Los días felices que ya cansan

Los días felices que ya cansan

Las vanguardias teatrales del siglo pasado han envejecido mal. Las provocaciones del teatro del absurdo resultan absurdas sin provocación. Samuel Beckett siempre estuvo sobrevalorado y esta ‘Los días felices’ es un peñazo de campeonato.

El argentino Pablo Messiez, actor antes que director, irrumpió en España a las órdenes de Daniel Veronese en una celebrada versión de Tres hermanas, de Anton Chéjov. En 2010, instalado en Madrid, estrenó ‘Muda’, luego ‘Los ojos’, y en 2012 versionó Las criadas de Jean Genet, asegurándose con todo ello un puesto privilegiado en nuestros escenarios que ha mantenido con una actividad constante. En 2017 estrena en el Teatro de La Abadía el texto de Santiago Loza, He nacido para verte sonreír, y Bodas de sangre de Federico García Lorca en el Teatro María Guerrero del Centro Dramático Nacional, y el año pasado fue invitado por el Teatro de la Zarzuela de Madrid a dirigir su versión de La verbena de la Paloma en el marco del Proyecto Zarza, entre muchos otros empeños.

Opina de esta pieza de Beckett que ‘leerla es incluso bastante engorroso. Pero montarla es encontrarse con un mundo que no se parece a nada y que sin embargo nos interpela directamente. Las grandes obras, como la música, se inventan un tiempo. Un tiempo que se actualiza en la encarnación en un ahora-siempre. Golpean el centro del corazón de lo humano. Y nos dejan temblando. Intentando entender’. Suerte la suya. A nosotros la obra nos parece una premeditada vacuidad concebida en su momento para dar la nota, pero carente de valores no solo permanentes sino ni siquiera caducados. El irritante monólogo de la señora Winnie, acompañado de la presencia intuida del señor Willie, quiere reflejar la despreciable monotonía de la vida de la gente y el sinsentido de la existencia, planteamientos existencialistas traducidos en trivialidad sin sustancia ni trascendencia. Apenas hay media docena de frases rescatables del conjunto anodino de tonterías e insensateces que nos petrifica durante un lamentable paréntesis de interminables noventa minutos.

Inexcrutables son los caminos del Señor y las razones por las que el CDN ha vuelto a programar esta obra y por las que Messiez nos la presenta. El montaje es discreto y no aporta nada a tantos anteriores. Fernanda Orazi interpreta a la progagonista con un despliegue de gestos y énfasis que acentúa la artificialidad, y su marcado acento bonaerense (aunque viva en Madrid desde 2005) nos produjo el mismo efecto que al crítico de The Times cuando se encontró en el estreno de Londres con una protagonista con marcado acento escocés. Carlos Marquerie, tras deslumbrarnos como manda el autor, gradúa los focos a su parecer a lo largo de la pieza, entre el amarillo y el rojo pasando por el naranja, mientras en el cielo tres astros pintados también mutan de colorido en supuesta sintonía. Óscar Villegas intenta aportar una sutil atmósfera sonora, y el bueno de Francesco Carril se insinúa en un peripatético Willie que al fin emerge sobre el montículo de escombros para babear desconsideradamente.

Beckett admiró a Joyce, pero en 1937 se instaló en París diciendo ‘prefiero una Francia en guerra que una Irlanda en paz’. Al poco, tuvo un incidente que le marcó y cambió su vida. Un hombre le apuñaló a la salida del metro al parecer sin motivo ninguno; ni era conocido ni quiso robarle. A partir de este hecho se planteó la aleatoriedad del destino y la gratuidad de los actos humanos. Entre el 46 y el 53 publicó varios relatos breves, cuatro novelas, dos obras de teatro y empezó a escribir en francés. En 1953 estrenó Esperando a Godot y a partir de ese momento se convirtió en un escritor muy conocido. Días felices, escrita en inglés en 1963 y estrenada en 1976, fue su última obra de teatro de duración convencional. Desde entonces escribió textos muy cortos. Al final se dedicó a la supervisión de los montajes de sus obras, tarea en la que era muy meticuloso y detallista. En 1969 recibió el Premio Nobel de Literatura. Falleció en París en 1989.

En cuanto a esta ‘Happy days’, en 2007 nos visitó una versión del National Theatre de Londres con dirección de Deborah Warner e interpretación de Fiona Shaw. Y en 2011, los Teatros del Canal la programaron con Isabel Ordaz como Winnie, en versión de Juan V. Martínez Luciano y dirección de Salva Bolta. Y siempre fue ‘una metáfora extendida más allá de sus posibilidades’ como reconocería hasta algún experto ‘beckettiano’.

En la función de este domingo, sonaron insistentemente por dos veces los timbres de los sempiternos artefactos móviles y Orazi los integró tranquilamente en la escena con una frasecilla como ‘Oigo un ruido’. Ya su viejo amigo Messiez había declarado estos días: ‘Si suena un teléfono en un teatro hay que integrarlo en la escena, gestionarlo igual que si los actores se quedan en blanco’. Fue lo más interesante de una función con la sala repleta de un público ávido de sintonizar (aunque la sintonía tenga casi sesenta años), que aplaudió mucho y hasta lanzó algunos bravos.

VALORACIÓN DEL ESPECTÁCULO (del 1 al 10)
Interés: 5
Texto y Dramaturgia: 6
Dirección: 6
Interpretación: 6
Puesta en escena: 6
Producción: 7
Programa de mano: 8
Documentación a los medios: 8

CENTRO DRAMÁTICO NACIONAL
Teatro Valle-Inclán / Sala Francisco Nieva
LOS DÍAS FELICES
De Samuel Beckett
Del 26 de febrero al 5 de abril de 2020

Traducción Antonia Rodríguez Gago
Versión y dirección Pablo Messiez

Reparto
Willie Francesco Carril
Winnie Fernanda Orazi

Equipo artístico
Escenografía y vestuario Elisa Sanz (AAPEE)
Iluminación y vídeo Carlos Marquerie
Espacio sonoro Óscar Villegas
Fotos MarcosGpunto
Coproducción Centro Dramático Nacional y Buxman Producciones

Horario, de martes a domingo a las 18:00 h.
Encuentro con el equipo artístico Martes 10 de marzo de 2020.

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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