Paul Theroux / 'El Tao del viajero' (Ed. Alfaguara)

Una enciclopedia portátil para ir más lejos que el simple turismo

El autor reúne lo mejor de su obra y los pasajes más memorables

Una enciclopedia portátil para ir más lejos que el simple turismo

En ‘El Tao del viajero’ (Ed. Alfaguara) Paul Theroux acomete su destino más fantástico y quizá más definitivo.

El cosmopolita y camaleónico escritor da la palabra a otros autores, como cansados viajeros en torno a un fuego, y se revela tal cual es: un oyente y un observador atento en busca de la oportunidad única.

Al cabo de medio siglo itinerante, Theroux nos pone en un camino sorprendente e irrepetible, dejando atrás un mundo ya perdido, el de las grandes singladuras azarosas, con la vida puesta en riesgo, y sabiendo mirar hacia delante con la fascinación de un aprendiz de la vida.

Paul Theroux comienza enviándonos unas postales sueltas, tomadas de sus lecturas, viajes y libros, y acaba entablando un diálogo con sus viajeros favoritos, que también resultan ser sus escritores favoritos. Y así, al terminar el trayecto de este libro, aprendemos por ejemplo que Frank Kafka fue un gran aventurero. Y que Emily Dickinson fue a su vez una gran aventurera.

Vladimir Nabokov, Samuel Johnson, Evelyn Waugh, Charles Dickens, Henry David Thoreau, Freya Stark, Mark Twain, Ernest Hemingway, Pico Iyer, Jonathan Raban, Graham Greene, Italo Calvino, Antón Chéjov o Miguel de Unamuno son otras plumas intrépidas que pueblan un libro que completa varios periplos en cada página, y que nos orientará hasta lugares siempre luminosos.

Los títulos de las postas de esas accidentadas travesías son amplios y abren otros espacios: «Viajeros que nunca fueron solos», «El viaje como una odisea», «El ombligo del mundo», «Viajes imaginarios», «Se soluciona andando», «Hazañas viajeras», «Cuando eres forastero», «Miedos, neurosis y otros males», «Las cosas que se llevaron», «Los placeres del ferrocarril» o «¿Cuánto tiempo se pasaron viajando?».

Un sano escepticismo modera las voces y aleja la obra de tópicos y estereotipos, también de cualquier itinerario guiado: la mejor prueba de las propiedades benéficas de formar parte de este interesante elenco de trotamundos con cuadernos. La única certeza es el final de la época dorada de las grandes aventuras, sometidas hoy al turismo y a la precipitación. Una fiesta tras medio siglo de aplaudida trayectoria, llena de los invitados a los que Paul Theroux siempre ha querido ver y siempre verá, a la que es difícil no querer sumarse en otro viaje.

Paul Theroux, El Tao del viajero, Alfaguara, (2012).

Autor

Irene Ramirez

Irene Ramirez. Responsable de campañas en Grand Step. Fue redactora de Periodista Digital entre 2012 y 2013.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído