La obra titulada "El temblor del héroe" se iba a titular "El furor heroico"

Álvaro Pombo gana el Nadal con una novela sobre la indiferencia

El autor reflexiona sobre la indiferencia y sobre la ética del cuidado

Álvaro Pombo gana el Nadal con una novela sobre la indiferencia
Álvaro Pombo. EFE

Reza el dicho ignaciano que «en tiempo de tribulación no hacer mudanza»… El premio Nadal apuesta por un valor seguro y un juego de palabras para festejar las sesenta y ocho ediciones desde que comenzó su andadura reconociendo a la entonces desconocida Carmen Laforet: eran aquellos tiempos en que el Nadal desvelaba nuevas voces.

El valor seguro es Álvaro Pombo (Santander, 1939), con «El temblor del héroe».

El escritor santanderino ha ganado el 68 Premio Nadal con  una obra sobre la indiferencia.

Frente a una ética de la responsabilidad, Pombo ha preferido tener como referencia de su novela la ética del cuidado, si bien, sus personajes se caracterizan por «descuidar a otras personas».

«El temblor del héroe» se iba a titular «El furor heroico», porque es un texto de Giordano Bruno, que es «el furor, entusiasmo y delirio por alcanzar la divinidad, por alcanzar la belleza y el bien», ha explicado.

Pombo, a quien se le ha caído el premio nada más recibirlo en una suerte de revisitación de la escena del futbolista madridista Sergio Ramos, ha dicho que «el origen de la novela es un profesor de universidad jubilado, Román, que ha tenido un gran éxito con sus alumnos, pero que nunca ha escrito nada».

Román, profesor de Filosofía, supo comunicar a sus alumnos el entusiasmo divino y platónico, y ese entusiasmo rebotaba en sus alumnos y finalmente revertía en si mismo, pero tras jubilarse es un personaje anodino, que «se aburre demasiado».

En ese punto, Román, que vive en un piso de la madrileña calle de Río Rosas, porque «siempre mantengo ese punto costumbrista», recibe la visita de un joven periodista, Héctor, de una revista digital, Los Inactuales.

Pombo ve un cierto paralelismo entre Román y Hitler: «Hitler perdió gran parte del lustre cuando a consecuencia de la guerra no podía dar discursos, y por eso no recibía el ‘feedback’ de la gente y por consiguiente se le ocurrían espantos cada vez mayores».

«Mi personaje no es Hitler, pero ha vivido de alimentarse del entusiasmo de la gente que le escuchaba y echa en falta esa situación que vivía con sus alumnos, que acababan entusiasmándole también a él», ha apuntado.

«Las tentaciones de San Antonio», de El Bosco, resumirían la situación en la que se encuentra: «cuando uno se jubila, ya no quieres obrar bien, tampoco quieres obrar mal, pero tienes la pereza del bien hacer».

Además de Román y Héctor, en la novela aparece un tercer personaje, Bernardo, «una persona que tiene muy mala follá, como dicen en Granada, que en realidad no lo parece, un hombre que a sus 60 años es un patinador, como los que patinan en el Retiro».

Bernardo, añade, representa «la actualidad del yo saturado, del yo líquido, poroso, del yo falto de sustancia».

Siempre divertido, Pombo se ha reivindicado hoy en la conferencia de prensa como «el inventor de ‘la levedad del ser’, mucho antes de que hablarán de este concepto Zygmunt Bauman y Milan Kundera».

Para Pombo, el descuido que tienen sus personajes hacia los otros tienen unas consecuencias terribles: «la gente muere» y esa es la constatación de que «todos somos la providencia divina y si nos descuidamos, el mundo se viene abajo».

En la misma velada literaria, que cada año supone la apertura de la temporada literaria, además del Nadal se ha fallado el 44 Premio Josep Pla de prosa en lengua catalana, ambos convocados por Ediciones Destino, y que ha recaído en el periodista Rafael Nadal por su obra «Quan erem feliços», que son sus memorias de infancia en Girona.

 

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