Tetsuya Ishida, autorretrato en los otros

Tetsuya Ishida, autorretrato en los otros

Hay una exposición en el medio del Parque del Retiro madrileño que puede ser más desoladora que los calores del estío. Es la de las obras del artista japonés Tetsuya Ishida (1973–2005). Pero es una desolación enigmática que refrescará su mente en esta canícula. Surrealismo figurativo, pesadillas realistas. La sorpresa artística de este verano.

Es la primera gran retrospectiva que se realiza fuera de Japón de un artista de culto en su país, que en su corta vida -32 años y apenas una década pintando- reflejó con incisiva lucidez la angustia y el desconcierto de la denominada “generación perdida” japonesa por la acelerada occidentalización y modernización de su sociedad tradicional seguida de una tremenda recesión a comienzos de los años noventa del pasado siglo. Sus pinturas, dibujos y cuadernos son un testimonio excepcional del malestar y la alienación del sujeto contemporáneo, de una deshumanización descontrolada que él simboliza en una fantástica galería de personajes híbridos y máquinas antropomorfas cargada de soledad y aislamiento, una profunda crisis de identidad en la que muchos se sienten simple pieza intercambiable de un complejo engranaje al servicio de la producción y el consumo.

La muestra reúne una selección de 70 pinturas y dibujos realizados entre 1996 y 2004, representativos de las obsesiones y del particular universo estético del artista. Ishida es uno y todos sus melancólicos personajes, de rostros semejantes sino idénticos, inmersos en escenas de alienación. En 1999 escribió: ‘Intenté reflejarme a mí mismo –mi fragilidad, mi tristeza, mi ansiedad– como una broma o algo divertido sobre lo que reír. Transformarme en objeto de risa, o de más tristeza. A veces era visto como una parodia o sátira de la gente contemporánea. Me expandí para incluir a los consumidores, los especuladores, los trabajadores y los japoneses. Las figuras del cuadro se expandieron’.

Posiblemente la fuerza de su realismo pictórico radica en su capacidad para conectar con el espectador sin necesidad de filtros: la crudeza con que el artista interpela el presente nos devuelve una sensación de impotencia compartida, interpreta correctamente el equipo del Reina. La imaginería del salary man designa al trabajador de traje y corbata que dedica su vida a la firma que lo emplea. El apático trabajador que protagoniza la acerada crítica de Ishida ha sucumbido con resignación a sus sueños y esperanzas. Al igual que los personajes de muchas producciones manga y anime, el artista utiliza la caricatura para mostrar al empleado adoctrinado que acata, sin derecho a réplica, su función instrumental en el engranaje productivo.

El espacio central del Palacio de Velázquez resume la temática de la alienación a través de la figura recurrente del empleado que ha perdido toda conexión con el producto fruto de su trabajo. Berutokonbea jo no hito (Cinta transportadora de personas, 1996) refleja, por ejemplo, los procesos de transformación de la cadena fordista de trabajo mientras que en Kaishu (Retirado, 1998) el cuerpo troceado y empaquetado parece reducir su condición a la de un producto cualquiera cuyo tiempo de vida útil está marcado desde origen por la fecha de caducidad, En Toyota jido sha Ipsum (Toyota Ipsum, 1996) Ishida retrata al arquetipo del trabajador que se compromete en cuerpo y alma con la filosofía empresarial de la empresa para la que trabaja. En estas tres obras, así como en otras situadas a la derecha del Palacio despliega su amarga sátira social, mirando con pesimismo el resultado del milagro económico nipón de la posguerra.

Durante el periodo gris provocado por el estallido de la burbuja financiera a principios de los años 90, la economía experimentó un decrecimiento y reestructuración integral urgida por su adaptación a la automatización robótica, al tiempo que la fuerza de trabajo emigraba al sector de los servicios, alcanzándose una tasa de desempleo hasta entonces desconocida. La temática del trabajo se complementa en la obra de Ishida con su obsesión por el cuerpo enfermo y por el deterioro causado por la vida laboral, temática que con el tiempo, fue tomando fuerza en su trabajo tornándolo más sombrío. El cuerpo infectado (Sin título, 2004) y las atmósferas acuosas y malsanas hicieron su aparición en obras como Taieki (Fluidos corporales, 2004).

La zona a la izquierda del Palacio muestra sus inicios en torno a la escuela, la infancia y la adolescencia como primeros momentos de instrumentalización social y cultural del sujeto; la escuela como espacio reglado de domesticación y control son evidentes en pinturas como Mebae (Despertar, 1998) o Shujin (Prisionero, 1999). Al igual que con los empleados clonados, la uniformidad de los rostros de los estudiantes simboliza la falta de individualidad, la existencia de un único molde para conseguir individuos repetidos. La creciente tendencia de la población más joven hacia la introspección en Japón ha derivado en la dramática expansión del síndrome del hikikomori, el encierro voluntario de muchos adolescentes que, inmersos en universos virtuales, eligen una existencia vegetativa al margen de la sociedad, algo que refleja Ishida en obras como Dango-mushi no suimin (Cochinilla durmiendo, 1995) o Onshitsu (Invernadero, 2003).

Ishida fue un verso suelto en el panorama artístico del cambio de siglo, que llegó cargado de presagios utópicos y catastrofistas, y se ha quedado en más de lo mismo en espera siempre de un nuevo paradigma superador que no termina de surgir. Tenía algo importante que decir y lo dijo de la forma más sencilla posible, para que todos pudieran entenderlo. Al margen completamente de las tendencias dominantes -conceptualismo balbuceante, simplonería críticona, partidismo mental- no pudo superar su pesimismo opresivo y ese nihilismo asfixiante que le llevó a un suicidio del que muy educadamente nadie hablará.

Aproximación a la exposición (del 1 al 10)
Interés: 9
Despliegue: 8
Comisariado: 9
Catálogo: 9
Folleto explicativo: 9

Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía
Palacio de Velázquez, Parque del Retiro
‘Tetsuya Ishida. Autorretrato de otro’
12 abril – 8 septiembre, 2019
Con la colaboración de Halsted A&A Foundation en Wrightwood 659, Chicago
COMISARIADO: Teresa Velázquez
COORDINACIÓN: Suset Sánchez
ITINERANCIA: Wrightwood 659, Chicago, EE.UU. (3 octubre-14 diciembre 2019).

Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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