"La sequía del pantano descubrió aquellas ruinas que empezaron a contarme su historia"
Teresa Viejo nos sorprende con una espléndida novela, La Memoria del Agua, en la que la realidad y la ficción se alían para ofrecernos un mundo lleno de lujo, pasión, intriga, amores prohibidos.
Tras la muerte de su madre, Álvaro de Llano encuentra fortuitamente una carta y una foto que cambiarán su vida. Iniciará una búsqueda incansable en la que sólo podrá ayudarle una anciana, que le hará conocer una antigua leyenda olvidada de todos: la del Balneario de La Isabela. Construido en el siglo XIX, rápidamente se convirtió en lugar de recreo favorito para la alta burguesía española y europea. Pero todo cambiará cuando un bañista aparezca muerto en la sala de inhalaciones. A partir de ese momento nada volverá a ser igual.
La sequía le reveló las historias que durante décadas habían permanecido ocultas bajo las aguas. Las ruinas del antiguo balneario del Real Sitio de La Isabela se encontraron con la mirada curiosa de Teresa Viejo quien no pudo reprimir a la periodista que es.
«Todo aquello desaparece un día. Al agua lo que es del agua. El agua dio salud, lujo y esplendor pero también es verdad que causó mucho dolor. Al final acabó tragándoselo todo. Literalmente.»
La Isabela, antes de ser engullida por las aguas de un pantano en los años 40, fue concebido como el lugar de descanso y salud para la alta burguesía española de finales del siglo XIX y principios del XX.
Cuando Teresa Viejo se encontró aquellas piedras, éstas le comenzaron a hablar de historias olvidadas y silenciadas. Una extensa investigación la llevó a rastrear lo poco que quedaba. Y esta periodista se dio cuenta de que la mejor forma de contar todo aquello, no era sino la literatura.
«De aquella investigación, descubrí un vacío en los años 30 y la década de los 40 (contrición de la presa). Hasta que en un libro encontré una inquietante referencia: «Convertido durante la Guerra Civil en un sanatorio psiquiátrico». A todos los vecinos les costaba hablar de aquello… Qué mejor ingrediente literario…»