Esta edición de la historia de Antoine de Saint-Exupéry está protagonizada por mujeres y escrita en lenguaje inclusivo

La ‘mariconez’ que han hecho con El Principito de Saint-Exupéry: no se salva ni la serpiente

Pero lo peor de todo es que elimina a la icónica serpiente digiriendo a un elefante para mostrar un trato más amable hacia los animales

La 'mariconez' que han hecho con El Principito de Saint-Exupéry: no se salva ni la serpiente
Caperucita y el principito RS

Últimamente asistimos a cómo un sector de la izquierda está embarcada en una carrera a toda velocidad para adaptarlo todo a la hipersensibilidad de está época narcisista en el que todo es ‘yo’ en el que todo lo que no encaje en la cosmovisión debe ser deconstruido y reinterpretado de forma que encaje adecuadamente.

En esta pesadilla Orwelliana de reinterpretación del pasado ahora le ha tocado a uno de los clásicos más queridos: El Principito (El nuevo Podemos feminizado: la paridad era que hubiera un par de novias).

Lo que está sucediendo es como si a alguien le diera por pintar bigotes en todas las obras clásicas, porque a la izquierda le diera por decir que todos debemos llevarlo.

En 1944 cuando nadie se había planteado ni que hubiera cuotas de representación por sexo en los personajes ni la hipersensibilidad hacia el tratamiento de los animales, publicó Antoine de Saint-Exupéry su novelita.

Tener en cuenta que se escribió durante la II Guerra Mundial es una buena forma de comprender que los lectores y autores de la época estaban más bien curado de espantos y que un dibujo de una boa zampándose un elefante no era algo que causase el más mínimo espanto. (¿Por qué es la paridad una parida?)

Pero algún iluminado ha decidido que el discurso del libro es inaceptable para los tiempos que corren y que hay que introducir algunos cambios. La principesa está disponible y se puede comprar en Amazon, según recoge Javier Elío en El Español.

Se trata de una adaptación (que por cierto mantiene la firma de Saint-Exupéry) pero con mujeres con protagonistas y manteniendo por ejemplo «una paridad 60%-40% de personajes femeninos y masculinos» (que para ser paridad parece algo desigual, pero como oxímoron está muy bien).

Seguramente el mayor de los destrozos es la sustitución de la mítica serpiente que se había comido a un elefante por… un volcán.

Por desgracia no es la única obra readaptada que han publicado, también han publicado La casa de Bernardo Alba:

«Si no podemos leer no es mi revolución», inician el vídeo de presentación del crowdfunding, como si el hecho de que un personaje sea de otro sexo, otra raza u otra orientación sexual dificultase o imposibilitase la identificación con el protagonista. Como si un ser con testículos no pudiera disfrutar de Madame Bovary o de Alien. De hecho, hay pocos conceptos más sexistas, racistas y homófobos que la idea de que esa frontera dificulta la lectura. Esconder las diferencias culturales y raciales de los personajes para «crear una historia más universal» es también la mejor forma de que que cuando nos encontremos esas diferencias las rechacemos. Que un personaje tenga una cultura o raza diferente no debería hacer una historia menos universal, sino todo lo contrario.

Todos sabemos que la historia de la humanidad está llena de errores y de barbaridades, y no cabe duda de que la situación de la mujer y de otros colectivos ha sido en muchas épocas y sociedades lamentable.

Sin embargo, reescribir no solo no es la solución sino que oculta ese maltrato debajo de una alfombra. Si quieres solucionar un problema hay que mirarlo a los ojos y recordarte que está ahí.

La literatura es la mejor forma de comprender las sociedades del pasado y de ver sus errores para corregirlos. Porque si tratamos de olvidarlos estaremos condenados a repetirlos.

 

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