Reseña del libro 'Cuerpos y letras', de Eduardo Martínez Rico

Viaje en autobús

'Cuerpos y letras' no es un libro optimista, es un libro melancólico, con toda la fragilidad y fugacidad del día a día

Viaje en autobús
Eduardo Martínez Rico.

Si Relámpagos era el equivalente al Diario íntimo de Unamuno, 'Cuerpos y letras' sería Niebla

Al comienzo de ‘Cuerpos y letras’, un chico se sube a un autobús. No va a ninguna parte, simplemente se deja llevar, mientras el autobús camina por el centro de Madrid. El chico va observando el paisaje de la capital, con sus edificios históricos y su vida en ebullición.

Es un magnífico día de enero, pero su soledad, y su viaje sin parada concreta, le llevan a meditar y pensar. Y esta obra se construye sin una parada concreta. Usa la técnica de la anotación reflexiva, y aunque tenga un eje vertebrador, y evidentemente narre cosas, la belleza está en esa forma de dejarse llevar mediante el uso de las palabras.

Más que un libro literario, es un libro que enseña a amar la literatura como fenómeno múltiple y complejo. La Literatura se ha confundido con el estrechísimo margen del género. Las historias, cada vez más repetidas y lineales, van perdiendo interés, recorriendo, por compromiso, los mismos paisajes y tópicos.

Sin embargo, la realidad, con su enorme variedad y riqueza, va allanando nuevos caminos, y nos somete a nuevas situaciones, sin necesidad de continuar un hilo o de respetar una trama, pues la vida la va creando. Aquí, la literatura va creando la vida, y la vida la literatura, pues en las manos de un escritor, ambas se mezclan, y hay un hilo inseparable entre las dos. Un chico, que va con un libro de Machado, bajo el sol madrileño de invierno, es la imagen completa de un paisaje y un estado de ánimo.

‘Cuerpos y letras’ no es un libro optimista, es un libro melancólico, con toda la fragilidad y fugacidad del día a día, y parece tener siempre una palabra de aliento para superar los tropiezos del presente. La obra anterior de este escritor, Relámpagos, era un escrito muy diferente, en el que el autor se aislaba en una cámara cerebral para analizarse, iniciando un viaje inhóspito y sin retorno. Un tono muy diferente para dos caminos separados.

En ‘Cuerpos y letras’ hay un círculo de hombres y mujeres que forman parte de la vida sentimental del protagonista. Los personajes, son todos positivos. Frente a la gélida realidad (o irrealidad) de Relámpagos, el carácter de este nuevo libro es cálido, pero no exento de tristeza.

Los contenidos se accionan y encuentran con las palabras, y todo acontecimiento, sea triste, deprimente o alegre, cobra sentido, se salva y se transforma en arte, cuando es ordenado en un texto. El libro, entonces, se convierte, no sólo en un placer para el lector, sino en la redención del escritor, y la vida vuelve a tener un sentido ético y estético gracias a las reflexiones iniciadas en una página en blanco.

El cierre, al escribir la última, es siempre provisional, cerrando tan sólo un ciclo. El libro es un peldaño más de la existencia, es una fuente de individualidad, y una forma de separación y de abstracción, en la que el escritor se distancia de la mediocridad de la vida, superándola, soberbiamente, cuando está en el texto. El personaje real de Cuerpos y letras, es el narrador que escribe y reflexiona, y no tanto el personaje construido para la novela. Es este trabajador de la palabra, el que desgrana los mejores momentos de la historia y otorga calidad a sus páginas.

La metaliteratura es un género minoritario, pero de enorme valor, y sobre él se vierten miles de horas de lectura y estudio libre. Sólo un verdadero amante de los libros podrá reconocer sus méritos, fuera de las tramas y del ruido ambiental de la narrativa simple, para buscar en los diarios y en los libros abiertos un descanso y un mayor conocimiento.

Libros como éstos, son los que hieren letalmente al lector cerrado, ubicado en las historias tradicionales, para entregarlo a un vasto magma de riqueza verbal y vital. El lector no puede quedarse al margen, pues en la novela las cosas son lo que son; en cambio, en la reflexión, el lector tendrá, siempre, algo que decir. El protagonista califica a su maestro muerto como un «gran árbol de palabras». Este libro es un robusto árbol, que contiene las reflexiones parciales, contradictorias, y hondas de belleza y vida de un escritor: un pedazo de vida plasmado en el texto.

Es una novela unamuniana, como unamuniano fue su trabajo anterior. Si Relámpagos era el equivalente al Diario íntimo de Unamuno, ‘Cuerpos y letras’ sería Niebla. No sabemos si este libro cierra el ciclo, o si es una continuación que exigirá un cierre. Los libros del genial escritor vasco, son libros abiertos nutridos de hechos y de profundidad intelectual. La ruptura de Unamuno sigue hoy vigente, pues la pervivencia de su obra confirman su actualidad.

Los grandes libros de hoy serán viejos, si tras las abultadas ventas no dejan poso ni recuerdo, y ni la crítica ni el público los salva. Libros así nacen muertos y olvidados: no tendrán una segunda lectura. El mundo editorial es colapsado por «productos de temporada». La ampliación del consumo en las sociedades de mercado permite esta cultura de usar y tirar, donde lo importante es la novedad, y lo clásico se encuentra en manos de unos pocos. La metaliteratura es una paciente búsqueda de la verdad (aunque ésta sea parcial o sesgada), que hace del libro un clásico, pues su vigencia se ensancha, más allá del margen temporal en el que fue publicado.

‘Cuerpos y letras’ es un buen libro. La calidad literaria y la prosa transparente convergen en esta bella historia, que no tiene fin, pues la construimos caminando.

Autor

Luis Balcarce

Desde 2007 es Jefe de Redacción de Periodista Digital, uno de los diez digitales más leídos de España.

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