
Ficha técnica
Título: Cómo provoqué la crisis financiera
Autor: Tetsuya Ishikawa
Editorial: Temas de Hoy
352 páginas
19,50 euros
Se trata de una novela basada en hechos reales en la que el protagonista, Andrew Dover, muestra al lector el mundo de las altas finanzas. Los personajes que aparecen en el libro, quizá trasuntos de otros reales, tienen poco que ver con Ortega y Gasset, pongamos por caso. Es decir, son tipos listísimos, capaces de averiguar en una fracción de segundo qué es lo que les conviene. Tienen, además, un baremo para medir el talento: el dinero. Cualquiera de ellos podía ganar en un abrir y cerrar de ojos más dinero que el filósofo en toda su vida. Y tal vez le hubieran menospreciado por ello.
Ahora bien, si Ortega y Gasset quiso enseñarnos a pensar, estos tipos nos han dado que pensar. Son capaces de provocar una hecatombe mundial sin que tengan remordimientos de conciencia. La culpa no la tienen ellos, la tiene el sistema. Cualquiera hubiera actuado igual, dicen. Pero no es nada edificante lo que sale a relucir. Ya se sabe que en la guerra algunos dan lo mejor de sí y otros lo peor. Pero si se tiene en cuenta esta novela, todas las personas que se dedican a ese negocio dan lo peor; se conoce que ese sistema, que acaba siendo denostado, no da pie al heroísmo, sólo a la codicia.
Una tesis indica que una vez hinchado el globo, que más tarde acabaría explotando, nadie podía atreverse a frenar su expansión. Eso es cierto si observa el globo desde fuera. Frenar aquello una vez iniciado era difícil. Pero hay dos cuestiones a tener en cuenta. En primer lugar, no debió consentirse que comenzara a hincharse. Tan pronto como los tiburones vislumbraron el dinero fácil los reguladores debieron tapar el hueco. Pero si no llegaron a tiempo, debieron entrar en el globo para ver qué se cocía en su interior. Una persona sensata que no participara del negocio hubiera visto necesariamente que eso iba a estallar. Algo había que hacer.
Es muy conveniente leer este libro, porque a lo mejor, entre nosotros, hay personas como las descritas, a las que se las respeta, venera y adula. Si después de identificarlas como similares se las sigue tratando igual es que no tenemos remedio.
Vicente Torres
