Baltasar Magro, 'La luz del Guernica' (Roca Editorial)

La historia de cómo se gestó el cuadro más famoso de Picasso

El autor se mete en su piel e imagina y nos cuenta cómo fue creado el Guernica

La historia de cómo se gestó el cuadro más famoso de Picasso
Detalle de la portada de La luz del Guernica. Roca Editorial

¿Puede narrarse la historia de cómo nació, de cómo se gestó el cuadro más famoso de Picasso? Se puede. Baltasar Magro lo ha hecho en ‘La luz del Guernica’ (Roca editorial).

Esta es la historia de un cuadro, de la pintura más importante del siglo XX. El Guernica de Picasso es un icono del pasado siglo, una de las imágenes indispensables para resumirlo. Esta novela cuenta la apasionante aventura de su creación, que es tanto como narrar también parte de la historia del artista más decisivo del siglo XX. Osado como lo fue Picasso, Baltasar Magro se mete en la piel del genio malagueño e imagina y nos cuenta cómo fue gestado el Guernica. ¿Cómo crea el creador? ¿Qué le hace tan divino, qué tan humano? ‘La luz del Guernica’ narra parte de la vida de Pablo Picasso. A modo de prólogo, la primera parte de esta novela nos sitúa en 1917, en Florencia. Picasso crece como artista; ha abandonado el cubismo (una vía agotada) y conoce a los maestros de la pintura italiana: para ir más allá de la tradición, para prescindir de ella, hay que conocer a los clásicos.

En ese punto, Baltasar Magro imagina un encuentro que nunca existió. Picasso conoce a Mola, el que luego será el general Mola, la persona que ordenará el bombardeo de Guernica. La breve charla que mantienen en un tren nos da cuenta del abismo que ya en 1917 separa a estos dos españoles. El relato salta después hasta 1937. El Gobierno de la República ha encargado a Picasso, que ya  es el artista vivo más importante, un mural destinado al pabellón español de la Exposición Universal de París.

EL GUERNICA

Parir el cuadro fue una labor difícil para Picasso. No solo por el reto artístico sino por las presiones, las expectativas. Lo cuenta Magro: «Nunca se había encontrado con tanta presión a la hora de afrontar una obra». O también: «Tenía por delante una tarea inmensa: hacer el cuadro de mayores dimensiones que había pintado hasta ese momento, en un plazo corto de tiempo y con una fecha de finalización casi improrrogable». ‘La luz del Guernica’ detalla cómo el Guernica crece en la mente del pintor, pero también cómo crece la presión a su alrededor, la de aquellos que le han encargado la obra: desde Luis Araquistáin, embajador español en Francia, al arquitecto del pabellón, Josep Lluís Sert, pasando por el poeta Juan Larrea, el escritor Max Aub (agregado cultural de la legación española en París) o el comisario vasco del pabellón, José María Ucelay.

«Me gustaría crear algo que no dejase indiferente ante el conflicto que hay en España, por supuesto, pero que perdurase. Una muestra de lo que está en juego en estos tiempos, valores que debemos defender con todas nuestras fuerzas. Y no es fácil reflejar estéticamente tales intenciones, jamás lo he hecho ni he pretendido hacerlo nunca». Baltasar Magro nos sitúa en la mente de Picasso, que sabe que el cuadro no gustará a muchos; no gustará a todos aquellos que quieren una obra realista, que «pinte» aviones y cadáveres. Pero «el arte debía vencer a la realidad». Y sin embargo, como recrea la novela, el pintor es capaz de calmar al embajador al entender que parte de su misión es «incluso convertir la pintura en un arma ofensiva contra los enemigos».

La luz del Guernica se inicia en Florencia, en 1917, donde Picasso aprende de los maestros. La deuda con la tradición, como explicaba en carta a Gertrude Stein: «En este viaje creo haber asumido, de alguna manera, la deuda que todos tenemos contraída con la tradición pictórica después de analizar las obras de los maestros antiguos, ya que hasta el cubismo que apenas es comprendido ha bebido de lo clásico». Y Picasso se pasma ante la obra de Gioto, Masaccio, Fra Angélico, Rafael, Miguel Ángel y finalmente un cuadro de un artista no italiano pero que presencia en el Palacio Pitti, Los desastres de la guerra, de Rubens. Magro señala la influencia de este cuadro en el Guernica: «Se sentó encima de lacama para contemplar con calma las últimas páginas en las que había desglosado e interpretado varias de las figuras que aparecían en el cuadro de Rubens Los desastres de la guerra, la pintura que le había comentado María, la hija de su guía Roberto, en el inmenso museo del Palazzo Pitti».

EL PINTOR TOTAL

La luz del Guernica es un doble retrato: el del cuadro y el de su creador, Guernica y Picasso. Magro retrata con complicidad al que ya en ese momento es el artista vivo más importante; refleja su potencia, su magnetismo, su creatividad:

«La potencia insolente de sus ojos negros, brillantes y muy juntos; el magnetismo de su mirada, y la boca recia y bien dibujada, con una sonrisa delicada, amable, casi permanente en sus labios». Picasso, el pintor que rompe moldes y esquemas: «Era capaz… de cultivar simultáneamente diversos estilos, algo consustancial a su audacia y libertad creativa, imposible de ceñir o de ser reducida por una visión acomodaticia. Era su forma de ser, de vivir, y nada lo iba a cambiar». Picasso, el minotauro: «Tanto llegó a identificarse con la bestia (el minotauro) que se pintó a sí mismo como una criatura ciega arrastrando la carga de sus desdichas, huyendo hacia otros espacios… La criatura era su máscara».Y la foto de Picasso al pintar: «A la hora de pintar solía hacerlo casi desnudo, solo con los calzoncillos o, si se preveía alguna visita, en pantalón corto y una camiseta a rayas, como si fuera su uniforme o mono de trabajo».

PICASSO Y ESPAÑA

Aunque artista por encima de todas las cosas, esta novela cuenta también que a Picasso le duele España. Le duele ver cómo su país se desangra en una guerra fratricida, en la que además van a perder los suyos, aquellos que defienden el orden constitucional. Por debajo de los procesos constantes de su mente creadora, vibra el dolor por su país y por su familia (que resiste en Barcelona a la espera de ver acabar el conflicto). «Él repetía que a los españoles les gusta la tristeza, que siempre encuentran una excusa para hacer aflorar ese estado de ánimo, incluso cuando parece que experimentan lo contrario.»

Testimonio del dolor por España es también el texto que Picasso escribe para el catálogo de la exposición de carteles en defensa de la República, en Nueva York,que la novela reproduce: «La guerra española es la lucha de la reacción contra el pueblo, contra la libertad. Toda mi vida de artista no ha consistido en otra cosa que en una lucha incesante contra la reacción y la muerte en el arte (…) En todas mis obras recientes quiero expresar, con absoluta claridad, mi dolor por lo que sufren mis compatriotas y mi repulsa a la casta militar que ha sumido España en un océano de horror y muerte».

EL ACTO DE LA CREACIÓN

Si La luz del Guernica es un relato apasionante es sobre todo por cómo es capaz de transmitirnos qué es y cómo se desarrolla el acto de crear. Baltasar Magro se coloca en el lugar de Picasso y reinventa ideas, pensamientos, cavilaciones, dudas… que resuelve el pincel: «Él quería una pintura bien couillarde, con cojones, de potencia y peso, al igual que había hecho Massacio, lejos de las manías blandas de los sobrevalorados impresionistas». Pero el Guernica tiene exigencias propias, es más y menos que un cuadro de Picasso: «Se creía obligado a culminar un conjunto plástico que conmoviera a muchas personas con un lenguaje lo más asequible posible, traspasando el aspecto externo de las formas y de las imágenes». Realismo le pedían algunos para el Guernica. Eso nunca: «Mediante las cámaras descubro lo que ya no debería convertirse en pintura, aquello que ya no merece la pena ser tratado sobre un lienzo. Hoy los artistas estamos obligados a explorar más que en otras épocas si queremos ofrecer propuestas que conmuevan a la gente».

La novela nos habla de las decisiones del pintor: «Él no utilizaría color. Después de una tragedia como la que inspiraba su obra, el color ni siquiera permanece en el ambiente, ha desaparecido, y un vahído de ausencias sucede a la matanza». Las simbologías (o no) del cuadro, sus motivos, las presencias clásicas del artista malagueño: «Aquella pugna entre los dos animales, entre instinto e intelecto, entre la oscuridad y la luz, eran importantes en su vida y en sus anhelos como hombre y artista. En efecto, el toro y el caballo, figuras nucleares en su creación, constituirían el foco que iluminaría su próxima obra».

PICASSO Y LAS MUJERES

Hombre de mil mujeres, Picasso se alimentaba de esas mujeres a las que amaba para mantener viva su energía creadora, su curiosidad, su capacidad de creación. «Los vínculos que mantenía con las mujeres influían en exceso en su proyección como artista». Baltasar Magro nos da cuenta de algunas de ellas, las que atraviesan la vida del pintor entre 1917 y 1937.

«Ellas avivaban su fortaleza e imaginación, y estaba agradecido a todas las que había tratado por lo que le aportaron. Al experimentar una pasión, su mente se alimentaba con sensaciones insospechadas que influían positivamente en la manera de abordar la pintura». Dora Maar, que le acompaña en el momento en que a Picasso le ocupa el Guernica; Marie-Thérèse, que le espera con su hija Maya en brazos; Olga Koklova, con quien ha acabado su historia de amor (la que iniciara en sus días de Florencia); y fuera de la acción de esta novela, Eva Gouel e Irene Lagut»… un hombre que llevaba la posesión de sus compañeras hasta límites insospechados y que, pasado un tiempo, las arrojaba al vacío con la pretensión, para colmo, de que siguieran siendo algo suyo.»

EL COLECCIONISTA DE OBJETOS

Picasso era una esponja. Conservaba el entusiasmo y la curiosidad del niño, y todo a su alrededor alimentaba su capacidad de invención. Magro nos cuenta la pasión del pintor por los objetos, fetiches que recoge de aquí y de allá, y guarda y colecciona… «Allí conservaba una buena cantidad de pequeñas esculturas realizadas con materiales variopintos, desde papel hasta alambres, piedras de diferentes tamaños, formas y colores, montones de minúsculos cristales desgastados por la erosión, reliquias del pasado compuestas por restos arqueológicos entre los que había numerosas puntas de sílex y la reproducción de dos Venus prehistóricas: la de Laussel y la de Brassempouy.

¿COBRÓ PICASSO POR EL GUERNICA?

La novela se atreve a entrar en el polémico asunto del dinero, de si el cuadro tuvo precio. Así lo resuelve Magro: «Antes (intervino Max) aquí tienes un cheque de ciento cincuenta mil francos. No lo puedes rechazar: es una decisióndel Gobierno. Ya os advertí que lo quería donar, es un regalo para los españoles, objetó Picasso. Si tenemos en cuenta la cotización de tu obra en estos momentos, considéralo como una cantidad para cubrir gastos, replicó Max Aub con voz grave y bien timbrada. Lo fundamental es que exista de por medio una contraprestación económica real y efectiva con un documento que respalde y certifique la operación… (…) Es la manera de que España, el pueblo español, pueda demostrar documentalmente algún día que es el auténtico propietario de esta maravilla…».

Baltasar Magro, La luz del Guernica, Roca Editorial, 2012.

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Autor

Irene Ramirez

Irene Ramirez. Responsable de campañas en Grand Step. Fue redactora de Periodista Digital entre 2012 y 2013.

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