‘La Voluntad del Gudari’ y las mentiras de ETA y sus compinches

El asesinato de Pardines en 1968 fue el primer asesinato de la banda con el que inauguró 50 años de crímenes envueltos en mentiras que pone, negro sobre blanco, el libro ‘La Voluntad del Gudari’.

¿Por qué ETA inició su brutal espiral de violencia un 7 de junio de 1968? Casi cincuenta años después y en los últimos estertores de la banda, el libro coordinado por Gaizka Fernández Soldevilla y Florencio Domínguez Pardines, cuando ETA empezó a matar clarifica cualquier duda sobre la «voluntad propia» de los terroristas para utilizar la violencia frente a cualquier excusa del pasado.

Las 326 páginas elaboradas por 13 autores y prologada por Fernando Aramburu pivotan en el esclarecimiento de un crimen sobre el que hasta hace apenas un año «se escribía sobre lo que se sabía» mientras que, tras recientes descubrimientos documentales, «se escribe lo que sucedió». Pero el volumen acredita, según Gaizka Fernández Soldevilla, la utilización de la «mentira» por ETA y precedentes hoy más que nunca de enorme actualidad como la utilización de las palizas como elemento de coacción o la utilización de las pintadas para dejar constancia en calles durante muchos años mudas que el terror podría surgir a la vuelta de la esquina.

El asesinato de José Antonio Pardines Arcay (Malpica de Bergantiños, 1943) tan sólo precipitó la decisión adoptada por el Biltzar Ttipia de ETA el 2 de ese mismo mes en Ondarroa. Pero el encuentro casual entre Txabi Echevarrieta e Iñaki Sarasketa y los guardias civiles de tráfico José Antonio Pardines y Felipe de Diego podía haber tenido un millar de desenlaces. Los investigadores del Centro Memorial de Víctimas del Terrorismo encontraron en el Archivo Militar de El Ferrol el hilo de Ariadna de la verdad después de décadas en las que la ‘verdad’ de ETA y de Sarasketa se había instalado en el relato oficial del germen del terror etarra.

«ETA explicó el crimen como un duelo en el salvaje Oeste, como un enfrentamiento armado, y luego Iñaki Sarasketa niega haber disparado. La banda crea un mito sin pruebas», resume Fernández Soldevilla mientras desgrana las pruebas documentales incluidas en las diligencias de la investigación del primer asesinato de un comando etarra.

«Nadie había revisado hasta hace un año la causa con detenimiento y las pruebas contradicen todo lo que ETA y Sarasketa habían afirmado», sostiene el historiador con una mueca de satisfacción por haber logrado romper el envoltorio de la mentira del relato terrorista para esclarecer el bautismo de fuego de la organización criminal.

«Los casquillos de los cinco disparos que Echevarrieta y Sarasketa dispararon contra Pardines no dejan lugar a dudas. Dispararon los dos con armas del 9 mm y del 7,65 mm y cuatro balas atravesaron el cuerpo del guardia civil y la quinta quedó en su interior», relata Soldevilla con el libro entre las manos en el que se aportan todos los detalles del asesinato a quemarropa cuando Pardines tenía en su mano el carnet de conducir de Echevarrieta y su pistola enfundada.

El primer crimen de ETA, como narra el libro, también anticipó una constante en el ‘precio’ que los terroristas pagaron en prisión por muchos de los 845 asesinatos con autor material conocido. Iñaki Sarasketa cumplió 9 años de cárcel porque fue uno de los terroristas que se acogió a la Ley de Amnistía decretada en la Transición y recuperó una dilatada libertad que se extendió hasta su fallecimiento en 2017 sin mayores consecuencias jurídicas ni éticas por el primer asesinato de ETA.

«Desde el principio ETA empezó ocultando sus crímenes porque a veces son unos fanáticos sinceros y otras veces no», señala Fernández Soldevilla, que hoy presentará en público el libro editado por Tecnos en la biblioteca de Bidebarrieta a las 19.30 horas junto a Florencio Domínguez, Raúl López y Manuel González. Fanáticos que en 1956 iniciaron sus primeros actos violentos con la colocación de un artefacto explosivo en el diario Alerta de Santander, semilla de futuros atentados como el asesinato del columnista de EL MUNDO José Luis López de Lacalle.

Fanáticos que ya en 1963 dieron una paliza al maestro de Zaldívar Antonio García Escolar porque, según ETA, reñía a los niños que acudían a los oficios religiosos impartidos en euskera. Otra mentira sobre la que construir la falacia del discurso etarra en el que colaboraron destacados miembros de la Iglesia.

Uno de ellos, el sacerdote Fernando Arburua, descerrajó 6 tiros a Félix de Diego el 31 de enero de 1979 en Irún. Un diablo con sotana que remató al compañero de Pardines 11 años después del ‘bautismo’ de la banda terrorista ETA.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA

Los vídeos más vistos

Lo más leído