado mucha publicidad. Anuncios para bancos, coches… Se parece a París, pero con sol. Pero prefiero Madrid.
¿Está de acuerdo con la explicación de Hitchcock de cómo se crea el suspense? Sale en su película.
Sí, por supuesto. La historia de la bomba y si el público sabe o no sabe de su existencia. El suspense versus la sorpresa. La sorpresa dura diez segundos; el suspense puede durar muchísimo más. Y Hitchcock prefiere el suspense a la sorpresa.
Por último, me hace mucha gracia la frase del vecino en su contexto: “Me apellido Kerbec, un apellido bretón. Los bretones aprendemos a atar antes que a andar”.
¡Sí! Porque son marinos, y aprenden a hacer nudos antes que a caminar.
Gracias y mucha suerte.
Muchas gracias.
