PERIODISTA DIGITAL ENTREVISTA A SUPERNANNY, AUTORA DE 'UN EXTRAÑO EN CASA' (AGUILAR)

Rocío Ramos-Paúl (‘Supernanny’): «No sé qué influencia puede tener en los niños ver que el castigo por la corrupción llega tarde»

"Cuando al padre no le gusta el grupo de amigos nunca debe prohibirlos, debe abrirles la puerta de la casa"

El acoso es devastador para un niño y no sabe salir solo, necesita de los adultos para hacerlo. Es fundamental que se coordinen los padres y el colegio

Rocío Ramos-Paúl, ‘Supernanny’, la famosa psicóloga acaba de sacar al mercado su séptimo trabajo editorial, ‘Un extraño en casa. Tiembla… llegó la adolescencia’. Esta experta en conocer al detalle la conducta de los más pequeños habló con Periodista Digital tras la presentación del libro para hablar de su última obra y de sus próximos proyectos

¿Te desespera la nueva actitud de tu hijo? ¿Estás harto de sus pintas, de sus amigos y de la nueva jerga que emplea cuando te habla? ¿Deseas recuperar al ser entrañable que estaba siempre contigo y que se agarraba a tus piernas buscando protección? ¿Sientes que tu hijo es un extraño?

Todos estos interrogantes les surgen a los padres cuando sienten que su hijo no les obedece, les responde mal y empieza a actuar con cierta rebeldía. No es preocupante, simplemente está atravesando una de las etapas más conflictivas para las relaciones en casa. La paciencia y la negociación serán tus armas en esta batalla contra la revolución hormonal que vive tu pequeño y que para muchos padres se convierte en una pesadilla.

En ‘Un extraño en casa. Tiembla… llegó la adolescencia’ Rocío Ramos-Paúl, directora del centro de psicología Biem y presentadora de uno de los programas de educación más seguidos de la televisión, y el psicoterapeuta Luis Torres nos enseñan a través de los casos más frecuentes de su consulta pautas que facilitan la comunicación con tu hijo y el efecto que producen cuando se ponen en práctica. Una obra amena y sencilla para padres en apuros que un día fueron adolescentes con ganas de descubrir el mundo con sus propios ojos.

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El libro más que un manual es un compendio de experiencias que vamos teniendo en el despacho, y vamos viendo que las actuaciones de los adolescentes se repiten y que necesitamos estar preparados para esta situación.

La adolescencia es una etapa de mucho conflicto y eso genera mucha crisis dentro de la familia pero padres e hijos se siguen queriendo mucho. El conflicto con los adolescentes se soluciona con la negociación, tienen que ceder los padres, ceder los hijos y negociar, llegar a un punto que puedan convivir y disfrutar como padres e hijos.

Sí, se nos olvida cómo es ser adolescente. Como por ejemplo con los secretos, ¿quién no ha tenido secretos con sus padres?, ¿quién no ha contestado mal a sus padres en la adolescencia? Aunque cambie la situación a lo largo de los años con las nuevas tecnologías, alcohol, porros… aunque varían las situaciones, la solución es la misma: negociar.

Es verdad que cada generación tiene un lenguaje propio y está bien, es un momento de transición a la vida adulta. Ellos quieren separarse e identificarse con el grupo, no quieren ser iguales a los padres, lo hacen para diferenciarse.

No hay una edad concreta para la llegada de la adolescencia porque cada niño es distinto. Es verdad que en general se han adelantado muchos las etapas, están más listos, más estimulados, han tenido más experiencias. La parte negativa es que se adelantan etapas. Como por ejemplo la edad de inicio del consumo de alcohol. A los 13, 14 años, es pronto para empezar a consumir, pero es porque ellos no tienen desarrollada bien la capacidad de decir que no.

Para solucionar los conflictos los padres tienen que pararse a pensar en cada situación. Por ejemplo: ¿cuál es la edad para regalarle un móvil?

En el libro definimos la adolescencia como una gripe, una gripe que se pasa. El adolescente también lo pasa mal. El conflicto bien llevado es maravilloso, el conflicto nos hace mover es lo que hace el adolescente, es su paso de la crisis para convertirse en un adulto.

Para cada padre su problema es lo más importante del mundo, por eso es difícil decir cual es el problema que más ocurre entre los adolescentes. La dificultad real está la negociación, desde un consumo que puede ser experimental, al estudio, o que hora pongo de llegar a casa, cómo reacciono si llega borracho etc.

Cuando hablamos por ejemplo del consumo, intentamos que los padres ataquen a través de las responsabilidades y no del propio consumo. Si yo le prohibo beber no puedo controlar si bebe o no, yo tengo que hacerle responsable para que el consumo sea responsable también.

La adolescencia es necesaria. Si no hubiéramos pasado la adolescencia, cuantas cosas habríamos perdido. Es cuando estableces tus propias ideas sobre el mundo.

Para el adolescente todo es negro o blanco. Hay veces que se queda enganchado en la parte del pensamiento negativo y ahí son los padres que tienen que ir tirando del hilo para que salgan de este estado de ánimo. Como por ejemplo, hacer de asesor de imagen del hijo e ir a comprar aquella camiseta horrible para que se sienta dentro del grupo. Necesitamos ver que necesidades tienen y guiarles.

El adolescente se quiere diferenciar, quiere ser distinto del adulto y del grupo de amigos le permite esta diferenciación por un lado y le recoge por otro, se identifica con el grupo, y él que se ve rechazado por el grupo se queda cojo. El grupo es fundamental. Cuando al padre no le gusta el grupo de amigos, no debe prohibir porque sino lo que vamos a generar es que quiera estar constantemente con ellos. Es un poco como el refrán ‘si no puedes con el enemigo, únete a él’, así que vamos a abrir la puerta de casa para que vengan y vamos a ampliar sus intereses para el ocio. Los amigos también tienen que servir para estudiar, para hacer un deporte, ampliar los intereses. Cómo lo hacemos: el grupo que no nos gusta, que venga a casa, vamos a darle la oportunidad de conocerlo; buscar otro grupos según los intereses, por ejemplo si le gusta algún deporte ahí podría estar un nuevo grupo de amigos.

El acoso es devastador con el niño. El niño no sale sólo del acoso, necesita de los padres para salir. Es el adulto que tiene que sacar el adolescente de esta situación. Para ello tiene que tener ciertas herramientas para poder salir, es fundamental el papel de coordinación entre el colegio y los padres. La clave está en que se detecte lo antes posible, que el adolescente tenga la confianza de contar lo que le está pasando y que de ahí los padres tomen la rienda y hablen con el colegio. El que se siente acosado muchas veces necesita habilidades sociales y necesita trabajar la indiferencia ante el acosador. El acosador suele ser un niño exigente, que se convierte en un adolescente tirano que transmite miedo para ridiculizar al acosado y así sentirse líder.

Las nuevas tecnologías son los compañeros fieles de los adolescentes. Volvemos a lo de siempre: cuando puede utilizarse, en qué situaciones está permitido y sobre todo en qué momento las nuevas tecnologías pasan a ser suyas, de uso personal.

La sociedad puede ayudar al adolescente dándole la posibilidad de tener muchas experiencias para abrir el abanico de alternativas a lo que quieran ser el día de mañana.

Para coordinar mi trabajo en el despacho, en la televisión, radio y ahora con el libro lo que hago es encajar y decir no a algún medio. Y tener prioridades, que para mí es mi vida personal.

Sobre la corrupción, lo que no sé es qué influencia puede tener en los niños el que vean ahora mismo la aparición de un castigo tan tarde, desde que uno cometa un error hasta que llega el castigo pasa mucho tiempo.

Con la crisis económica vuelve aparecer el esfuerzo, el ahorro, la autonomía, y todo eso tiene una repercusión en los niños y seguramente será positiva.

Rocío Ramos-Paúl es licenciada en Psicología, máster en Psicología Clínica y educadora de menores.

Desde 2006 conduce un programa de televisión, ‘Supernanny’, con el objetivo de mostrar directrices educativas y en la actualidad es además directora del centro de psicología Biem. Es autora de ‘Manual de Supernanny’, ‘Aprendiendo a enseñar’ y ‘Mi hijo no come’ (Aguilar, 2010).

 

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