Con medio ‘Don Carlo’ basta y sobra

Con medio 'Don Carlo' basta y sobra

Giuseppe Verdi consiguió con esta ópera no solo la suya más larga y plúmbea, sino probablemente la más tendenciosa de todo el repertorio mundial. Y aunque la revisó una y otra vez, nunca corrigió su panfletaria artificiosidad contra el imperio español de Felipe II, producto de un libelo flamenco de la época sin la menor semejanza con la realidad. El Teatro Real ha tenido las narices de obsequiar a los Reyes de España, que asistieron a la inauguración de la temporada, con una puesta en escena que no solo no mitiga la bofetada sino que multiplica su maldad. Un absoluto despropósito que amarga cualquier reflexión musical posterior.

El compositor italiano fue siempre tan mediocre oportunista políticosocial como grandísimo compositor de teatro musical. Decía que esta ópera representaba la lucha de la libertad contra la opresión política y religiosa representadas en los personajes de Felipe II y el Gran Inquisidor. Pero la absoluta falta de veracidad del libreto anula las supuestas buenas intenciones. La libertad no puede defenderse con la impostura. La justicia no puede defenderse con una injusticia mayor. La historia se basa de lejos en la vida del príncipe Carlos (1545–1568) tras el matrimonio concertado entre Enrique II de Francia y Felipe II de España de los hijos de ambos, Isabel de Valois y Carlos de Austria, para rubricar un tratado de paz. Pero al quedar viudo Felipe por segunda vez el plan se trastocó para convertirse él en marido de Isabel. Isabel y Carlos no habían llegado a conocerse, nunca hubo relación alguna entre ellos ni antes ni después del matrimonio.

Carlos fue un pobre enfermo desequilibrado física y mentalmente, hijo de primos por partida doble, que murió a los 23 años demente tras haber intentado suicidarse. La infundada acusación de que Felipe II asesinó a su hijo mientras estaba recluido forma parte de la leyenda negra antiespañola de la época, la cual a mediados del siglo XIX era ya insostenible para cualquier persona seria. Pero a Verdi le daba igual una gorra que un sombrero con tal de encajar sus partituras -para qué recordar el otro engendro que musicó en torno a Lucrecia Borgia- así que enhebró falsedad tras falsedad con sus buenas artes musicales. Nunca quedó satisfecho, pues a lo largo de veinte años se hicieron cortes y adiciones que originaron un manojo de versiones, y finalmente suprimió con buen criterio el primer acto, que narra un romance inexistente entre Isabel y Carlos previo a la boda de ella con su padre, y que últimamente se recupera para justificar el resto injustificable del argumento. Es la 41 de las 100 óperas más representadas entre 2005 y 2010, la 22 en italiano y la décima de Verdi.

Escrita para la Ópera de París, donde reinaba la llamada ‘grand opéra’ con sus cánones grandilocuentes y su enorme cursilería, la primera versión en francés se estrenó en 1867, con gran pompa y boato. Disconforme del resultado, Verdi redujo la duración a una versión en cuatro actos más ágil, la que se representó en el Teatro Real en 2001 y en 2005, con puesta en escena de Hugo de Ana. Y posteriormente se arrepintió y restituyó el primer acto, la versión que ahora ofrece el Teatro Real, con puesta en escena de David McVicar, que ha dirigido en anteriores temporadas con mejor tino Otra vuelta de tuerca (2010), La traviata (2015), Rigoletto (2015) y Gloriana (2018).

En un decorado monumental, gélido, opresivo y simbólico del enorme peso del poder religioso y político que caracterizó el reinado de Felipe II, se enmarcan plumbeamente los distintos espacios en los que se desarrolla la trama, incluidos bosques y jardines sin que aparezca el menor detalle verde: un mazacote de ladrillos en el que corre a cargo del vestuario diseñado por Brigitte Reiffenstuel toda la ambientación de época.

McVicar no ha matizado lo más mínimo el panfleto argumental. sino que ha puesto toda la carne en el asador con desfiles de víctimas sanguinolentas de la inquisición y simulación escénica de un auto de fe casi esperpéntico. El apoteosis fantasmagórico del final del tercer acto, con toda la corte abroncando a su rey por no hacer caso a seis pobrecitos diputados flamencos que piden libertad y mandar detener a su hijo por defender su causa, es una de las mentiras más taimada e indignante que hemos visto en este escenario. Habrá sido casualidad programar esta obra con este montaje en estos momentos, pero el director artístico Joan Matabosch Griffol ha colocado ante el rey de España Felipe VI, que junto a su esposa la reina Leticia habían tenido el detalle de asistir a la inauguración, un alegato metafórico del procès separatista que vivimos, un torpedo malintencionado que alude a los políticos independentistas catalanes como víctimas de la intransigencia monárquica española hoy como los pobrecitos flamencos ayer, unos y otros oprimidos por la bota española en sus afanes de libertad. Algo inaudito que no ha parecido preocupar a nadie, ni al presidente del ente gestor, Gregorio Marañón, ni al director general, ni al establishment que acude a las representaciones, ni a la crítica que juzga e informa de lo que en este emblemático Teatro Real se representa.

¡Qué exagerado, vaya imaginación calenturienta! Pero por más que nos encontremos en absoluta minoría de uno, esta es nuestra opinión y este nuestro disgusto por un hecho que nos impide descender al análisis meramente artístico del espectáculo, del buen trabajo de Nicola Luisotti en la dirección musical, de las notables prestaciones del Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real en la noche de este miércoles, y de las virtudes del reparto que de los tres existentes nos tocó en suerte, con el tenor Andrea Carè como Don Carlo; la soprano Ainhoa Arteta en Elisabetta de Valois; el barítono Simone Piazzola como Rodrigo, marqués de Posa; la mezzosoprano Silvia Tro Santafé en La princesa de Éboli; y los bajos Michele Pertusi como Filippo II y Rafał Siwek como El gran Inquisidor. Como expresión de nuestra radical desaprobación a lo que acabábamos de ver al finalizar el tercer acto, abandonamos la representación en el intermedio no sin lamentarlo profundamente. Como en el dicho popular, ‘que se fastidie el sargento, que yo no me como el rancho’.

VALORACIÓN DEL ESPECTÁCULO
(de la mitad, para ser exactos)
Interés: 7
Libreto: 0
Partitura: 8
Dirección musical: 7
Dirección artística: 4
Voces: 7
Actuaciones: 7
Producción: 5
Programa de mano: 8

DON CARLO
Ópera en cinco actos
Música de Giuseppe Verdi (1813-1901)
Libreto de J. Méry y C. du Locle, basado en la obra Don Carlos, Infant von Spanien (1787) de Friedrich Schiller
Estrenada en la Ópera de París, el 11 de marzo de 1867 (versión original en francés), y en el Teatro alla Scala de Milán el 10 de enero de 1884
Estrenada en el Teatro Real el 20 de febrero de 1912
Producción de la Oper Frankfurt a partir de la versión en cinco actos en italiano

Equipo Artístico
Director musical I Nicola Luisotti – 18, 19, 21, 22, 24, 27, 28, 30 sep; 2, 3, 5, 6 oct
Director Musical I Diego García Rodríguez – 29 sep; 4 oct
Director de Escena I David McVicar
Escenógrafo I Robert Jones
Figurinista I Brigitte Reiffenstuel
Iluminador I Joachim Klein
Coreógrafo I Andrew George
Director del Coro I Andrés Máspero

Reparto
Filippo II -Dmitry Belosselskiy – 18, 21, 24, 27, 30 sep; 3, 6 oct
-Michele Pertusi – 19, 22, 28 sep; 2, 5 oct
-Dmitry Ulyanov – 29 sep; 4 oct

Don Carlo -Marcelo Puente – 18, 21, 24, 27, 30 sep; 6 oct
-Andrea Carè – 19, 22, 28 sep; 2, 5 oct
-Alfred Kim – 29 sep; 4 oct
-Sergio Escobar – 3 oct

Rodrigo, marqués de Posa -Luca Salsi – 18, 21, 24, 27, 30 sep; 3, 6 oct
-Simone Piazzola – 19, 22, 28 sep; 2, 5 oct
-Juan Jesús Rodríguez – 29 sep; 4 oct

El gran Inquisidor -Mika Kares – 18, 21, 24, 27, 29, 30 sep; 3, 6 oct
-Rafał Siwek – 19, 22, 28 sep; 2, 4, 5 oct

Un fraile -Fernando Radó

Elisabetta de Valois -Maria Agresta – 18, 21, 24, 27, 30 sep; 3, 6 oct
-Ainhoa Arteta – 19, 22, 28 sep; 2, 5 oct r
-Roberta Mantegna – 29 sep; 4 oct

La princesa de Éboli -Ekaterina Semenchuk – 18, 21, 24, 27, 30 sep; 3, 6 oct
-Silvia Tro Santafé – 19, 22, 28 sep; 2, 5 oct
-Ketevan Kemoklidze – 29 sep; 4 oct

Tebaldo – Natalia Labourdette
El conde de Lerma y un heraldo real – Moisés Marín
Una voz del cielo – Leonor Bonilla

Duración aproximada
3 horas y 30 minutos
Actos I, II y III: 1 hora y 55 minutos
Pausa de 25 minutos
Actos IV y V: 1 hora y 5 minutos

Fechas 18, 19, 21, 22, 24, 27, 28, 29, 30 de septiembre; 2, 3, 4, 5, 6 de octubre
20.00 horas; domingo, 6 de octubre, 18.00 horas
Inauguración de la temporada 2019-2020.

Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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