Rembrandt en el Ámsterdam calvinista

Rembrandt en el Ámsterdam calvinista

Un paseo por la sociedad burguesa del Ámsterdam del siglo XVII, es lo que nos propone el Museo Thyssen-Bornemizsa con la exposición recientemente inaugurada “Rembrandt y el retrato en Amsterdam 1590-1570”, que estará abierta hasta el 24 de mayo, y de la que es comisario Norbert E. Middelkoop, conservador del Museo de Ámsterdam. Un recorrido por la vida civil de una ciudad que se convirtió en esos años en una de las grandes capitales del comercio mundial.

La muestra permite una inmersión en las altas esferas sociales de Ámsterdam que, tras el golpe de Estado de 1578 (denominado bastante eufemísticamente ‘La Alteración’) pasó a manos de la oligarquía calvinista y se separó de la Corona de España, aunque la guerra de las provincias unificadas de los Países Bajos con el poder imperial duraría hasta 1648. No fue un cambio pequeño. Conventos e instituciones católicas pasaron a ‘secularizarse’ en manos de los calvinistas que crearon en ellas otro tipo de asociaciones cívicas o asistenciales. Y, si bien los pintores, como el propio Rembrandt (Leiden 1606-Ámsterdam 1669) tuvieron siempre las pinturas de motivos bíblicos como el sumun de la dificultad y el interés pictórico, en años de apogeo del comercio y de los comerciantes menudeaban los encargos de esta burguesía adinerada y vanidosa. Gremios, sindicatos, familias, nobles, la ciudad de Ámsterdam (que en siglo XVII pasó de 60.000 a 200.000 habitantes) rebosaba poderío y ganas de mostrarlo. Y en ella se instalaron innumerables pintores que realizaron, tal y como nos informa el catálogo de la exposición, decenas de miles de retratos de los que solo han sobrevivido unos cuantos a través de los siglos.

El Thyssen despliega en esta muestra 22 retratos firmados (aunque no todos pintados en su totalidad) por Rembrandt van Rijn, que se instaló en Ámsterdam en 1631, poco después de fallecer su padre en Leiden. La ciudad de los canales contaba ya con un amplio plantel de retratistas a los que se sumó el que pasa por ser el pintor más grande de ese extraordinario ‘siglo de oro’ holandés. La exposición, que ocupa seis salas, contiene obras de la propia pinacoteca en algún caso, aunque la gran mayoría ha llegado de museos holandeses, estadounidenses, alemanes, belgas y franceses, y hasta del Hermitage ruso y de la colección real de Isabel II de Inglaterra. Uno de los rembrandt –la dama con gorra negra identificada habitualmente como la hermana del pintor-, pertenece a la colección de Juan Abelló.

Se exhiben también 16 grabados y una plancha de grabado del gran maestro holandés, la mayoría procede de la Biblioteca Nacional de España. Pero la lista de préstamos es larga porque el grueso de la muestra lo constituyen 58 óleos de otros muchos pintores nacidos o forjados en Ámsterdam como Cornelis Ketel, Frans Hals, Frans Baden, Cornelis Van der Voort o Thomas de Keyser, entre otros retratistas.

Al contrario que la pintura española o la italiana, volcada en lo religioso, la pintura flamenca nos permite asomarnos a la sociedad civil del momento. Comprobar la maestría de los artistas reflejando los pliegues de los trajes de raso, las joyas de las damas y sus sobrios tocados. Cofias blancas de tela transparente, encajes delicadísimos, complicados (y poco favorecedores) peinados. Imposible no admirar los rostros (aunque visiblemente desproporcionados algunos) de los participantes en ese “Banquete de la guardia cívica del capitán Geurt Dircksz..” de Jan Tengnagel, o la que pintó Frans Badens, dejando constancia de otro grupo de burgueses con armadura y lanzas. Fascinantes el par de retratos dedicados a ‘lecciones de anatomía’: el de Adriaen Backer y el mucho más realista e impresionante de Rembrandt.

Los retratos del maestro holandés llaman la atención en el conjunto por la modernidad del trazo, y la profundidad que tienen los rostros retratados. Su esposa (¡cómo recuerdan a Rubens todos sus retratos femeninos!), su hermana, su hijo, y él mismo, (Rembrandt pintó numerosos autorretratos), figuran entre los modelos de sus cuadros.

Poco se sabe de la identidad de algunas de las parejas de ricos burgueses que posaron para el pintor. El catálogo detalla las teorías que se han barajado sobre alguna de ellas. Por ejemplo, en torno al bellísimo retrato doble (prestado por la National Gallery of Art de Washington), de lo que parece ser un matrimonio adinerado. Ella, una mujer joven de expresión triste, se adorna con espectaculares joyas y sostiene un maravilloso abanico de plumas. Él, luce melena larga bajo el característico sombrero de ala ancha y copa alta y estrecha, y sostiene un par de guantes. Después de muchas investigaciones la tesis que se ha impuesto es que el caballero pudiera ser Herman Auxbrebis, riquísimo comerciante de la ciudad y la dama, su esposa, María van Sinnick, hija de un importante joyero de Ámsterdam. Si los datos concuerdan, los esposos tendrían 38 años él, y 34 ella en el momento de ser inmortalizados por Rembrandt. La dama moriría muy poco después, pero ahí está en el cuadro, con expresión ausente. Y quizás, resignada.

Museo Thyssen-Bornemizsa

REMBRANDT Y EL RETRATO EN ÁMSTERDAM, 1590-1670

Del 18 de febrero al 24 de mayo de 2020

Comisario: Norbert Middelkoop.

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