Por algunos ‘previos’ -subgénero de periodismo cultural que une publicidad encubierta con tics propios- tenía pinta de panfletillo al gusto oficial, pero esta tragicomedia contemporánea es una obra madura, ambiciosa, bien trazada y excelentemente interpretada. El texto original se convierte en una ingeniosa metáfora de los afanes frustrados de la generación de la transición, la que anda en torno a la cincuentena, lo mismo que le ha pasado a todas las generaciones anteriores.
La obra cuenta el auge y caída del grupo punk de finales de los 80 y principios de los 90 llamado Verborrea. Dos hermanos, hijos de un funcionario franquista que han vivido su infancia en el Valle de los Caídos, recuerdan su vida. El hermano mayor, Kike, el mánager del grupo, cuenta cómo era su hermano Segis, el cantante, un chaval difícil, enfrentado a su padre y a todo lo que le rodea, que abraza la cosa-causa punk como tabla de salvación. En el grupo que forma incorpora a un vecino y a la recién coronada guapetona reina de la huerta murciana como batería y bajo, y ellos van a contarnos el auge y caída del grupo Verborrea, arrastrados por su líder Segismundo Tóxico, amado y odiado, que tiene también su versión de lo ocurrido. Forman un relato plural, cuatro voces a veces complementarias, a veces contradictorias, en las que se cruzan el pasado y el presente, y conocemos de forma muy bien tejida las cuatro trayectorias. Dice Remón que tiene ecos de novela picaresca, que está llena de mugre y suciedad, pero también de poesía sobre ‘nuestra necesidad de levantar y derribar mitos de un lado o de otro.

Y así ocurre. El autor exhibe conocimiento no solo de esa cosa del punk y del mundillo de la drogas en aquellos años de consumo desaforado, sino de otras realidades colaterales de la vida a lo largo de infancia, juventud y madurez, de esta madurez que tanto se le resiste a su generación mimada,y además enmarca todo en un envoltorio poético que no descubriremos hasta el final. La escenografía de Monica Boromello es accesoria, mera disculpa, con un remolque caravana del que sale un torbellino de arena por la ventana. La iluminación de David Picazo no tiene grandes problemas que resolver porque la acción se sitúa en un lugar indefinido y el estuario de Ana López Cóbos tiene grandes aciertos. Son los cuatro protagonistas lo único en escena, y hay que verlos y oírlos porque están memorables. Javier Cámara es Quique, el hermano mayor, cuyos tics expresivos al principio descolocan pero luego convencen; Israel Elejalde hace uno de los mejores papeles que le hemos visto, muy distinto a todo lo anterior, este Segis enloquecido que parece ido pero está bien cuerdo; Marta Nieto es la murcianita convertida en sex simbol del grupo y novia del jefe (también es la madre y amiguita de los hermanos), y su historia enternece, como la de ese batería corto de magín y largo de sentimientos que hace Emilio Tomé (antrs hace de padre franquista) con tal verismo, con tal identificación y con tal entrega que hace de su papel secundario lo mejor del cuarteto.

Poco más hay que añadir, salvo que no estamos ante una comedieta urbana cualquiera, que tiene espoletas profundas en torno a relativizar creencias de la época, dudar de la memoria propia y de la ajena, entender el orden natural de la existencia, y creer, creer también en los diez mil buitres leonados que vendrán a darnos la estabilidad espiritual que al final puede salvarnos.
Aproximación al espectáculo (del 1 al 10)
Interés, 9
Textos, 8
Dirección, 8
Puesta en escena, 6
Interpretación, 9
Producción, 7
Documentación para los medios, 7
Programa de mano, 7
NAVE 10 – MATADERO
‘Verborrea’ de Pablo Remón
Del 1 de octubre al 1 de noviembre de 2026
Dirección: Pablo Remón
Intérpretes: Javier Cámara, Israel Elejalde, Marta Nieto y Emilio Tomé
Escenografía: Monica Boromello
Iluminación: David Picazo
Diseño Vestuario: Ana López Cóbos
Espacio sonoro: Sandra Vicente
Ayudante Dirección: Juan Ollero
Dirección de producción: Jordi Buxó
Producción ejecutiva: Pablo Ramos Escola
Producción: Nave 10 Matadero y Buxman Producciones.


