El historiador liberal presenta en Periodista Digital 'Una historia patriótica de España'

José María Marco: «Hay una tradición socialista que piensa que la idea de nación es una falsificación»

El historiador liberal José María Marco se atreve a repasar en su último libro ‘Una historia patriótica de España’ [Planeta, 2011] ocho siglos de nuestro pasado añadiendo un adjetivo a su singular enfoque: ‘patriótica’. Porque a nadie se le escapa que a muchos españoles -sobre todo a la izquierda- se les atraganta este término a la hora de hablar del concepto de España.

Marco, profesor de Traducción, Literatura y Cultura Españolas en la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, cree que el término patriótico escuece a algunos

«porque ha habido una tradición larga que viene de principios de siglo XX en la que la idea de la nación española ha estado puesta en cuestión. Hay una tradición socialista internacionalista que no le gusta la idea de la nación. Piensa que es una especie de mentira, una falsificación»

El sentimiento patriótico es el sentirse españoles, compartir, como lo entiende el autor, un territorio común, invitar al perdón y a la reconcialición, y no a la confrontación. Pero durante la historia de España, sobre todo en las salvajes guerras carlistas del siglo XIX y la brutal guerra civil del siglo XX el sentimiento patriótico se expresó  exterminando al adversario. 

Aniquilar al adversario no es patriótico. Nos sentimos seguros en una patria o en nuestro país porque sabemos que no nos van a aniquilar si pensamos distinto. Por eso España es una gran nación, en contra de lo que se decía antes.

¿Y qué es un español? ¿Eran españoles los judíos antes de su expulsión? Porque a partir de 1478, «ser español equivaldría a ser cristiano», sentencia Marco lamentando el trato a la cultura hebrea en España y a esos miles de judios expulsados de su país y que en su exilio jamás renunciaron a su condición de españoles. «Ellos hablaban español, incluso cuando los habían desterrado de su propio país», afirma Marco.

Stuart Mill  supo desentrañar la inmemorial tensión que se halla en el alma de los españoles al decir «que los españoles eran más proclives al nacionalismo que los unía contra los demás que al patriotismo que es el amor a lo propio a lo nuestro».

Hay momentos en los que hay voluntad de convivir y se han construido formas de vivir excepcionales, que no se dan en otros sitios. Es el único país en el que una Mezquita sirve de Catedral, o en el que las Iglesias se convierten en Sinagogas.

Sin embargo, en el libro de Marco, hay pocos momentos en donde se respira tolerancia y convivencia. Una pasión española es reescribir la historia desde cero. Un ejemplo es la llegada de la República, donde se entra en un nuevo terreno y se quiere hacer una España nueva.

El socialista Julián Besteiro, tan moderado en algunas cosas, hacía recordar a Zapatero cuando decía que «la nación española no existía» y Manuel Azaña declaró que «España había sido católica». Con esos polvos, estos lodos. 

España para ellos significaba atraso, provincianismo e ignorancia. La República se iba a hacer contra el siglo y medio de historia que le precedía.

Hay una serie de factores en el siglo XX como el régimen de Franco que monopoliza  políticamente la nación española, y la idea de la patria o algo tan sencillo como el patriotismo, queda muy despreciado.

La construcción de la nación siempre es complicada. Pero los españoles tienen claro lo que es ser español, no tienen mayores problemas para expresarlo, el problema es más de élites o de minorías que de gente normal, de la calle.

El libro se llama patriótico porque se trata de trazar un hilo o una continuidad entre formas de España que son muy variadas. Son españoles los musulmanes, los judíos, han sido españoles los visigodos, los católicos, los inquisidores…

Es muy significativo que en el Congreso de los Diputados haya gente que prefiera que España pierda la final del Mundial. En la calle no se piensa eso. El día que ganó España, las banderas se vieron en toda España, incluido el País Vasco.

El problema está centrado en círculos muy minoritarios, yo no encuentro que ningún español de a pie tenga un problema con su identidad española. No lo veo. Ninguno.

De hecho cosas como el experimento de la integración de 5 millones de inmigrantes en los últimos 10 años ha sido hecho con un éxito extraordinario. Da la medida de una sociedad muy integradora, muy tolerante, muy proclive al pluralismo. No tenemos por qué tener problemas con los signos de identidad.

Zapatero es heredero de una tradición que adelanta que la nación española no se construirá hasta que no se pongan en marcha ciertas cuestiones que están relacionadas en el fondo con el pensamiento republicano.

Se ha intentado, no con la fuerza ni con la barbarie de los años 30, pero se ha intentado ahora, pero ha vuelto a fracasar.

 

 

Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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