‘Museo de la ficción’, en vídeo en vez de en directo

'Museo de la ficción', en vídeo en vez de en directo

Una dramaturgia sin escenario y entre pantallas. Matías Umpiérrez lo llama Museo de la Ficción y su primera entrega -Imperio- es una adaptación del Macbeth de William Shakespeare que sucede en la España de los 90. Seguramente con los actores en vivo y en directo nos hubiera gustado más.

Matías Umpierrez (Buenos Aires, 1980) se define como artista interdisciplinario y transdisciplinario, y en su prolítifca producción de la última década parece que combina video, performance e intervenciones urbanas. En este su último y más ambicioso trabajo dice ‘poner en evidencia la ficción como herramienta de mediación social y política produciendo un «mix» entre la industria del entretenimiento, los mecanismos de poder en la actualidad y la furia que despierta el enfrentamiento entre tradición y globalización’. Se encuadra en la irrupción de la generación del relevo, la gente en los cuarenta que se afirma en modas propias, formalmente rupturistas pero de fondo convencional y de resultado poco más allá de escarceos de quiero y no puedo.

‘Imperio’ -tras un recibimiento en el que contemplar a todos los intérpretes simultáneamente mientras se preparan para la representación, cada uno en una pantalla rectangular, desplegadas todas horizontalmente de frente al que llega- se proyecta en cuatro grandes pantallas en medio de las cuales los espectadores miran donde quieran y puedan, pasean si les da por ahí, y se sientan en el suelo cuando ya no pueden aguantar más de pié. En sesenta minutos se recrea la pieza de Shakespeare hasta dejar únicamente el título y un esqueleto de la trama. La concejala Macbeth (Ángela Molina, por supuesto) ha conseguido atraer una gran inversión china a la localidad y eso la da méritos para ser convertida por el alcalde en su mano derecha. Al soñar con unas apariciones que la predicen que llegará a alcaldesa, se desatará su ambición y empujada por su marido (papel muy bien llevado por el sensacional dramaturgo Robert Lepage) asesinará al alcalde para heredar su puesto y terminará cayendo víctima de su locura.

Las pantallas alternan escenas, a veces repetidas, a veces diferentes, obligando a los espectadores a indagar continuamente en ellas cambiando de posición, torciendo el cuello, mirando de reojo, intentando captar simultáneamente las cuatro -cosa imposible- y sobre todo arriesgando torticulis debido a que están situadas en lo alto y obligan a mirar todo el rato al cielo.

El guión es correcto, y el nutrido elenco actúa como un corifeo, un coro griego que imagina la tragedia, un jurado colectivo que toma nota de la creciente tragedia, y del que se destacan el alcalde y su joven amante brasileño al que culparán del crimen, su escéptica hija que será la vengadora, y otras puntuales voces individuales. La pieza al terminar se reinicia, introduciendo otra variante desconcertante que el espectador debe descubrir por sí mismo. Aunque se presenta como una vídeo-instalación-performance no hay más actuación en directo que la del público, jóvenos y jóvenas en su mayor parte que ya se las saben todas en estos experimentos de arramblar con reglas milenarias nada casuales. Se trata de una coproducción de Donostia Kultura, Museoa San Telmo, dFERIA y Studio Matías Umpierrez con apoyo de Rolex Mentor y Protégé Arts Initiative.

¡Qué podemos decir! ¿Qué hubiéramos preferido ver este ‘Imperio’ sentaditos en el patio de butacas? ¿Qué la separación actores-espectadores sigue existiendo? ¿Qué la idea de ‘museificar la ficción’ puede ser una simple perogrullada, pues ya existen métodos funcionales de conservar cualquier construcción dramática ‘para la presente y posterior memoria colectiva’?

Parece ser que su principal aportación consistiría en que ‘cada espectador hace su propio montaje creando su propia dramaturgia a partir de aquello que desea ver u omitir’. Pero eso ya lo hacíamos consciente o inconscientemente todos antes sin descoyuntarnos el cuello. Es cierto que la forma clásica de representación de un escenario frente al público esté muy vista -¡y tanto!- pero hace tiempo que se rompe con mil fórmulas mezclando y alterando el espacio entre actores y espectadores, y hasta casmbiando los papeles de unos y otros. Explorar nuevas fórmulas es válido y hasta necesario, pero Umpiérrez suprime lo que la pandemia ha revalorizado, la esencia del teatro es la presencia física. Ah, pero así sale bastante más barato.

Aproximación al espectáculo (valoración del 1 al 10)
Interés: 6
Dirección: 7
Dramaturgia: 7
Diseño visual: 6
Interpretación: 7
Producción: 6

Naves del Español en Matadero / Sala Fernando Arrabal – Nave 11
Museo de la ficción I. IMPERIO
Vídeo instalación performance de Matías Umpierrez

Dirección, dramaturgia y diseño visual: Matías Umpierrez

Reparto: Ángela Molina, Robert Lepage, Elena Anaya, Chema Tena, Adolfo Fernández, Ana Torrent, Tessa Andonegui, Javier Pereira, Javier Tolosa, Astrid Jones, Boré Buika, Alfonso Bassave ,Tony Lam, Ziyi, Yan Olalla Hernández, Noa Sanchez Jiménez y Ángeles Arenas Ruiz

8-13 Junio 2021
Precio 10€
Martes a domingo / 19:30h y 21h
Duración 1 hora
AVISO AL PÚBLICO: Comunicamos a los espectadores que la configuración del espacio para este espectáculo carece de butacas.

 

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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