Grandes pintores arropando a Balenciaga

Grandes pintores arropando a Balenciaga

El Museo Thyssen potencia a Cristóbal Balenciaga como ‘el diseñador de moda más admirado e influyente de todos los tiempos’, rodeando noventa de sus lujosos trajes femeninos con cuadros de los grandes pintores españoles de los últimos cuatro siglos. Hubo un tiempo que los maniquíes de época completaban las exposiciones de maestros de la pintura. Ahora ocurre lo contrario: ¿está justificado?

Los grandes nombres de la pintura fueron la inspiración del modisto vasco y ahora podemos contemplar en qué medida. Eloy Martínez de la Pera ha seleccionado para la ocasión noventa piezas de indumentaria procedentes del Cristóbal Balenciaga Museo de Getaria, el Museo del Traje de Madrid y el Museu del Disseny de Barcelona, así como de colecciones particulares nacionales e internacionales, y los cuadros proceden de museos, fundaciones y colecciones privadas, con notable presencia de El Greco, Zurbarán, Goya, y otros nombres ilustres de la pintura española

Al parecer, las referencias al arte y la cultura española estuvieron siempre presentes en el trabajo de Cristóbal Balenciaga. Las líneas simples y minimalistas de los hábitos religiosos o el volumen arquitectónico de estos tejidos son una constante en muchas de sus piezas. El aire de la bata de cola de una bailaora flamenca que se deja ver en los volantes de algunos vestidos, los brillos del traje de luces de un torero trasladados con maestría al ‘paillette’ bordado de una chaqueta bolero, o la estética de la indumentaria en la corte de los Austrias reflejada en las negras telas aterciopeladas adornadas con azabache de sus creaciones, son solo algunos ejemplos. Balenciaga revisaba continuamente la historia del arte y, con su fuerte personalidad y estilo, mantuvo esas influencias hasta en su periodo más vanguardista, recuperando hechuras históricas y reinterpretándolas de manera moderna.

El recorrido por las salas establece conexiones deslumbrantes entre el ropaje de los retratos y los vestidos de las maniquíes, modelos exclusivos del siglo XX vinculados a distintos pintores clásicos. Conexiones basadas en elementos conceptuales, en formas y volúmenes, en complicidades cromáticas, que elaboran un estético diálogo entre moda y pintura, entre la creatividad del genial modisto y sus fuentes de inspiración. Esta presentación permite además revisar el arte desde una mirada diferente, poniendo la atención sobre los pintores como creadores y transmisores de moda, y como maestros en la representación de telas, texturas, pliegues y volúmenes. El espacio expositivo rinde homenaje al negro, uno de los colores fetiche del diseñador, y a su figura como “arquitecto de la alta costura”, denominación que se ha perpetuado hasta nuestros días por la importancia de la línea y de las formas puras en sus diseños, y por muchos de sus grandes hitos como la línea barril, el semientallado, las faldas balón, la túnica, el vestido saco o el baby doll, para concluir a finales de los 60 en la abstracción.

‘Un buen modisto debe ser arquitecto para los patrones, escultor para la forma, pintor para los dibujos, músico para la armonía y filósofo para la medida.’ dicen que dijo Balenciaga, nacido en Getaria (Guipúzcoa) en 1895, hijo de un pescador y de una costurera. Siendo niño, se inició en el oficio de la mano de su madre, que cosía para destacadas familias de la zona, entre ellos, los marqueses de Casa Torres, que pasaban los veranos en un palacio Aldamar de esa localidad. Fue allí donde el joven Cristóbal entró en contacto con el gusto de la élite aristocrática y donde pudo admirar trajes y telas de las mejores sastrerías y tiendas de moda y tejidos de Londres y París. Fue ahí también donde tuvo ocasión de contemplar y disfrutar de la magnífica colección de arte que poseían los marqueses y de su extensa biblioteca. Esta excelente introducción al mundo de la moda y del arte, unida a su extraordinaria sensibilidad, fue lo que sin duda le llevó a dedicar su vida al diseño de atuendos y vestimentas desde fecha muy temprana.

En aquel palacio había cuadros de Velázquez, El Greco, Pantoja de la Cruz o Goya, entre otros maestros de la pintura española, y de su admiración por estos pintores comenzó a forjarse su particular imaginario estético. Entre los siglos XVI y XVIII, muchas innovaciones técnicas y estilísticas en la indumentaria, como las medias de seda, la gola, el corsé o el jubón, surgieron en España. Los sastres españoles fueron famosos en aquella época por la precisión en el corte y la línea de sus trajes. En 1939, Balenciaga se inspiró directamente en Velázquez para el diseño de su vestido Infanta, una reinterpretación moderna de los trajes con los que el pintor retrató a la infanta Margarita de Austria y que el diseñador presentó ese mismo año en París. Tres años antes, en 1936 y como consecuencia del estallido de la guerra civil en España, Balenciaga se había trasladado a la capital francesa. Se encontraba ya en una etapa de plena madurez creativa, tras haber fundado en las décadas anteriores establecimientos de moda en San Sebastián, Madrid y Barcelona y contar entre su clientela con la alta sociedad y la Familia Real españolas. En agosto de 1937 abrió su taller en la avenida George V de París. Las creaciones de Balenciaga en estos años estaban impregnadas del contexto cultural de su país de origen, convirtiendo este periodo en todo un homenaje a la estética de ‘lo español’.

Muy pronto se consagró como uno de los diseñadores más influyentes del panorama internacional. En París entró en contacto con una clientela cosmopolita y empezó a llamar también la atención de los medios de comunicación de todo el mundo que lo encumbraron como el “rey de la alta costura”. Tenía predilección por los tejidos con peso, que enriquecía con bordados hechos a mano, pedrería o lentejuelas. Sin apenas cortes ni costuras, creaba vestidos de formas rectas o redondeadas, dando a sus prendas un acabado perfecto, casi escultórico. Su sentido de la proporción y la medida, el manejo de la técnica y búsqueda de la excelencia le reportaron la admiración de sus colegas contemporáneos -como Christian Dior, que lo consideró “el maestro de todos nosotros”, o Coco Chanel, que lo calificó como “el único auténtico couturier”-; y en su taller o con sus consejos se formaron algunos de los diseñadores más importantes del siglo XX como Hubert de Givenchy, Emanuel Ungaro, Óscar de la Renta o Paco Rabanne.

Basadas en la comodidad, la pureza de líneas, la reinterpretación de la tradición española y el desarrollo de volúmenes innovadores, sus creaciones marcaron la moda de las décadas centrales del siglo XX, hasta 1968, cuando la alta costura empieza a perder peso frente al prêt-à-porter, momento en el que decide retirarse. Balenciaga se instala de nuevo en España y, cuatro años más tarde, acepta un último encargo: el vestido de novia de Carmen Martínez-Bordiú, una de las creaciones incluidas en la exposición. Ese mismo año, en marzo de 1972, fallece en la localidad de Jávea a causa de un infarto.

Lo cuenta tan bien el dossier preparado para los medios que le cedemos gustosamente la palabra. La exposición empieza con un apartado dedicado a la pintura que Balenciaga pudo admirar en su juventud, en el palacete de los marqueses de Casa Torres, y que se convirtió en motor de inspiración desde sus inicios. Tres de los cuadros reunidos en la sala, procedentes del Museo Nacional del Prado, formaron parte de esa colección: una Cabeza de apóstol de Velázquez, un San Sebastián de El Greco y El cardenal Luis María de Borbón y Vallabriga de Goya, este último en diálogo con un magnífico conjunto de chaqueta y vestido en color rojo del Museo del Traje de Madrid. A destacar también el ‘duelo’ entre un espectacular traje de noche y capelina, en gazar de seda azul, y el manto del mismo color de la Inmaculada Concepción de Murillo de la Colección Arango, o el famoso modelo Infanta antes mencionado, prestado por el Museo del Traje de Madrid.

La siguiente sala está dedicada a la influencia de El Greco y comienza con un abrigo de noche en terciopelo de seda negra, cuyo cuello fruncido nos remite a la forma de la gola, como la que luce a su lado el caballero retratado por el cretense hacia 1586. Le siguen varias obras de tema religioso a las que acompaña un conjunto de vestidos cuyo intenso colorido, en rosas, amarillos, verdes o azules, parece surgir de la misma paleta cromática, la luminosidad y los matices con los que El Greco pintó mantos y vestidos de Vírgenes, ángeles y santos, al tiempo que sus formas y volúmenes, llenos de movimiento, se repiten igualmente en algunas de las más bellas creaciones del diseñador.

La corte de Felipe II puso de moda en toda Europa el uso del negro para su indumentaria, manteniéndose a lo largo del tiempo como símbolo de poder y elegancia y convirtiéndose en uno de los arquetipos de la identidad española. El negro ha fascinado siempre en el mundo de la moda por su fuerte poder visual y simbólico, y Balenciaga supo reinterpretarlo de forma muy personal. Lo dotó de una luz especial, ampliando la línea abierta por Chanel en 1926 con su ‘little black dress’, e incorporándolo definitivamente en la modernidad del diseño internacional de la primera mitad del siglo XX. Así fue reconocido por la crítica especializada, como la revista Harper’s Bazaar que, en 1938, destacó: “… aquí el negro es tan negro que te golpea. Grueso negro español, casi aterciopelado, como una noche sin estrellas, que hace que el resto de los negros parezcan casi gris.” El blanco y negro del Retrato de la VI condesa de Miranda encuentra su eco en un espectacular vestido de noche en satén combinando negro y marfil; lo mismo que el conjunto de vestidos de noche que acompañan en la sala a retratos de corte como el de La reina Isabel de Valois, tercera esposa de Felipe II, de Juan Pantoja de la Cruz, o el de doña Juana de Austria, princesa de Portugal, de Sánchez Coello.

Las flores han sido uno de los temas más recurrentes de la historia de la pintura y fuente de inspiración para artistas de todas las épocas. Cuando llega a París, Balenciaga entra en contacto con los más destacados creadores de tejidos y artesanos de la estampación, así como de botones, flores o plumas que convirtió en remates de lujo para sus creaciones. Magníficos vestidos con diseños florales, como un abrigo de noche en organza de seda con aplicaciones de flores, o un vestido rosa con tul bordado con hilos de Argel, lucen en este apartado en todo su esplendor acompañados de una selección de bodegones de pintores españoles como Juan de Arellano, Gabriel de la Corte o Benito Espinós.

Balenciaga poseía una colección de indumentaria histórica que incluía numerosas piezas de origen español caracterizadas por su riqueza ornamental, confeccionadas en ricos encajes y guipures, profusamente bordadas y adornadas con abalorios. Inspirándose en estos y en otros referentes, el modisto vasco incorporó el bordado en muchas de sus creaciones y contó para su elaboración con los mejores proveedores del momento. Piezas destacadas en este capítulo son el vestido de ceremonia de la colección de María de las Nieves Mora y Aragón, emparejado en la sala con un retrato de Ana de Austria, de Alonso Sánchez Coello, o el vestido de novia en chantung de color marfil con bordado de hilos de plata cuya línea se repite en el traje de Isabel de Borbón, esposa de Felipe IV, en el retrato pintado por Rodrigo de Villandrando.

Considerado por muchos como uno de los primeros diseñadores de moda, Zurbarán destaca por su maestría en la representación de los tejidos y el movimiento de las telas en sus pinturas. La inspiración de Balenciaga en los volúmenes, pliegues y texturas de los escultóricos vestidos creados por el pintor extremeño para sus santas mártires se hace evidente al contemplar juntas las creaciones de ambos artistas. Lo mismo ocurre con el conjunto de vestidos de novia reunidos en esta sala -entre ellos el de Fabiola de Mora y Aragón para su boda con el rey Balduino de Bélgica-, en un duelo de blancos, formas y texturas con los hábitos de los frailes inmortalizados por Zurbarán. Son piezas realizadas con tejidos rígidos con los que crea nuevas y favorecedoras siluetas de formas geométricas.

Tules y encajes, línea imperio, aire ‘goyesco’… Otro de los pintores clave en el imaginario del diseñador español fue sin duda Francisco de Goya, y no solo por la estética de los vestidos y complementos que lucen sus modelos, sino también por su manejo del color y su manera de transformar las formas en manchas tonales, que en las creaciones de Balenciaga se traduce en acertadas armonías cromáticas. El vestido de noche blanco con muselina, perlas y lentejuelas y el retrato de La marquesa de Lazán, de la Fundación Casa de Alba, o el vestido de noche en satén verde claro con perlas y abalorios y el cuadro La reina María Luisa con tontillo, son algunos de los emparejamientos destacados en esta sección.

La vida cotidiana de Getaria y del San Sebastián de su juventud y, en definitiva, de la estética regional y la indumentaria popular de la España de finales del siglo XIX y comienzos del XX, formaron parte del universo visual y conceptual que Balenciaga trasladaría más tarde a sus diseños. Una identidad de lo español que se encontraba en las pinturas de la escuela costumbrista del XIX, o en la obra de artistas contemporáneos como Ignacio Zuloaga, a quien frecuentó en sus años en San Sebastián. La tradicional capa castellana presente en muchos de los cuadros del artista vasco, así como la estética taurina, formaban parte de ese mundo que Balenciaga había vivido en primera persona. Los ejemplos reunidos en la sala son múltiples: un vestido de cóctel, en tafetán de seda fucsia con tiras bordadas de algodón, cuyos volúmenes repiten modelos como el de La bailaora Josefa Vargas en un cuadro de Antonio María Esquivel; una chaqueta corta de noche en terciopelo de seda con el mismo ‘aire torero’ que la que luce Julia, retratada por Ramón Casas en un cuadro de la Colección Carmen Thyssen-Bornemisza, o el vestido de noche abullonado en tafetán rojo, cuya línea se asemeja al de María del Rosario de Silva y Gurtubay, duquesa de Alba, en un retrato de Zuloaga, son solo algunos de ellos.

Una exposición exquisitamente planteada, de enorme impacto visual y de excepcional refinamiento estético. Una muestra, al mismo tiempo, de decadente sumisión al lujo de la élite, que abunda en el culto a los floripondios de las aristócratas como objeto de deseo y admiración de las mujeres de las clases medias. Un espectáculo de distinción en un mundo de uniformidad masiva. Puede ser denostada con razones tan poderosas como las que llevan a rendirla pleitesía. Los museos hace tiempo que se abrieron a las artes decorativas y las técnicas de diseño. Pronto llegarán a sus salas -por qué no- las estrellas de la cocina y del espectáculo. Forman parte destacada de las potentes industrias del entretenimiento de las masas que después de rebelarse disfrutan ahora de su aparente predominio.

Aproximación a la exposición (del 1 al 10)
Interés: 8
Despliegue: 9
Comisariado: 9
Catálogo: 8
Folleto explicativo: 9

Museo Nacional Thyssen-Bornemisza
Balenciaga y la pintura española
Del 18 de junio al 22 de septiembre de 2019
Comisario: Eloy Martínez de la Pera
Comisaria técnica: Paula Luengo, conservadora de exposiciones del Museo.
Número de obras: 55 pinturas y 90 piezas de indumentaria
Publicaciones: Catálogo, edición en español e inglés; publicación digital en la app gratuita Quiosco Thyssen para tabletas y smartphones, en español e inglés
Patrocinio: Con la colaboración de Herbert Smith Freehills y Las Rozas Village

INFORMACIÓN PRÁCTICA MUSEO NACIONAL THYSSEN-BORNEMISZA:
Dirección: Paseo del Prado 8. 28014, Madrid. Horario: de martes a domingo, de 10 a 19 horas; sábados, de 10 a 21 horas. Horario de verano, del 28 de junio al 31 de agosto: de martes a domingo de 10 a 21 horas. Domingos de 10 a 19 h. Lunes cerrado. Último pase una hora antes del cierre.
Tarifas: Entrada única: Colección permanente y exposiciones temporales: – Entrada general: 13 € – Entrada reducida: 9 € para mayores de 65 años, pensionistas y estudiantes previa acreditación – Entrada grupos (a partir de 7): 11 € por persona Entrada gratuita: menores de 18 años, ciudadanos en situación legal de desempleo, personas con discapacidad, familias numerosas, personal docente en activo y titulares del Carné Joven y Carné Joven Europeo
Venta anticipada de entradas en taquillas, en la web del museo y en el 917 911 370 Audio-guía, disponible en varios idiomas
Más información: www.museothyssen.org

Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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