MIRADAS AFINES

Afinidades entre disputas: Velázquez, Rembrandt y los demás

Afinidades entre disputas: Velázquez, Rembrandt y los demás
Miradas afines - Museo del Prado

El Prado apuesta este verano por mostrar las miradas afines de pintores españoles y holandeses del siglo XVII, las de Velázquez, El Greco, Ribera o Murillo con las de Rembrandt, Vermeer, Hals o Brugghen.

Una estética común por encima de geografías y banderías.

La rebelión de las diecisiete provincias de los Países Bajos contra el imperio español duró ochenta años (1568-1648) y terminó con su independencia. Mientras se desarrollaba entre altibajos, los pintores holandeses y españoles cumplían sus encargos con miradas afines y técnicas semejantes. La pintura holandesa compartía rasgos fundamentales con la realizada en los territorios de la Monarquía de la que se independizó. Es esta la tesis de la exposición, el que tanto en la capital del imperio español como en sus posesiones europeas los gustos pictóricos eran parecidos en aquellos lejanos tiempos.

No hay duda de ello, aunque resulten excesivas las afirmaciones de que ‘El Prado rompe con el nacionalismo en el arte’ o que estamos ante un ‘alegato en favor de la cultura europea’. Entre otras cosas porque la exposición no viajará a Amsterdam a pesar de que de allí proceden el mayor número, unas 24, del total de obras expuestas.

Esta exposición invita al público visitante a comparar entre sí a algunos de los pintores más admirados de Europa en aquella época. Alejandro Vergara, Jefe de Conservación de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte del Museo, ha reunido 72 obras procedentes del Prado, el Rijksmuseum y 15 prestadores más – el museo Mauritshuis de La Haya, la National Gallery de Londres o el Metropolitan de Nueva York, entre otros-, para que reflexionemos sobre la relación entre las tradiciones pictóricas de España y los Países Bajos.

La historiografía artística las ha considerado divergentes, pero la exposición subraya los numerosos rasgos que las unen, aunque otras veces se haya hecho hincapié en lo contrario, la religiosidad exptrema de la nuestra y la laicidad dominante de la suya.

Nos dicen desde el Prado que durante mucho tiempo ha parecido lógico pensar que el arte realizado en diversas partes del continente era muy distinto: que Velázquez, por ejemplo, es “muy español” y Rembrandt “muy holandés”. Pero que esta apreciación parte de la desmedida influencia que la sensibilidad y la ideología nacionalistas de los siglos XIX y XX han tenido en nuestra forma de entender el arte. Los estudiosos de esa época concedieron gran importancia a lo que cada nación tenía de diferente, y se extendió la idea de que esas diferencias se manifestaban en el arte. Ese punto de vista minimiza los rasgos comunes que comparten los artistas europeos.

El caso de la pintura española y holandesa del siglo XVII es sintomático. Separadas por una guerra, su arte se ha interpretado tradicionalmente como contrapuesto. Sin embargo, el legado de la pintura flamenca e italiana, cuya influencia define toda la pintura europea, se interpretó de forma similar tanto en España como en Holanda. En ambos países se desarrolló en el siglo XVII una estética alejada del idealismo e interesada por la apariencia real de las cosas y la forma de representarla. Los artistas cuyas obras se muestran en esta exposición no expresan en ellas la esencia de sus naciones, sino que dan voz a ideas y planteamientos que compartían con una comunidad supranacional de creadores. Y citan a Ortega, a don José Ortega y Gasset, que al parecer también dijo entre tantas cosas que dijo: ‘La unidad de la pintura de Occidente es uno de los grandes hechos que hacen manifiesta la unidad de la cultura europea’.

En 1568 se iniciaron una serie de revueltas en los antiguos Países Bajos contra el rey de España, Felipe II. Las rebeliones, lideradas por la nobleza local y encabezadas por Guillermo de Orange, dieron origen a la Guerra de los Ochenta Años (1568-1648). De ella surgieron dos territorios, precedentes de los actuales reinos de Bélgica y de los Países Bajos. El segundo, que solemos denominar Holanda, es el que nos ocupa en esta exposición. Algunos cuadros pintados allí y en España en el siglo XVII trataron el conflicto, generalmente con intención propagandística. Entre ellos se encuentran La rendición de Breda, de Velázquez (h. 1634, Museo del Prado), y La ronda de noche, de Rembrandt (1642, Rijksmuseum). El nacimiento del nuevo país llevó a muchos historiadores a insistir en su excepcionalidad, y a afirmar que esta se manifestaba en su pintura. Sin negar sus peculiaridades, la pintura holandesa comparte rasgos fundamentales con la realizada en los territorios de la Monarquía de la que se independizó.

Los visitantes podrán comparar el autorretrato de Carel Fabritius de 1645 con el retrato de Jerónimo de Cevallos de El Greco de 1613. Los respectivos Demócrito que pintaron Hendrick ter Brugghen en 1628 y José de Ribera en 1630. El Menipo de Diego Velázquez de 1638 con el autorretrato de Rembrandt van Rijn de 1661 caracterizado como el apóstol san Pablo, así como Retrato de un hombre (1635) de Frans Hals con El bufón el Primo (1644) de Diego Velázquez, o su Marte de 1638 con Mujer bañándose en un arroyo (1654) de Rembrandt. Miradas afines, pinceles afines, rostros afines y hasta indumentarias afines. Y entre tantos rostros con gola, dos pequeñas vistas de edificios: la del jardín de la Villa Medici en Roma que pintara Velázquez en 1630 junto a la de varias casas de la localidad de Delft, un cuadro titulado La callejuela que Johannes Vermeer terminó en 1658. Y algunas maravillas como la lección de anatomía que inmortalizara Pietersz en el mismo inicio de aquel Siglo de Oro.

Y descubriendo lo mucho que Francisco Pacheco se parece a Bartholomeus Jansz van Assendelft -pintados por Velázquez y Valckert entre 1617 y 1620- aunque el uno viviera en Madrid y el otro en Amsterdam, el visitante recorrerá los cinco espacios en que se divide la muestra:

ÁMBITO 1 IMAGEN, MODA Y PINTURA EN ESPAÑA Y LOS PAÍSES BAJOS

Desde finales del siglo XVI hasta finales del XVII las élites de España y los Países Bajos (el país que solemos denominar Holanda) vistieron de forma similar, más incluso que otros pueblos europeos. La preferencia por el color negro era una herencia del gusto de la prestigiosa casa ducal de Borgoña, que gobernaría tanto España como los antiguos Países Bajos en las personas de Felipe el Hermoso, Carlos V y Felipe II. Posiblemente por ello, esa moda perduró en España y Holanda hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XVII, mientras que en el resto del continente perdió vigencia a partir de la década de 1630.

Sobre la realidad de la vestimenta utilizada por los contemporáneos los pintores crearon las ficciones que constituyen sus retratos. No solo la ropa, sino también las posiciones de las figuras, sus gestos y los complementos que las acompañan, son similares en los retratos holandeses y españoles. Ello se debe a que la tipología del retrato en ambos países se desarrolló a partir de modelos comunes creados en los siglos XV y XVI en Italia y en lo que entonces se conocía como Flandes (la actual Bélgica).

ÁMBITO 2 FICCIONES REALISTAS

Los pintores españoles y holandeses del siglo XVII compartieron su afán por humanizar los asuntos que pintaron. Los dioses, santos o sabios antiguos que aparecen en sus obras son personas de rasgos comunes, que visten ropajes humildes y habitan espacios de aspecto cotidiano.

El realismo de la pintura holandesa y española fue parte de una corriente internacional que surgió como alternativa al idealismo renacentista en los últimos años del siglo XVI. Mientras que en Italia, Francia y otros lugares esta tendencia cedió pronto, en la década de 1620, en España y Holanda pervivió hasta bien entrada la segunda mitad del siglo. Esa es la principal razón de la afinidad que existe entre muchos pintores españoles y holandeses. En todo caso, el término “realismo” es equívoco. Lo que la pintura pone ante nuestros ojos es una transformación de la realidad, no una transcripción. Ni Velázquez, ni Rembrandt, ni Vermeer pintaron sencillamente lo que veían. Aunque se esforzaron por conseguir que lo representado pareciese próximo, lo que nos ofrecen sus cuadros es arte, no realidad.

ÁMBITO 3 PINTURA DE NATURALEZAS MUERTAS EN ESPAÑA Y LOS PAÍSES BAJOS

Numerosos escritores en España y los Países Bajos (el territorio que solemos denominar Holanda) han manifestado su orgullo por las naturalezas muertas o bodegones que en el siglo XVII pintaron Francisco de Zurbarán, Pieter Claesz y otros artistas. Este género pictórico surgió a finales del siglo XVI a partir de un sustrato cultural común a toda Europa, y se desarrolló simultáneamente en España, Francia, Italia, los Países Bajos del sur y del norte, y otros lugares.

Es tradición que los historiadores se fijen en las características locales de la pintura de naturalezas muertas. Simon Schama ha afirmado que las realizadas en los Países Bajos muestran la “habilidad holandesa para crear mucho con poco”. Sin embargo, la austeridad y el cuidado en la ejecución caracterizan a muchas naturalezas muertas, no solo a las holandesas. Y lo mismo puede decirse de otro tipo de bodegones, que expresan el cada vez más extendido gusto por el lujo. Las afinidades y diferencias de las naturalezas muertas europeas dependen menos del origen geográfico de sus autores que de su interés por diferentes corrientes estéticas y del momento en el que se realizaron.

ÁMBITO 4 CONTACTOS DIRECTOS ENTRE ARTISTAS Y MECENAS DE ESPAÑA Y LOS PAÍSES BAJOS

En otras secciones de esta exposición se reflexiona sobre la cultura artística que compartieron los pintores holandeses y españoles del siglo XVII. Aquí se muestran tres casos en los que existieron contactos directos entre artistas y coleccionistas de esa misma procedencia.

Algunas fuentes afirman que Gerard ter Borch (1617-1681) viajó a España y que retrató a Felipe IV. Sabemos con seguridad que trabajó para el conde de Peñaranda en Münster, cuando este encabezó la delegación española que firmó el fin de la Guerra de los Ochenta Años entre España y Holanda.

Bartolomé Esteban Murillo (1618-1682) pintó algunas escenas de jóvenes humildes y traviesos, influido por cuadros holandeses que conoció gracias a comerciantes de ese origen que residían en Sevilla.

Hacia 1633-41 el rey Felipe IV encargó un conjunto de cerca de 45 paisajes para decorar el palacio del Buen Retiro de Madrid a artistas que trabajaban en Roma. Entre ellos se encontraban tres holandeses: Herman van Swanevelt (1603-1655), Jan Asselijn (h. 1610-1652) y Jan Both (h. 1618/22-1652), de quien se muestran aquí dos cuadros.

ÁMBITO 5 “PINTAR A GOLPES DE PINCEL GROSEROS”

Muchos pintores españoles y holandeses del siglo XVII comparten una técnica de pincelada suelta y aspecto abocetado, que deja muy a la vista en la superficie de los cuadros las huellas de su creación –un crítico español de la época la describió como “pintar a golpes de pincel groseros”.

Esta forma de trabajar era heredera del arte de Tiziano y otros venecianos del siglo XVI, y transgredía las normas anteriores, que favorecían una técnica más descriptiva y de aspecto más “suave y pulido”. La influencia de la pintura veneciana perduró en España y Holanda mucho más que en otros centros artísticos del continente. La técnica pictórica de los artistas cuyas obras se muestran en esta sección demuestran que los rasgos que comparten son, al menos, tan importantes como sus diferencias.

En fin, no puede sorprender que en Sevilla y Amsterdam, aun en plena guerra secesionista, formando parte como formaban de la monarquía hispánica se pintara parecido y se viviera de forma semejante. Como hoy no sorprende la ausencia de diferencias pictóricas o sociales entre vascos, catalanes y andaluces a pesar de los procesos separatistas en marcha. Sin embargo, aquella secesión triunfó; veremos qué ocurre con esta separación.

  • Aproximación a la exposición (del 1 al 10)
    Interés: 8
    Despliegue: 9
    Comisariado: 9
    Catálogo: 8
    Folleto explicativo: 9

Museo Nacional del Prado, edificio Jerónimos. Salas A y B.
“Velázquez, Rembrandt, Vermeer. Miradas afines”
25 de junio – 29 de septiembre de 2019
Comisario: Alejandro Vergara.
Organizada: Museo Nacional del Prado con el patrocinio de la Fundación AXA
Catálogo 252 páginas, 27,5 x 22 cm. Rústica en castellano PVP: 30 euros

ACTIVIDADES COMPLEMENTARIAS Información en www.museodelprado.es

-Claves.- Charlas didácticas sobre la exposición para facilitar al público la visita autónoma a la misma, proporcionándole las claves esenciales para apreciar y comprender mejor las obras que forman parte de la muestra.
Julio, agosto, septiembre Jueves a las 11.00 y 17.00 h
Auditorio. Acceso libre para los visitantes del Museo.

-Concierto del día de la música.- El grupo musical Vandalia se centra en el repertorio del Cancionero de la Sablonara, un manuscrito copiado en Madrid hacia 1626 como regalo para Wolfgang Wilhelm, Conde Palatino de Neoburgo. El volumen contiene romances y letrillas de los principales poetas del Siglo de Oro, como Lope de Vega, Luis de Góngora o Francisco de Quevedo. La música pertenece a los compositores más destacados de la monarquía hispana, especialmente Mateo Romero, último maestro procedente de los Países Bajos, y Juan Blas de Castro, de quien Lope dijo que “es un ángel en la tierra”. Se trata de una de las colecciones musicales más importantes del siglo XVII, que sin embargo apenas es interpretada actualmente debido a su dificultad técnica y expresiva.
21 de junio a las 19.00 h. Auditorio. Precio: 12 euros Venta de entradas on-line del 3 al 16 de junio. Venta de entradas en las taquillas del Museo a partir del 17 de junio. Las entradas con reducción en el precio se podrán adquirir en las taquillas del Museo el mismo día del concierto.

Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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