El rey que rabió, en plan de payasada chistosa

El rey que rabió, en plan de payasada chistosa

Esta zarzuela cómica u opereta hispana, aúna un libreto sobresaliente con una partitura entretenida. En el estreno de esta nueva producción vimos una puesta en escena exageradamente chusca, casi grotesca, y escuchamos a una orquesta desvaída y unos cantantes aceptables.

Estrenada hace 130 años, ya un crítico de entonces la juzgó ‘una comedia grotesca y algo apayasada, si se quiere, pero muy divertida’; siempre ha gozado de buena fama, quizás excesiva para sus méritos estrictamente musicales -una partitura que combina sencillos estribillos populares con arias de mucho porte en un cóctel descompensado-, fama quizás más bien debida a su argumento, una desenfadada y aguda crítica a la corrupción de las camarillas que rodean al poder del rey (o del presidente de cualquier república), un libreto sobresaliente que a base de humor inocente dice verdades como puños plenamente vigentes en la actualidad; no esos lugares comunes panfletarios e iiritantes, sino observaciones sagaces de un vulgo que disimula pero lo ve todo. En su tiempo se decía que el Rey era Alfonso XII; el gobernador, Cánovas; y el general Martínez Campos, y hoy podría pensarse en Felipe VI (y la periodista Leticia en el papel de la campesina Rosa), un gobernador apellidado Sánchez, un intendente llamado Iglesias y un generalote apellidado Marlasca.

En tres actos y siete cuadros, ya originalmente resulta un tanto larga, pero interpretada con exagerada lentitud como anoche, se pone en 135 minutos sin intermedio, todo un desafío para el veterano público zarzuelero. Bárbara Lluch, que aspira a incorporarse a la necesitada dirección escénica musical de nuestro país, ha visto en el libreto un cuento infantil que multiplica el disparate del argumento, la comicidad de los diálogos y el tono burlesco de la acción en una vuelta de tuerca exagerada, que se basa en una escenografía de Juan Guillermo Nova que parece sacada de las Fallas de Valencia y unos figurines de Clara Peluffo Valentini tan bufos que resultan adefesios. La directora de escena había funcionado notablemente en 2017 en la recuperación de la ópera de cámara Le cinesi (ver nuestra reseña de entonces) en la Fundación Juan March, y lo había confirmado con la ópera de Miquel Ortega ‘La casa de Bernarda Alba’ (ver nuestra reseña de entonces) en este mismo teatro en 2018, pero a la tercera, ha bajado puntos en nuestra modesta opinión. Su enfoque imprime a todo el elenco que rodea a la pareja protagonista tal actuación exagerada de griterío burlesco y ademanes ridículos en busca de ese humor zafio que reinaba antaño en este escenario, que finalmente resulta hasta contraproducente para pasar ese rato amable, entretenido y hasta divertido, sin pretensiones, que Chapí, Carrión y Aza buscaron. Solo la iluminación de Vinicio Cheli dotó de verosimilitud al disparate escénico.

La dirección musical del mexicano Iván López Reynoso nos pareció procelosa y que sacó poco jugo a la partitura. La orquesta estuvo desdibujada y en algunos pasajes apenas audible mientras que en otros ocultó las voces; nos sonó a poco inspirada. Cualquier comparación con la grabación de 2006 de Ataulfo Argenta, con Pilar Lorengar haciendo de Rey, resulta sonrojante. Tomada la decisión convencional de interpretar al joven rey por un tenor y no por una soprano como manda la partitura, Enrique Ferrer volvió a encargarse de este papel con el que debutó en el Teatro de la Zarzuela en 1997, hace casi un cuarto de siglo. No sería justo decir que lo hizo mal pero tampoco que tuvo una gran actuación. Quizás el papel ya no se adecúa a quien es él hoy. La soprano sevillana Rocío Ignacio hizo una Rosa más belcantista que zarzuelística, más elegante que rústica y ofreció los mejores momentos vocales de la velada en El chorro de la fuente y Por entre las mieses. Fue naturalmente La Romanza de Rosa su momento más ovacionado sin que eso impidiera sonoros bufidos de protesta de algún espectador.

El reparto secundario no dispone de muchos momentos de lucimiento, pero el bajo Rubén Amoretti dio algunas muestras de valor en un General más cómico que cantante, y la soprano lírico ligera Ruth González Mesa los tuvo en ese Paje chispeante. Despiporre el de la camarilla real, esos Almirante, Intendente y Gobernador convertidos en cuchufleta hasta desdibujar sus intervenciones vocales. Forzadísimo José Manuel Zapata en un Jeremías, el primo enamorado de Rosa, realmente esperpéntico.En este sentido, la pareja cómica se llevó la palma, y María José Suárez y Sandro Cordero hicieron una María y un Juan pasados de rosca, puede que al gusto de una mayoría de los forofos tradicionales del género, en todo caso en absoluto a la nuestra. Siempre propugnamos templanza en estos papeles ya de por sí tan ‘graciosos’ y ellos optaron por lo contrario hasta el desbarre final de ella golpeando las paredes y arrastrando a la protagonista. Todavía Alberto Frías hizo un Capitán aún más destempladamente chirriante, y algo más llevadero estuvo Pep Molina en el Alcalde.

En general, desafortunada dirección actoral -tan recargada de tics chistosos como para emborronar el canto-, y poco convicente dirección escénica sobre una ambientación infantilesca. Discretísima dirección musical y buena actuación coral. El públicó se volcó desaforadamente en continuas ovaciones y carcajadas estruendosas pero llegó cansado a la bajada del telón. Las escenas de la dimisión al principio y de las embajadas al final resultaron agradecidas y por supuesto, el coro de doctores muy celebrado. El nocturno instrumental del cuadro cuarto al final del segundo acto, fue un momento mágico, el único poético de la velada, en el que la escenografía y la iluminación se aunaron con una instumentación ambiciosa en un momento especial. Fue el espejismo en una noche decepcionante. Un error de concepto en presentación y ejecución puede arruinar la mejor partitura.

VALORACIÓN DEL ESPECTÁCULO (del 1 al 10)
Interés: 6
Dirección musical: 6
Dirección artística: 6
Voces: 7
Orquesta: 6
Puesta en escena: 6
Producción: 8
Programa de mano digital: 8
Documentación a los medios: 9

Teatro de la Zarzuela
EL REY QUE RABIÓ
Música de Ruperto Chapí
Libreto de Miguel Ramos Carrión y Vital Aza
Estrenada en el Teatro de la Zarzuela, el 20 de abril de 1891
Nueva producción del Teatro de la Zarzuela
3, 4, 5, 6, 9, 10, 11, 12, 13, 16, 17, 18, 19 y 20 de junio de 2021
20:00 horas (domingos, a las 18:00 horas)

Ficha Artística

Dirección musical
Iván López Reynoso
Dirección de escena
Bárbara Lluch
Escenografía
Juan Guillermo Nova
Vestuario
Clara Peluffo Valentini
Iluminación
Vinicio Cheli

Reparto
El rey ENRIQUE FERRER (días 3, 5, 9, 11, 13, 17 y 20) / JORGE RODRÍGUEZ-NORTON (días 4, 6, 10, 12, 16, 18 y 19);
Rosa ROCÍO IGNACIO (días 3, 5, 9, 11, 13, 17 y 19) / SOFÍA ESPARZA (días 4, 6, 10, 12, 16, 18 y 20);
El General RUBÉN AMORETTI (días 3, 5, 6, 9, 10, 12, 13, 17, 18 y 20) / MIGUEL SOLA (4, 11, 16 y 19 de junio); El Almirante CARLOS COSÍAS;
El Intendente IGOR PERAL;
El Gobernador JOSÉ JULIÁN FRONTAL;
Jeremías JOSÉ MANUEL ZAPATA;
María MARÍA JOSÉ SUÁREZ;
Juan SANDRO CORDERO;
El Alcalde PEP MOLINA;
El Capitán ALBERTO FRÍAS;
Paje RUTH GONZÁLEZ MESA;
El Corneta ANTONIO BUENDÍA.
Orquesta de la Comunidad de Madrid. Titular del Teatro de La Zarzuela
Coro Titular del Teatro de La Zarzuela. Director: Antonio Fauró.

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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