'CUENTOS PARA LEER EN LA HAMACA'

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WhatsApp y amor Qué Aprendemos Hoy

Recuerdo con nostalgia cuando me wasapeabas constantemente y podía verte en las fotos que enviabas desde tus congresos médicos. Me sentía orgullosa de ti.

Arrancamos este mes de agosto de 2015 con una serie de relatos de la escritora Julia García Navarro, ‘Cuentos para leer en la hamaca’. Este 3 de agosto de 2015 la autora nos propone una divertida fábula electrónica que versa sobre existencias virtuales.

Conoceremos la vida de un matrimonio peculiar gracias a una cariñosísima carta de la esposa. Cómo no podía ser de otra manera, las palabras viajan  por WhatsApp. Que ustedes la disfruten.

 

Querido esposo:

Te confieso que al casarnos lo pasé francamente mal al principio, porque te echaba mucho de menos.

Luego me acostumbré a tus horarios y a no saber el hospital en el que te tocaba la guardia, pero me conformé porque no tardaste nada en hacernos ricos. Reconozco que tiré de la visa sin control pero guardo muy buen recuerdo de aquellos frívolos días.

El caso es que me harté de comprar y no poder ponerme nada y estuve a punto de caer en el vacío. Afortunadamente lo resolviste regalándome un Smartphone y presentándome a Don WhatsApp.

Aquellos fueron los mejores años de nuestra vida.

Recuerdo con nostalgia cuando me wasapeabas constantemente y podía verte en las fotos que enviabas desde tus congresos médicos. Me sentía orgullosa de ti. Siempre tan guapo, tan elegante, tan alto… Fue excitante aquel verano en el que practicábamos cibersexo. Te volvías loco con mis selfies eróticas ¿te acuerdas? Lo hacíamos a todas horas, estando yo en Marbella y tú en Londres afrontando el primer trasplante de cuero cabelludo para calvos, que te consagró.

Luego dejaste de wasapearme y sufrí una barbaridad.

Aprendí a espiarte. Te pasabas los días y las noches conectado en línea, pero nunca era conmigo. Hubiera dado la vida por saber si chateabas con una amante o con los cientos de amigos que acumulabas en tus grupos de WhatsApp. Nunca lo supe con certeza y ahora ya no importa.

Como no soy mujer pusilánime y estoy dispuesta a ir con los tiempos, te observé, aprendí de ti y me corrompí. Terminé por montarme grupitos: con las amigas de la playa, con las del colegio, con las del trabajo, con las vecinas y con una barbaridad de gente que no conocía de nada pero que resultaba entretenida.

Entonces sucedió. Me topé de bruces con un hombre que conocí casualmente en el WhatsApp. Era un escritor fantástico. Dominaba la técnica de la comunicación electrónica de una manera que resultaba fascinante. Siento decirte que lo hacía todo bastante mejor que tú. Gracias a Dios pude atravesar la crisis de los cuarenta de lo más contenta. Te confieso que le quise como nunca te quise.

Él era insuperable: no llamaba por teléfono ni se ponía pesado para verme pero me hacía reír a menudo, era romántico en sus planteamientos, un amante virtual prodigioso y siempre estaba conectado si surgían emergencias emocionales.

Inmejorable. No llegué a conocerle nunca, pero jamás podré olvidarle.

A pesar suyo o seguramente gracias a él, nuestro matrimonio siguió funcionando. Era bonito coincidir tú y yo en las navidades, cruzarnos en casa de vez en cuando y colgar de tu brazo en bodas y entierros. Siempre hicimos buena pareja.

Pero últimamente todo ha cambiado.

Te has pasado de la raya mandándome un mensaje con la foto de una rosa que no es roja, como regalo por nuestro aniversario y fue impresentable que felicitaras a tu hija con el video youtubero de una tarta que tenía cuatro velas menos que sus años. Lo de dar la enhorabuena a nuestro hijo con un chiste malo de Twitter, por su diez en selectividad, prefiero no analizarlo.

Te habría perdonado tales memeces si no me hubieras defraudado profundamente despidiéndote de tu madre moribunda con unos versos de Machado y encima diciéndole a la pobre mujer que eran tuyos. Como si ella fuera tonta ¿a quién querías engañar?

La próxima vez que se muera alguien moléstate en quitar los pies de los textos que mandas para que no aparezca el autor, el libro y hasta el bloguero que los ha recopilado.

Te aprecio querido, pero eres un imbécil.

Espero que algún día puedas perdonarme que rompa nuestro matrimonio con un mensaje de WhatsApp. Sé que no tengo excusa, pero es que últimamente sólo te veo en la foto de tu perfil y francamente querido… das regular en las selfies.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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