El maestro de escritores José Balza edita en España su mejor obra, «Percusión»

El maestro de escritores José Balza edita en España su mejor obra, "Percusión"
. Agencia EFE

El venezolano José Balza, Premio Nacional de Literatura de su país en 1991, creador de un lenguaje literario único para cada una de sus obras, reedita (por fin) en España la que se considera su obra cumbre, «Percusión».

«Con la imitación de las vidas no iba a conseguir nada; las vidas ya estaban hechas, y en la literatura, también. Creo que hay muy pocas variantes en la existencia humana, varían los matices: muere un niño, muere un hermano, pero es la misma muerte. Decidí que mi variación sería la forma, y en cada libro me reté a lograr una forma única», explica el autor sobre su obra en una entrevista con EFE.

José Balza (Delta del Orinoco, 1939) es prácticamente un desconocido en España: una grave injusticia que habría que solventar pronto, no solo por la originalidad y la estética de sus obras, sino porque Balza es inventor de técnicas narrativas que aúnan estilos, difuminan etiquetas y permiten abordar la literatura como si fuera un ser vivo.

«En verdad lo que quise con esa ejercitación era tocar una verdad, cada narración buscaba una verdad, y no sé si pude lograr alguna vez esas verdades o eran transitorias. Tal vez me ha servido la ejercitación para vislumbrar verdades», filosofa el septuagenario Balza.

Ahora se reedita en Sevilla (Paréntesis) la que está considerada su obra cumbre: «Percusión», un relato poético y tremendo del mundo interior de un anciano que narra, a través de personas que marcaron su vida, el paso del tiempo -una vida en un minuto, de volcán en volcán, de montaña en montaña- y un mágico reencuentro del joven que fue con el viejo que es.

El libro, considerado «de culto» por lectores de todo el mundo de habla hispana, se publicó por primera vez en 1982.

Balza cuenta con más de cincuenta obras entre ensayos, cuentos y novelas publicadas, pero a España sólo han llegado algunos relatos (el último, «Caligrafías», Páginas de Espuma).

Obsesionado por la forma en la que se escribe un libro, no llama a sus novelas, o cuentos, con esos nombres, sino que los denomina «ejercicios narrativos» -robándole el nombre a un texto de Guillermo Meneses-, una expresión que le permite zafarse de las limitaciones genéricas.

Hace cuarenta y tantos años que escribe: sobre teoría literaria, artes plásticas, cine, música o televisión; sus relatos están traducidos al italiano, francés, inglés, alemán y hebreo, y siempre incluye alguna palabra en las lenguas indígenas de su infancia: «para que no se pierdan».

Dice que no tiene imaginación, que escribe sobre las cosas que ve y de las que toma nota, pero crea -anticipa- situaciones y mundos «que luego trae la realidad», dice entre sonrisas.

Le pasó con el sida (su amigo Reynaldo Arenas fue quien le desveló que existía la enfermedad sexual que mata a una de las protagonistas de «Percusión», Janneke, casi diez años antes de saber su existencia); con la ciudad en que se convierte Caranat (Caracas); o con la guerra que «devora lo concreto» y destruye imaginación y la sensibilidad, y «en la que aún estamos metidos», se lamenta.

Ha dictado cursos, seminarios y conferencias en las mejores universidades: México, Buenos Aires, Salamanca, Viena, Nueva York, y la Sorbona.

Y ese Balza académico es el mismo que conoció la luz eléctrica a los once años, ya que vivía en una zona casi salvaje, el delta del Orinoco -curvas que también han sido reproducidas en la estructura de una de sus novelas, «D»-. Pero en su casa había libros:

«Empecé (muy temprano) a imitar: yo era un salvaje, mis hermanos y yo éramos como animales, así que poder leer me permitió diferenciarme: era como si yo estuviera destinado a ser árbol y la posibilidad de leer ya no me dejara ser árbol», explica el escritor, que reconoce a Kafka como su escritor predilecto.

Otras novelas suyas son «Marzo Anterior» (1968); «D» (1982), «Medianoche en video: 1/5» (1995), «Después Caracas» y la última, «Un hombre de aceite» (2008) sobre la situación política actual de Venezuela:

«Es terrible -opina-, estamos en manos de un Gobierno estéril y, al ser estéril el Gobierno, el país se queda en nada».

Alicia G. Arribas.

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