En Marruecos también hay arte contemporáneo

En Marruecos también hay arte contemporáneo

Enmarcado en los esfuerzos gubernamentales por agradar al vecino del sur, el Museo Reina Sofía nos ofrece un nutrido panorama de las artes visuales marroquíes del último medio siglo. Interesante desde todos los puntos de vista, puede servir para estrechar lazos afectivos a menudo perjudicados por intereses políticos.

‘Trilogía marroquí (1950-2020)’ se desarrolla en tres fases desde la independencia hasta el presente, centrándose especialmente en sus centros urbanos más cosmopolitas, Tetuán, Casablanca y Tánger. Las 250 obras expuestas quieren narrar la trayectoria artística del país desde la consecución de la independencia (1950-1969), pasando por los denominados Años de plomo (1970-1999) hasta la consolidación del reino alauita (2000-2020) como una monarquía autoritaria con visos democráticos aliada a Occidente.

Tras cuarenta años de protectorado francés y español, la primera generación de artistas marroquíes resultó lógicamente impregnada de las modas internacionales del momento, adoptando la abstracción y modernizando la Escuela de Bellas Artes de Casablanca, mientras que Tánger se convertía en meca de intelectuales ‘beat’ occidentales y la revista Souffles nacía como reacción a la represión armada de la revuelta estudiantil de 1965. En la segunda etapa, surge un arte no académico, no intelectualizado, de autodidactas, al que el nuevo poder alauita responde encarcelando a intelectuales considerados disidentes como Abdellatif Laâbi o Abdallah Zrika. A finales de los ochenta, una nueva corriente contemporánea empieza a asentarse y cristalizará durante los años noventa. Con el cambio de siglo, cierta apertura democrática trraerá signos de apertura en el panorama mediático y artístico, jóvenes artistas rompen con el pasado en el plano formal, técnico, simbólico y político, y frecuentan espacios alternativos al margen de los circuitos oficiales.

El recorrido de la exposición comienza con la etapa pre y postcolonial de un territorio -no un país como oficialmente se pretende- que desde 1912 hasta 1956 estuvo dividido en un protectorado francés y otro español. Las figuras destacadas estaban vinculadas a las escuelas nacionales de Bellas Artes de Tetuán y de Casablanca. En la de Tetuán en concreto se formó a la primera generación de pintores marroquíes y algunos prosiguieron su preparación en instituciones españolas como la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. Amrani, por ejemplo, durante sus estudios en España, pasaba horas en el Museo del Prado, donde estudió las obras de Goya y de Velázquez, y acabó desarrollando una expresividad que debe mucho a la influencia del pintor aragonés, como se observa en Protesta (1969). Por su parte, Mohamed Melehi, gracias a una beca que recibió de la Fundación Rockefeller en 1962, viajó a los Estados Unidos y conoció a artistas locales como Jasper Johns y Frank Stella. Este fue el momento en que su práctica artística dio un giro estético caracterizado por la introducción del color, en un esfuerzo por equilibrar la expresión y el minimalismo. En IBM (1962), Alunizaje(1963) y Nostalgia solar (1962) trata de entablar un diálogo entre el arte, la ciencia y la tecnología.

Otro de los autores importantes de aquel momento es Ahmed Cherkaoui, que aunó las tradiciones iconográficas marroquíes y lo estético modernista, lo que lo convirtió en un precursor clave del Grupo de Casablanca, que estuvo activo a mediados de la década de 1960. En los lienzos de Cherkaoui, como Las tres hermanas (1963) y Talismán nº 3 (1966), están presentes los tatuajes amazigh, que adornan los rostros y cuerpos de las mujeres imazighen en Marruecos. Asimismo, pueden observarse en esta primera parte de la muestra la abstracción y la caligrafía árabe características del arte islámico que predominan en la obra de Jilali Gharbaoui o la neofiguración que se aleja de las representaciones clásicas del cuerpo que refleja Torturas (1961), una pintura de Farid Belkahia.

La segunda zona de la trilogía abarca un periodo complejo, conocido como los años de plomo (1970-1999), marcado por los conflictos internos, la arabización gradual de la vida cultural, la anexión del Sáhara occidental y el incremento del control estatal. La producción cultural experimenta un notable desarrollo. A finales de los ochenta llegan prácticas vanguardistas como la instalación artística y el uso de materiales modestos y objetos encontrados. Un ejemplo notable es Mi vida (1984-2021), una obra autobiográfica de Mohamed Larbi, pescador, artista y ciudadano de Tetuán, conjunto de escenas en miniatura pintadas en cajas de cerillas de gran emotividad.

Tras los años noventa llega una nueva actitud aperturista en los medios de comunicación, un primer resquicio abierto a las artes visuales que pronto produciría una ruptura radical con el pasado, no solo desde el punto de vista formal y técnico, sino también desde una perspectiva social y geopolítica. La denominada Generación 00 -artistas en activo en la primera década del siglo- sería testigo del ascenso del populismo y de la aceleración de la innovación tecnológica, y también de los ataques terroristas de Casablanca y de la Primavera Árabe.

El recorrido de Trilogía Marroquí se cierra con la filmación ‘Bab Sebta – Puerta de Ceuta – 2019’ de Randa Maroufi, jun impresiomante testimonio de lo que era el contrabando diario ejercido por miles y miles de porteadores que transportaban de España a Marruecos todo tipo de productos de consumo, y que acaba de ser clausurado por las autoridades marroquíes que acometen un ambicioso plan de desarrollo para la zona en sustitución de esta tradicional forma de ganarse la vida.

Tras una primera fase insustancial -constatación de la repetición mimética de lo que se llevaba en la pintura occidental-, la exposición tiene gran valor documental y afectivo, con reportajes fotográficos de la cesión española del Protectorado y de la Marcha Verde de 1975 empleada por Hassan II para anexionarse ilegalmente el Sahara español, con testimonios artísticos que reflejan la realidad de un país tan cercano a nosotros, tan amigo y rival al mismo tiempo, tan dividido entre una élite afrancesada nada simpática y un pueblo -un millón viven en España- tan cercano.

‘Nunca antes había tenido lugar una genealogía del arte moderno de Marruecos, ni tan siquiera en su propio país’, asegura Manuel Borja-Villel, que se permite afirmar que ‘la orilla sur del Mediterráneo es cuna de la civilización occidental convertida hoy en una gran fosa común’, o que ‘la herencia colonial aún impregna nuestra mirada’, mientras que el comisario marroquí Abdellah Karroum nos ilustra sobre un capítulo poco conocido de su historia reciente ‘la tregua de finales de la década de 1990, cuando regresaron del exilio los líderes de la oposición. A partir de ese momento comenzó una etapa de «transición política» impulsada conjuntamente por el Majzén (que no es el Gobierno sino la Corte real y su ‘entourage’) y los movimientos de oposición, algunos de cuyos líderes, nada más regresar del exilio, participaron del poder en virtud de una reconciliación general’. Esa ‘transición a la marroquí’ que ha quedado en buena medida congelada por la asimilación de un islamismo sumiso.

Junto a las citadas ‘Mi vida’ de Mohamed Larbi y ‘Bab Sebta’ de Randa Maroufi, el testimonio de André Elbaz, que troceó sus cuadros en 184 tarros de cristal y los expone en un conjunto sorprendente estética y conceptualmente, destaca en esta muestra interesante del arte marroquí contemporáneo. Su mayor mérito es documentar -muy fragmentariamente- la realidad marroquí del pueblo llano, hasta el punto de ser poco más que periodismo gráfico como tanto arte actual; su demérito principal es la falta absolutas de crítica al ‘establishment’, que la hace casi propaganda institucional: el Reina tan hipercrítico y tan a la moda PC se ha olvidado esta vez de la ocupación ilegal del Sahara, de los derechos humanos, de las revueltas del Rif, de las terribles diferencias sociales entre la élite de Rabat y el pueblo de los bidonvilles, y de cualquier laicismo que recuerde el carácter reaccionario de la monarquía alauita representante de dios en la tierra.

Aproximación a la exposición (del 1 al 10)
Interés: 7
Despliegue: 6
Comisariado: 6
Catálogo: 5 (no cataloga el contenido, solo incluye comentarios escritos)
Documentación a los medios: 5 (a efectos de consulta, no hay relación completa de lo expuesto)

Museo Reina Sofía (Madrid). Edificio Sabatini. 3ª Planta
TRILOGÍA MARROQUÍ. 1950-2020
30 de marzo de 2021 – 27 de septiembre de 2021
COMISARIADO:Manuel Borja-Villel y Abdellah Karroum
COORDINACIÓN: Leticia Sastre
Iniciativa de Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Ministerio de Cultura y Deporte del Gobierno de España y Fundación Nacional de Museos del Reino de Marruecos.
Con la colaboración de Mathaf: Arab Museum of Modern Art – Qatar Museums y Qatar Foundation.

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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