Las coplas de Jorge Manrique en una monumental cantata

Las coplas de Jorge Manrique en una monumental cantata
Presentación en León en marzo pasado (no disponibles imágenes de Madrid)

Las ‘Coplas que hizo don Jorge Manrique a la muerte del maestre de Santiago don Rodrigo Manrique su padre’ son una obra fundamental de la literatura española y han tenido muchas versiones musicales. Pero la que compuso Amancio Prada hace una década presentada ayer en versión sinfónica es una impresionante cantata, música clásica contemporánea de la máxima sensibilidad y trascendencia.

El poeta castellano del Prerrenacimiento Jorge Manrique (c. 1440-1479) asumió por completo la línea de actuación política y militar de su poderosa familia, combatió a los musulmanes, participó en el levantamiento de los nobles contra Enrique IV de Castilla, e intervino en las intrigas y luchas en torno a la subida al trono de los Reyes Católicos, a favor de Isabel I y contra Juana la Beltraneja. Se casó en 1470 con la joven hermana de su madrastra, doña Guiomar de Castañeda. Su obra poética no es extensa, apenas unas 40 composiciones. Su padre, Rodrigo Manrique, conde de Paredes de Nava, fue uno de los castellanos más influyentes de su época y murió víctima de un tumor en el rostro. La familia de los Manrique de Lara era una de las más antiguas familias nobles de España y poseía algunos de los títulos más importantes de Castilla, como el Ducado de Nájera, el Condado de Treviño y el Marquesado de Aguilar de Campoo, así como varios cargos eclesiásticos.

A los 24 años don Jorge participó en el asedio al castillo de Montizón (Villamanrique, Ciudad Real), donde ganó fama y prestigio como guerrero. En una escaramuza cercana al castillo de Garcimuñoz en Cuenca fue herido de muerte en 1479, probablemente hacia la primavera. Señor de Belmontejo de la Sierra, comendador del castillo de Montizón, miembro del Consejo de los Trece de la Orden de Santiago, duque de Montalvo y capitán de Castilla, fue más guerrero que escritor, aunque uno de los primeros en reflejar el paso del idioma castellano desde la Corte y los monasterios al habla cotidiana.

El padre falleció en noviembre de 1476, y el hijo compuso esta elegía funeral o ‘planto’ (endecha culta) como una reflexión sobre la fugacidad de la vida y el poder igualatorio de la muerte. Se inspira en precedentes clásicos y medievales y en el Eclesiastés bíblico, con alusiones a la historia reciente de Castilla e incluso a sucesos en los que pudo estar presente el propio autor. Gozaron de gran éxito, fueron traducidas a todas las lenguas cultas, e incluso al latín. El vihuelista Alonso Mudarra las musicó en el siglo XVI. La estrofa manriqueña (el pie quebrado), no solo fue admirada, sino ensayada por los románticos, como Zorrilla y Espronceda, y por los modernistas, como Rubén Darío y Amado Nervo. Y, en el siglo XX, Antonio Machado la definió como ‘palabra en el tiempo’ y calificó a Manrique como el poeta castellano más admirable. En los años 60, Paco Ibáñez hizo también una conocida versión musical.

Amancio Prada ha cumplido 70 años, y su larga y fecunda carrera de cantautor le ha convertido en una figura indiscutible de la música española. Su trabajo como compositor e intérprete ha tenido siempre una base literaria, y así grabó las Coplas de Jorge Manrique en 2010, y al año siguiente las estrenó en el Teatro de La Abadía en alternancia con el Cántico espiritual de San Juan de la Cruz, con dirección escénica de Carlos Aladro. En diciembre pasado se estrenó esta versión sinfónica en Salamanca por la Orquesta Sinfónica de Castilla y León, el Coro del Conservatorio Superior de Castilla y León y los mismos solistas. Se presentó en León en marzo, siempre con la misma dirección musical, la de Fernando Velázquez, y ahora se confirma en Madrid

Con su estilo inconfundible, Prada musicó las Coplas como si fueran mística -que lo son en cierta manera-, y trabajando su versión sinfónica (nada se nos dice del papel de Fernando Velázquez en ello) ha repetido una incursión anterior, la versión sinfónica del ‘Cántico espiritual’ en el V centenario del nacimiento de Teresa de Jesús, en este mismo Teatro Monumental, con los mismos Orquesta y Coro de RTVE dirigidos por el mismo Fernando Velázquez, autor de los arreglos entonces y suponemos que hoy.

El resultado es sobresaliente. Estamos ante una cantata soberbiamente orquestada, magníficamente estructurada en sus variantes estilísticas, una composición de estilo clásico que puede recordar a Carmina Burana y tantas otras pero con toques actuales aflamencados y jazísticos que la dotan de un eclecticismo muy actual; música culta, sin ninguna duda, pero música accesible a todos los públicos; música conmovedora, cálida y sobre todo ajustada al texto como anillo al dedo.

Velázquez, como otros músicos de su generación, ha encontrado terreno abonado en las bandas sonoras cinematográficas y es autor de medio centenar de ellas, algunas muy conocidas, para Guillermo del Toro o Win Wenders entre otros, amén de haber dirigido más de una docena de orquestas y realizado diversas grabaciones. Bajo su batuta la orquesta sonó rotunda y las partes solistas precisas, aunque el conjunto nos pareció un poco empastado, sin permitir escuchar claramente los acompañamientos de Eduardo Laguillo y Josete Ordóñez (situados en el escenario de manera un tanto colateral), que brillaron en sus internveciones solistas, especialmente Laguillo, un músico de larga y probada trayectoria en el panorama Nueva Era de este cambio de siglo, que en sus solos de sarod y piano aportó variedad y delicadeza. El coro estuvo monumental, haciendo honor al nombre del teatro. Sea por excesivo volumen orquestal y coral, mala acústica de la sala -ignoramos el parecer establecido por los expertos-, por nuestra posición en el entresuelo o por demasiado eco en la megafonía, resultó difícil entender a Prada en muchas ocasiones, aunque el magnífico programa de mano y la iluminación del coso permitieron seguir sus recitados.

La versión sinfónica de la música compuesta por Amancio Prada para las Coplas de Jorge Manrique nos gustó sobremanera. Creemos que es una aportación llegada para permanecer, que tiene largo recorrido y representa hasta el momento el summum en la carrera del autor, cuya extensa discografía es de enorme calidad e inspiración y cuyas actuaciones suelen ser un dechado de buen gusto, con una gran presencia en escena fruto de sus muchas tablas y de su particular sentir espiritual del oficio de juglar moderno.

Junto al recital La voz descalza que presentó en La Abadía en 2015 (ver nuestra reseña de entonces), y la versión sinfónica de su Canto Espiritual el sábado de gloria de 2017 en la Semana de Música Religiosa de Cuenca (ver nuestra reseña de entonces), esta tercera toma de contacto supone para nosotros que va la vencida. Convencidos quedamos. Sus fieles y numerosos seguidores abarrotaban el teatro y sus interminables ovaciones dieron lugar a tres bises, el último de los cuales con la guitarra que hace unos meses le regaló Joan Baez en su despedida en el Teatro Real. Él también insinuó ayer que se retiraba pero a lo mejor oímos mal.

Aproximación al espectáculo (valoración del 1 al 10)
Interés: 9
Textos: 9
Música: 8
Interpretación: 9
Dirección musical: 7
Puesta en escena: 6
Programa de mano: 8
Documentación a los medios: n/e

TEATRO MONUMENTAL
‘Coplas a la muerte de su padre’ de Jorge Manrique
Versión sinfónico-coral
Amancio Prada, autor y voz
Eduardo Laguillo, guitarra, sarod y piano
Josete Ordóñez, guitarra y mandola
Orquesta Sinfónica y Coro RTVE
Dirección musical, Fernando Velázquez
Director del Coro, Lorenzo Ramos.

Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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