La Numancia de Cervantes

La Numancia de Cervantes

Ana Zamora, despacito y buena letra, se ha convertido en uno de nuestros valores teatrales actuales. Acumulando experiencia con los clásicos renacentistas poco conocidos del gran público ahora se consagra con la supergloria de nuestras letras. Su montaje de la tragedia cervantina es un portento fidedigno, conciso, emocionante y precioso al que será difícil emular en esta temporada. Un verdadero clásico.

El cerco de Numancia es una tragedia renacentista escrita hacia 1585 inspirada en la gesta de esa ciudadela de dos o tres mil habitantes, cercada en el siglo II a. C. en el contexto de las guerras celtíberas, que resistió un terrible asedio y que decidió un suicidio colectivo de todos sus habitantes antes de entregarse al enemigo y su terrible castigo.

Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616) había sido liberado en septiembre de 1580 por frailes dedicados a rescatar soldados españoles cautivos de los sarracenos, cuando ya estaba en una de las galeras en que Azán Bajá zarparía rumbo a Constantinopla, atado con ‘dos cadenas y un grillo’ . Libre pero sin recursos propios, tras intentar ir a las Indias, se dedicó a escribir La Galatea, entabló relaciones adúlteras con la mujer de un tabernero con la que tuvo una hija, se instaló en Esquivias trabajando para doña Juana Gaytán y en diciembre de 1584 contrajo matrimonio con Catalina de Salazar, a la que doblaba en edad y con la que no se entendió; y a los dos años de casado, comenzaría sus extensos viajes por Andalucía, estableciéndose en Sevilla en enero de 1588. Así que debió de ser en aquella localidad toledana, aposentado provisionalmente junto a Catalina. cuando escribiera ‘Comedia del cerco de Numancia, La destruición de Numancia y Tragedia de Numancia’ en 2.500 versos que comienzan con el soliloquio del general romano ante la desusada resistencia de los numantinos: ‘Esta difiçil y pesada carga/que el Senado rromano me a encargado,/tanto me aprieta, me fatiga y carga,/que ya sale de quiçio mi cuydado’.

Numancia, una ciudad celtibérica, resiste desde hace años a las tropas del general romano Escipión, cuyas tropas han relajado sus costumbres. El general arenga a sus tropas y decide que caven un foso para tomar por inanición la plaza. Dos embajadores numantinos ofrecen firmar una paz, pero Escipión la rechaza: solo queda vencer o morir. Dos figuras alegóricas que representan a España y al Duero profetizan la caída de la ciudad, pero también las glorias que cosechará España con Felipe II, es decir, la época contemporánea a la escritura de la obra.

En Numancia, mientras tanto, los augures, mediante sacrificios a Júpiter, y el hechicero, que resucita a un cadáver, prevén la destrucción de la ciudad. Sin embargo, y sin perder nunca la esperanza, los jefes arévacos proponen un combate singular (un numantino contra un romano) para decidir la suerte de la guerra. Escipión, que confía en rendir la fortaleza por el hambre, no acepta la propuesta. Extenuados ya los habitantes de la ciudad, se aprestan a una salida desesperada, pero las mujeres, que temen quedarse tras la probable derrota a merced de los romanos, les piden que destruyan los bienes materiales de la ciudad, consuman la carne de los pocos prisioneros romanos y les den muerte antes de sufrir la indignidad de ser ultrajadas por el ejército de Escipión. Posteriormente, se dan muerte unos a otros. Los romanos entran en una ciudad inerte cuando ven al último de los habitantes de Numancia arrojarse al vacío desde una torre para evitar que ningún numantino tenga que pasear como trofeo de guerra en el desfile victorioso de Roma.

La irremediable fatalidad a que se ven abocados los numantinos mantiene la tensión dramática de la tragedia hasta la catarsis final. El teatro cervantino es un gran avance sobre las formas escénicas de su época, una concepción moderna de la trama teatral y de la creación de personajes; fue uno de los grandes renovadores del teatro áureo y su uso de la forma trágica marcará a muchos de los dramaturgos posteriores.

Mientras Cervantes escribe Numancia, William Shakespeare (1564-1616) -de ser quien se cree que es- anda por los 21 añitos y aunque ya casado y con un hijo, todavía no escribe y acaba de llegar a Londres. Será en la próxima década cuando inicie su asombrosa producción teatral, con Tito Andrónico (1594), Romeo y Julieta (1595) y Julio César (1599). Hamlet, Otelo, Lear y Macbeth llegarán en la década siguiente. Mientras Numancia tiene un protagonista colectivo, las obras shakesperianas darán paso a auténticos personajes de compleja psicología.

Para montar esta gesta colectiva de Numancia, Ana Zamora prescinde premeditada y acertadamente de gran reparto, monumental decorado y espectaculares movimientos escénicos. Todo es parco. Ocho actores dan vida alternativamente a romanos y numantinos, que se transforman de unos a otros simplemente quitándose camisa y pantalón, quedando en paños menores. El vestuario de Deborah Macías no puede ser más simple ni atemporal, ceñido al espíritu de la representación como la escueta escenografía de Cecilia Molano, una leve escalinata de piedra desgastada que se eleva hacia el fondo. La dramaturgia invade en varias ocasiones los dos palcos laterales más cercanos al esenario y el pasillo central para emular el campamento romano y la incursión numantina. Con la simple ayuda de unas mantas cuarteleras, el elenco se transforma en dolientes mujeres y simula la pira donde los cercados quemarán todos sus bienes antes de entregarlos al invasor.

La obra debe al menos un tercio de su mérito a la banda sonora ideada por Alicia Lázaro e interpretada en directo por todo el reparto, con un continuum primoroso a cargo de Isabel Zamora y Alfonso Barrero, y unas irrupciones tamboriles muy efectivas de Irene Serrano secundada por sus compañeros gracias al sesor de percusión Rodrigo Muñoz. Una música que ‘bebe de las fuentes renacentistas, de los cancioneros españoles y los madrigales italianos, de Tomás Luis de Victoria y del Liber Usualis, de las danzas populares y las escenas carnavalescas, de los antiguos romances y del trágico cromatismo de Gesualdo’, dice la autora. Y quizás otro tercio de su impacto a la asesoría de verso, en la que al habitual Vicente Fuentes se une Fuentes de la Voz, que es todo un deslumbrante descubrimiento del castellano de la época, pertectamente inteligible y hasta simpático sus muchas equis y cedillas

Coreografía, iluminación y movimiento escénico completan el liviano armamento de Ana Zamora para dar al montaje esa pátina conmovedora que le hace original y cautivador. Nos quedamos sin adjetivos para hablar de un reparto sin fisuras, en el que José Luis Alcobendas confirma su madurez de primera categoría, e Irene Serrano y Javier Carramiñana son aportación destracada de Nao d’amores mientras Alejandro Sáa, Javier Lara y Eduardo Mayo confirman sus excelentes trayectorias en la CNTC.

Las explicaciones de Ana Zamora son bien útiles, como casi nunca ocurre con las explicaciones de versionistas y adaptadores teatrales: ‘La invitación de la Compañía Nacional de Teatro Clásico para coproducir un espectáculo requiere un momento de asueto, de calma, para elegir no solo lo que podría ser un capricho artístico, entiéndase siempre desde nuestra trayectoria de coherencia y compromiso con el teatro prebarroco, sino en función del sentido que puede tener nuestra aportación en el marco de una colaboración con la gran institución pública para la defensa del repertorio antiguo español. El cerco de Numancia es un texto sobradamente conocido y, seguramente, tras sus Entremeses, el más escenificado de don Miguel de Cervantes. Un texto imprescindible de un autor imprescindible y sin embargo, es uno de los grandes títulos que faltan por abordar en el ya amplio repertorio constituido en las ya más de tres décadas de historia de la CNTC.

‘Nosotros, especialistas en rescatar rarezas medievales y renacentistas, en esta ocasión nos arremangamos para indagar en torno al autor más famoso de las letras hispanas. Así, de un día para otro, pasamos de dialogar con dramaturgos casi desconocidos, a codearnos con Cervantes que, más que un autor, es un auténtico mito. Ante semejante punto de partida, nosotros solo podemos ser fieles a nuestra manera de hacer y trabajar con la rigurosidad que ha marcado nuestros veinte años de trayectoria como compañía. Debemos confiar en que no hay una sola manera de entender a nuestros grandes autores, reivindicando una libertad creadora que es imprescindible a la hora de enfrentarse al repertorio clásico. El reto en este caso es gigantesco, pero nuestra valentía es infinita.

‘Lo primero que nos llamó la atención, al arrancar el proceso de documentación del proyecto, es ver cómo los acercamientos a la obra cervantina se suelen hacer, habitualmente, desde una perspectiva ya predominantemente barroca. Nuestro punto de partida debía pasar por entender el material desde su contexto renacentista, interpretando sus características desde un cierto primitivismo escénico, que está todavía lejos del gran teatro del Siglo de Oro. Desde esta perspectiva, toda la obra cervantina es un esfuerzo denodado para reedificar la libertad, una libertad que no se puede alcanzar sin la renovación interior, que nos obliga a inventarnos a nosotros mismos porque es la hechura misma de la existencia humana. Libertad que solo se puede alcanzar teniendo una vida auténtica, acotada en un marco ético y moral, y vivida en la imprescindible vigencia del espíritu de comunidad.

‘No hemos querido perder la referencia histórica que ubica la pieza en el contexto del teatro humanista del siglo xvi, junto a las obras de Bermúdez, Argensola, Virués… y el gusto por los grandes temas nacionales adaptados al canon grecolatino con el senequismo como referente, en este caso, para tratar un auténtico mito hispano, símbolo de la resistencia contra la opresión. Si cada época ha estudiado la historia a la luz de su propia realidad y la ha reescrito como parte de su propio presente, en este caso concreto, nos encontramos ante una gran estratigrafía arqueológica, que atraviesa la propia historia de España para desembocar en el porvenir, porque la historia nos da siempre lecciones, pero también nos revela posibilidades.

‘Trabajar sobre la tragedia renacentista supone hacer un ejercicio de abandono absoluto de nuestros referentes escénicos psicologistas, que nos arrastran ineludiblemente hacia el drama, hijo de nuestra sociedad burguesa contemporánea. Nuestro acercamiento a la Numancia pasa por entender la obra en esa característica construcción del género trágico, que fusiona la violencia con el debate verbal estilizado. Nuestra propuesta tenía que tener, por tanto, algo de gran carnaval rural, heredero de los ritos que celebran la circular concepción de la existencia marcada según el ciclo agrario. Espiritualidad y política van de la mano’.

De esta buena señora de 46 años cumplidos hemos tenido el placer de ver muchos de sus montajes, aunque nos perdiéramos el último en 2020 -‘Nise’, sobre textos de Jerónimo Bermúdez-. Pero tanto en La Comedia recuperada como en La Abadía añorada han desfilado ‘Comedia Aquilana’, de Bartolomé Torres Naharro en 2018 (ver nuestra reseña), ‘Triunfo de Amor’, a partir de textos y músicas de Juan del Enzina (2015) (ver nuestra reseña), Farsas y Églogas de Lucas Fernández (2012) (ver reseña), Dança da morte / Dança de la muerte (2011) (ver reseña) y Auto de los Reyes Magos (2008) (ver reseña), todo un currículo de los auténticos.

POSDATA.-

Olvidábamos, poque este reseñador sufre memoria huidiza después de miles de reseñas, que esta obra se representó en 2016 en la catedral del teatro hispano para conmemorar los cuatro siglos del fallecimiento de Miguel de Cervantes, con una espectacular puesta en escena antítesis de la que estamos celebrando, perjudicada por sensacionalismos baratos y dotada de grandes aciertos, con la que Juan Carlos Pérez de la Fuente se despidió -porque lo echaron de manera vil- de la dirección del teatro Español. Quede constancia necesaria (ver nuestra reseña de entonces).

VALORACIÓN DEL ESPECTÁCULO (del 1 al 10)
Interés: 10
Texto: 9
Dirección: 9
Interpretación: 8
Escenografía: 8
Música: 9
Coreografía: 8
Producción: 9
Programa de mano: 7
Información a los medios: 0

CNTC
Teatro de la Comedia
Del 19 de noviembre al 30 de diciembre de 2021
Numancia, de Cervantes, versión de Ana Zamora

Reparto
José Luis Alcobendas
Alfonso Barreno
Javier Carramiñana
Javier Lara
Eduardo Mayo
Alejandro Saá
Irere Serrano
Isabel Zamora

Dirección y dramaturgia Ana Zamora
Dirección musical Alicia Lázaro
Asesor de Verso Vicente Fuentes/Fuentes de la Voz
Vestuario Deborah Macías
Iluminación Miguel Ángel Camacho
Escenografía Cecilia Molano
Coreografía Javier García Ávila
Asesor de movimiento Fabio Mangolini
Asesor de percusión Rodrigo Muñoz
Ayudante de dirección Verónica Morejón
Ayudante de escenografía Almudena Bautista
Ayudante de vestuario Irma Vallés
Producción ejecutiva Germán H. Solís
Producción CNTC/Nao d’Amores

Encuentro con el público: 2 de diciembre de 2021
Duración de la obra: 75 minutos.

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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