Juan Rana, sus andanzas y entremeses

Juan Rana, sus andanzas y entremeses

La compañía Ron Lalá, fundada en 1996 y profesional desde 2005, logra con ‘Andanzas y entremeses de Juan Rana’ colocarse en lo más alto del palmarés de nuestro teatro. Su peculiar revisión de los clásicos con buen humor y música original en directo, adquiere en esta pieza la muy merecida nota de sobresaliente.

Lo primero que hay que decir de este conjuntado colectivo vormado por Yayo Cáceres, Juan Cañas, Íñigo Echevarría, Miguel Magdalena, Daniel Rovalher y Álvaro Tato es que son originales y creativos, cosa hoy día muy escasa en un panorama dominado por adaptaciones, versionismos, traducciones y copieteos que poco añaden y a menudo estropean. Han reparado en la figura de Cosme Pérez alias ‘Juan Rana’, el comediante más célebre del Siglo de Oro, y reconstruyendo su figura a través de las piezas teatrales dedicadas a su figura y su leyenda por grandes autores de la época, como Calderón, Moreto y Quiñones de Benavente, presentan estas andanzas de aquel antihéroe mordaz y deslenguado que imaginando situaciones absurdas provocaba el solaz de la gente. ‘Pero queremos ir algo más allá de la mera recreación de esas piezas. Realizar, claro, un trabajo de rescate e investigación de la mayoría de ellas y un homenaje a un actor casi olvidado en estos tiempos. Pero también preguntarnos sobre la risa. Preguntarnos sobre el humor. Preguntarnos y preguntar qué sucedería si no pudiéramos reírnos de nosotros y de las cosas de la vida que nos pesan’.

En su elogio del tomarse las cosas a chirigota, Yayo Cáceres monta la facilona ficción de la malvada inquisición persiguiendo al cómico burlador por el único delito de hacer reir a la gente, y la pueril dicotomía entre lo malo que es serio y lo bueno que es ser divertido, pero son pecados veniales y habituales. Lo de menos es la percha del argumento y lo de más el espectáculo de teatro musical que montan, hilando extractos de diversas obras breves en las que aparece el personaje, una dramaturgia original y escrita en verso clásico, con el continuo recurso a números musicales de buena factura y ejecución. Lo que definen como ‘los ingredientes ronlaleros imprescindibles’: cinco actores, música en directo, ritmo ajustado y un nuevo desafío artístico.

‘Proponemos una fiesta del entremés, un espectáculo con humor, canto y música en directo que remeda aquellas reuniones de piezas breves conocidas como follas, que tanto éxito tuvieron en la Corte de los Austrias; revivimos aquel espíritu festivo, disparatado y carnavalesco con música en directo seleccionando algunas de las joyas del repertorio juanrranesco y rescatando así para el gran público a un personaje único’. Y lo consiguen.

La dramaturgia de Álvaro Tato resuelve con costuras impecables hacer del variado muestrario de extracvtos originales algo hilvanado. La dirección de Yayo Cáceres no tiene fisura alguna en el vertiginoso escenario en el que Carolina González ofrece la correcta cobertura escenográfica y Tatiana de Sarabia un vestuario elegante y resultón. Iluminación adecuada y sonido impecable completan la vorágine de números musicales magníficos creados por el colectivo y dirigidos por Miguel Magdalena que los cinco actores/cantantes/músicos en escena interpretan con total brillantez.

Estamos ante una producción exquisita y un espectáculo de primera categoría, y no podemos decir más. A continuación, y como complemento, parte de la excelente documentación facilitada por la Compañía a los medios, muestra de que saben lo que hacen y por eso hacen lo que saben:

–Entremeses seleccionados:

Los dos Juan Ranas (Calderón de la Barca, c. 1644): una de las obras maestras de la dramaturgia breve clásica española, de la mano del inmenso Calderón, donde hallamos la parodia de la tópica escena de la ronda a la reja imprescindible en las comedias de capa y espada, aderezada con la revisión en humor absurdo del mito del doble y con la aparición de un personaje de estirpe celestinesca que nos habla de la presencia de la magia, la superstición y la su-perchería en la cultura popular de una sociedad de creencias mucho menos ortodoxas de lo que nos dan a entender las comedias de capa y espada o los dramas de honra.

Los galeotes (Jerónimo de Cáncer, 1649): esta pieza breve de uno de los autores áureos más desconocidos para el público actual nos ubica al personaje de Juan Rana con todas sus características de alcalde bobo y lo enfrenta cómicamente a una de las clases sociales más presentes en la España de la época: los criminales, jaques, valientes, asesinos a sueldo, mercenarios, mozas de partido… representados en una cuerda de presos que va camino de galeras y que ha de ser custodiada por el señor alcalde a su paso por el pueblo.

El retrato vivo (Agustín Moreto, 1661): obra maestra en miniatura de uno de los genios del teatro clásico español, este entremés linda con el humor absurdo, planteando una burla en que Juan Rana, víctima de la picardía de su esposa, cree ser un retrato suyo.

El toreador (Calderón de la Barca, 1661): quizá se trate del entremés más representado y conocido de los siglos posteriores al auge del género. Calderón vuelve a demostrar que la potencia arrolladora de su dramaturgia es capaz de convertir una pieza breve en un pequeño y contundente retrato de las flaquezas humanas; en este caso, Juan Rana torea ante los Reyes para lograr el amor de su dama mientras un pícaro que se hace pasar por su primo espera un fatal desenlace para cobrar la herencia.

El infierno (anónimo, 1651) nos sitúa en uno de los emplazamientos naturales de la comedia de todos los tiempos desde su origen: el inframundo. Allí, el Diablo ha delegado en Juan Rana para que gobierne a sus diablos como alcalde vitalicio. El tema infernal llevado al mundo del entremés da pie a la burla so-cial y también a una cierta osadía que culmina en la zarabanda, baile de reminiscencias diabólicas que causó gran escándalo entre los eclesiásticos de-tractores del teatro.

El triunfo de Juan Rana (Calderón de la Barca, 1672) constituye un hermoso homenaje a Cosme Pérez que, anciano, es llevado en silla de manos por el escenario como si se tratara de una estatua que se disputan la Fama, el dios Apolo y el mismísimo rey de España.

El espectáculo también incluye fragmentos, pasajes y citas de los entremeses El doctor Juan Rana, El ventero, Los muertos vivos y Al cabo de los bailes mil de Luis Quiñones de Benavente (indiscutible maestro de los géneros breves en el teatro del Siglo de Oro); La noche de san Juan y La boda de Juan Rana de Jerónimo de Cáncer; Juan Rana poeta de Antonio de Solís; Los locos, anónimo, y Mojiganga de las visiones de la muerte (Calderón de la Barca), insertos entre la dramaturgia original del juicio de la Inquisición que da forma a nuestra visión de Juan Rana.

–Sobre Juan Rana

Cosme Pérez (Tudela de Duero, 1593-Madrid,1672), inmortalizado por el público español con el sobrenombre de Juan Rana, fue uno de los grandes comediantes de su época y el más importante gracioso de entremeses del siglo XVII. Vinculado durante toda su carrera a compañías tan destacadas como la de Antonio de Prado o Pedro de la Rosa, con las que conoció los corrales de comedias de ciudades como Madrid, Sevilla o Córdoba, comenzó
su andadura como gracioso o figura de donaire en comedias de dramaturgos de la talla de Lope de Vega o Montalbán, pero pronto se especializó en dar vida a un personaje único, reclamado por el público de todas las capas sociales, y centrando sus apariciones en entremeses.

Los pocos datos que conocemos de Cosme Pérez, casado con la actriz María de Acosta, de quien enviudó enseguida, dejándole una hija, nos hablan de cierta holgura y bonanza económica (así nos lo refieren su casa en propiedad, sus contratos artísticos o su participación en la madrileña Cofradía de Nuestra Señora de la Novena, sostenida por gentes de la farándula), pero su figura queda eclipsada por la legendaria sombra de su personaje inolvidable, que hacía reír con solo salir a escena; según las crónicas de la época, hasta el rey tapaba su risa tras un guante ante la gracia irresistible de Rana.

A pesar de su clamoroso éxito, que lo llevó a convertirse en uno de los artistas vinculadosa las representaciones cortesanas de Felipe IV y su consorte Mariana de Austria, ambos grandesaficionados al teatro y, a la postre, defensores y mecenas del actor, la vida de Cosme Pérez no estuvo exenta de polémicas, llegando a ser encarcelado en 1636 durante un proceso de busca y captura contra sospechosos de homosexualidad que incluso llegó a salpicar a miembros de la aristocracia. Tras su puesta en libertad el cómico multiplicó sus referencias y bromas públicas al respecto, como atestiguan entremeses como Juan Rana mujer o El parto de Juan Rana; en la época el pecado nefando podía suponer la hoguera. Este hecho nos corrobora el prestigio social del actor, pero también nos ofrece indicios de la potencia satírica, burlesca y festiva de los géneros breves dentro de la fiesta articulada, popular y culta, villana y cortesana, del teatro áureo.

En Juan Rana (heredero en clave barroca de la estirpe de Arlecchino, don Carnal o los bobos renacentistas) confluye el genuino espíritu carnavalesco y la figura del donaire que Lope introdujo en el molde de su comedia nueva. Su comicidad es aparentemente sencilla y directa, basada en los códigos de la comedia popular más pura: la ingenuidad pueblerina, no exenta de cierta malicia, que resulta burlada por otros personajes tipificados como engañadores: pícaros de toda índole, sacristanes, soldados, barberos… sin olvidar, por supuesto, la omnipresente figura femenina, ya sea como esposa de Juan Rana (Bernarda, Quiteria, etc.), dama casamentera, bruja hechicera o dama de picos pardos, en un catálogo de tipos femeninos que nos permite asomarnos a las múltiples realidades de la mujer del siglo XVII, muy alejadas de los tópicos señoriales, beatos y neoplatónicos de las comedias convencionales y mucho más próximas a la realidadde la supervivencia en las calles, los caminos, las ventas, las prisiones, las casas de juego, las bodegas y los prostíbulos de aquella época turbulenta.

A lo largo del más de medio centenar de entremeses conservados en que aparece la figura de Juan Rana, podemos apreciar que en sus orígenes ostenta el cargo de alcalde de pueblo, pero poco a poco, por obra del artificio teatral, va adoptando profesiones que lo llevan a recorrer distintos estamentos sociales (médico, torero, ventero, soldado, poeta, hidalgo y un largo etcétera) e incluso, de la mano de Quiñones de Benavente o Calderón, el personaje llega a sublimarse en parodias de autos sacramentales donde conversa con alegorías o se convierte en estatua triunfal de sí mismo, en homenaje merecido a los últimos años de su carrera.

Juan Rana es la memoria viva de la risa barroca, la quintaesencia de las paradojas artísticas,culturales y sociales que cristalizan en sonrisa, risa y carcajada sobre las tablas de los corrales de comedias y del Palacio del Buen Retiro. A medias alcalde bobo en que se concentran todos los motivos populares,a medias bufón de la aristocracia en que se sublima la burla vertical sobre el villanaje… Prácticamente olvidado durante los últimos siglos, Juan Rana nos brinda una visión única del Siglo de Oro.

–Sobre el entremés y los géneros breves

Los entremeses, piezas breves de carácter cómico intercaladas entre las jornadas o actos de las obras teatrales, supusieron todo un fenómeno escénico inseparable del teatro aurisecular concebido como una fiesta articulada donde convivía lo culto y lo popular, la propaganda y la burla, el verso, el baile y la música. El público de los corrales de comedias, ávido de novedades, de cambios, de lágrimas y risas entremezcladas, requería esa presencia intermitentede drama y comedia que fue consustancial al fenómeno artístico desde sus orígenes lopescoshasta las postrimerías calderonianas.

Los géneros breves tuvieron una amplia variedad de formas:

-Loa: introducción a la fiesta, habitualmente en romance, donde se alababa al público o a la localidad en que representara, para captar la atención, solicitar silencio y benevolencia y preparar al auditorio para la pieza; incluso se llegaba a referir a mil temas dispares, juegos, acertijos, consideraciones moraleso costumbristas, etc.

-Entremés: pieza corta de carácter cómico, con presencia de tipos fijos más o menos establecidos(el alcalde, el sacristán, el estudiante, la esposa, la bruja, etc.) y situaciones prototípicas (el marido cornudo, el engaño para obtener comida, la burla por diversión, el desfile de figuras sociales, etc.) que se intercalaba entre las tres jornadas de la comedia barroca.

Los entremeses que protagonizaJuan Rana suponen un ejemplo excelente de los grandes motivos del teatro breve del Siglo de Oro: cierto desacato a la autoridad, parodias y burlas de los grandes temas y géneros (el honor, la religión, la monarquía, los autos sacramentales, el poder…), escatología, sexualidad de todo tipo y a veces componentes de metateatralidad. Incluso algunos de ellos prefiguran el humor oscuro y retorcido de Goya o el esperpento valleinclanesco.

-Jácara: pieza breve, casi siempre de naturaleza musical, referida al ámbito de los jaques, es decir, de los hampones y su fragante y feroz universopicaresco.

-Mojiganga: pieza heredera de las procesionescarnavalescas, donde los actores solían cubrirse con disfraces coloridos y disparatados (muchas veces evocando animales), con elementos de baile y música.

-Baile: pieza con música y texto dialogado y cantado,con sencilla hilazón dramática y preponderancia de la parte musical. En ocasiones se emplea y/o se confunde con un fin de fiesta con música y danza.

–Acerca de la música

Ron Lalá siempre se ha caracterizado por la utilización de la música en directo en todos sus espectáculos, la cual se realiza siempre a partir de composiciones originales. Este trabajo implica un estudio de las formas musicales de la época para poder dotar tanto a la composición como a los arreglos musicales del carácter que dicha música tenía en ese período. Aunque no se sabe mucho acerca de varios aspectos concretos de dichas formas musicales, sí se sabe que éstas eran utilizadas profusamente en los géneros teatrales breves representados durante el Siglo de Oro. Por encima de todo, primaban las músicas compuestas para el baile (villano, mudanza, matachín, zarambeque, etc…). Estas formas musicales se basaban rítmicamente en compases ternarios y en instrumentaciones de cuerda pulsada (vihuelas, guitarras, etc…), vientos (flautas, pífanos, etc…) y percusión variada.

Dos géneros musicales destacan por encima del resto, la chacona y la zarabanda. Pero sobre todo, y lo que resulta más interesante para el trabajo de la compañía, es el carácter popular que toda esa música tenía. Carácter popular que emanaba de los géneros conocidos por la población de entonces. El reto ronlalero no está en la representación fiel o tratamiento histórico de dicha música, sino en el resultado de dicho carácter popular. A través de un trabajo casi acústico en su totalidad, la música del espectáculo está creada con instrumentos basados en las formas instrumentales de la época (cuerda pulsada, viento y percusión). La idea musical que recorre el espectáculo es ofrecer una versión moderna, una recreación, de la música del Siglo de Oro. Es decir, tocar la música popular de entonces a la manera actual.

Este espectáculo supone un nuevo acercamiento de la compañía a las formas musicales del Siglo de Oro, especialmente a las utilizadas en los diferentes entremeses de la época y con especial atención a un género utilizado en dicha época por su carácter popular, los entremeses cantados.

VALORACIÓN DEL ESPECTÁCULO (del 1 al 10)
Interés: 9
Dramaturgia: 8
Dirección: 9
Interpretación: 9
Puesta en escena: 8
Música y baile: 9
Producción: 9
Programa de mano: 8
Documentación a los medios: 9

Teatro de la Comedia
Andanzas y entremeses de Juan Rana
Del 14 de febrero al 8 de marzo de 2020
Creación colectiva: Ron Lalá
Dramaturgia y versiones: Álvaro Tato
Dirección: Yayo Cáceres
Dirección musical: Miguel Magdalena
Composición y arreglos: Yayo Cáceres, Juan Cañas, Miguel Magdalena, Daniel Rovalher
Actuación: Juan Cañas, Miguel Magdalena, Daniel Rovalher, Íñigo Echevarría y Fran García
Vestuario: Tatiana de Sarabia
Escenografía y atrezzo: Carolina González
Iluminación: Miguel Á. Camacho
Sonido: Eduardo Gandulfo
Prensa: María Díaz
Foto: David Ruiz
Producción ejecutiva: Martín Vaamonde
Diseño de producción: Ron Lalá / Emilia Yagüe
Una coproducción de la Compañía Nacional de Teatro Clásico y Ron Lalá
Estreno: 14 de febrero 2020, Teatro de la Comedia de Madrid.

Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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