La ingrata búsqueda de la verdad

¿Es posible una crónica lo suficientemente fiable y completa de la reciente historia española?

La ingrata búsqueda de la verdad
Al corro de la patata, una imagen de hace medio siglo

Para responder a tan polémica demanda, el autor de ‘Crónica de medio siglo’ expondrá este martes sus reflexiones y experiencias de una década intentando construir un relato ecuánime, y su sospecha de estar fracasando en el intento

Más que plantear esta pregunta retórica, que tendría indudablemente una respuesta afirmativa en teoría- deberíamos preguntarnos por qué del último medio siglo -del final del Franquismo, de la Transición y del Juancarlismo (llamémoslo así aunque suene irreverente a muchos)- no existe hasta ahora un relato canónico consensuado táctiamente en líneas generales, naturalmente con los lógicos reparos de cada uno. Esto piensa  plantear José Catalán Deus, trambién editor de esta Guía Cultural, el próximo martes día 12 a los asistentes a la Tertulia de Historia del Casino de Madrid. Y en su opinión no existe tal acuerdo porque tampoco existe una visión compartida del franquismo; y no existe del franquismo porque no ha podido aún establecerse sobre la guerra civil; y así sucesivamente, repasando el siglo XIX, al auge y decadencia del imperio español, y llegando hasta los mismos Reyes Católicos y si se apuran retrotrayéndonos a los nuevos siglos de ocupación musulmana, que para algunos resulta que fue época de esplendor y coexistencia poco menos que idílica. Y eso sin hablar de los relatos separatistas hoy en absoluto in crescendo, algo tan demencial como para dejarlo de momento al margen.

¿Y por qué esta imposibilidad de los españoles para asentar una visión histórica colectiva? nos pregunta. Ya se admite que la leyenda negra de España es responsabilidad de los mismos españoles, que son los que la han atizado sin pausa ¿Tiene su origen en la expulsión de judíos y musulmanes, y sobre todo con la marginación que sufrieron los muchos que no se fueron, muchos más de los que marcharon? ¿Tiene que ver con la intransigente dictadura ideológica y moral que ejerció la Iglesia Católica durante siglos, especialmente cuando debía haberse mitigado durante los siglos XVIII y XIX?

En todo caso, su experiencia de estos años le lleva a pensar que la actitud de la izquierda, desde la extrema a la moderada, se resume en un nosotros somos los buenos y los fachas los malos, haciendo tabla rasa de tantos y tantos hechos que demuestran que hay razones para avergonzarse o presumir de muchas actitudes en los dos bandos. ¿Y nos asombramos de que ETA y su entorno se mantengan en sus trece sin apenas gestos de arrepentimiento y de empatía con sus decenas de miles de víctimas, desde asesinados a exiliados, pasando por familiares discriminados y una parte de la población acosada durante décadas? Por el lado del antiguo antifranquismo y las actuales izquierdas todavía hay mucho que cambiar para que se tolere la crítica, se practique la autocrítica y se comparta una historia veraz de lo sucedido que ponga los errores propios a la altura de los ajenos.

Y por el lado de las derechas, ¿es acaso más tolerante y abierta la actitud hacia la historia reciente? ‘Me temo que no, responde. Aunque  tenga cierta justificación su acritud y malestar por ser la parte discriminada desde la muerte de Franco, tampoco hay mucha comprensión que digamos hacia quien intenta mostrar la imagen completa del último medio siglo. Se ataca por ejemplo a Pablo Iglesias Turrión por quien fuera su padre -de hecho, militante de la Federación Universitaria del FRAP durante un tiempo- lo cual es tan aberrante como juzgar a nadie por sus antecesores. En general, se niega a cualquier antiguo radical el derecho a evolucionar y cambiar de actitud e ideas. Y yendo a lo concreto, no se muestra el menor interés por conocer una crónica completa del reciente pasado, la evolución de la izquierda -que la ha habido-, sus muy distintas posiciones internas, y especialmente sus razones -que también las tiene- tanto para el antifranquismo anterior como para el republicanismo actual, las críticas de una parte de ella a cómo se hizo la transición a la democracia y a la monarquía parlamentaria, y sus juicios negativos sobre Juan Carlos I y Felipe VI.

Tolerancia es lo que falta de un lado y otro, y falta históricamente, diríamos que de siempre, expondrá Catalán Deus: ‘Falta sin duda más del lado de la izquierda, que es la beneficiada por la opinión dominante en las últimas décadas, y por eso yo me he esforzado escrupulosamente en reflejar también los puntos de vista y lasa razones de la derecha, que lleva haciendo penitencia un período ya más largo que el que duró su predominio durante la época franquista. Me parece de justicia y una obligación de los pocos ilusos que ejercemos de impenitentes defensores de causas pobres, como se decía antiguamente, de eternos abogados siempre de la parte más débil en cualquier litigio.

Pero en fin, más allá de izquierdas y derechas todavía encastilladas en sus obsoletos planteamientos, construir un relato equilibrado y veraz sobre los hechos del pasado es tarea de los historiadores, que al fin y al cabo son los profesionales del tema, los que tienen que estar por encima de antifaces partidistas y visiones prejuiciosas. Cosa fácil de afirmar en teoría pero de difícil constatación práctica. ‘Mi experiencia ha resultado bien amarga, dice. Todos y cada uno, sin excepción hasta el momento, de los historiadores que por diversas circunstancias han conocido la existencia de la Crónica -y citará nombres bien conocidos-, después de una primera elogiosa receptividad la han trocado invariablemente en silencio ninguneador o en excusas recurrentes con tal de no hacerse eco de un proyecto que por su excepcionalidad merecería al menos cierta indulgencia’.

¿Es que no cabe la crónica periodística junto al trabajo académico? No parecen haberse enterado del premio nobel de literatura de 2015 concedido a la veterana periodista bielorrusa de 67 años Svetlana Alexiévich por sus libros sobre la tragedia de Chernóbil, la invasión de Afganistán o las consecuencias de la llamada Gran Guerra Patriótica en la Unión Soviética. La concesión se quiso interpretar como la dignificación definitiva de un oficio, el periodismo, tan cercano al de historiador de los tiempos recientes. La portavoz de la Academia Sueca concretó que había pasado más de medio siglo desde la última vez que un escritor de no ficción ganaba el Nobel y que esta mujer era el primer periodista en ganar el premio.

Parecería mentira que en la nación que parió a Benito Pérez Galdós, cuyos Episodios Nacionales resultan imprescindibles para conocer nuestro siglo XIX, un periodista que tuvo que recurrir a aparentar ficción, a intercalar historias de amoríos, para que sus crónicas resultaran más ‘amenas’, reine tal menosprecio a una forma de aproximación a la realidad tan digna como las empleadas por los historiadores e incluso más fidedigna tratándose de la historia reciente, en la que los archivos y los legajos han sido sustituidos a la hora de reflejar hechos, protagonistas y circunstancias por los reportajes y las entrevistas, por las noticias informativas y los comentarios interpretativos.

Entonces, ¿es la historia un coto privado, un reducto gremial en el que está reservado el derecho de admisión? Instalada en el mundo de la enseñanza, presumiendo de erudita, la disciplina se influencia por una versión empobrecida del positivismo de Auguste Comte. Pretendiendo objetividad, la historia limita su objeto: el hecho o acontecimiento aislado se considera como la única referencia que responde correctamente al imperativo de objetividad. Y como tampoco establece relaciones de causalidad, sustituye con retórica al discurso que se pretendía científico. Hay todavía demasiada ideología entre los historiadores actuales. Y casi siempre, supuestamente de izquierdas. Y basta que arrojes algún guijarro al estanque estancado para que te tachen de intruso, de revisionista, de aficionado.

El caso es que se ha dicho últimamente (Manuel Vicent en 2004) que «el periodismo es el auténtico motor de la literatura, algo que comenzó a mediados del siglo pasado y que continuará en el futuro’, y que (Cebrián, 2010) ‘La cultura es antes que nada, un hecho social producto de la memoria colectiva; se construye con el tiempo y se transmite de generación en generación. A ello contribuyen de igual modo escritores y periodistas, pues el periodismo es desde que se inventó un género de la literatura’. Y hasta se ha citado a Dickens, Balzac o Larra para resaltar la hermandad entre literatura y periodismo.

El autor de ‘Crónica de medio siglo’ dice estar más preocupado que de la falta de receptividad del estamento académico, de cómo hacer frente en su trabajo a problemas objetivos derivados de la imposibilidad de conocerlo todo, y por tanto la probabilidad de desconocer elementos que puedan ser relevantes e incluso fundamentales; de cómo mantener una vigilancia constante ante las carencias propias, las limitaciones humanas de capacidad de síntesis o análisis, o esas obcecaciones intelectuales de las que nadie está libre, esas inconfesadas preferencias que anidan en toda mente, esos secretos ajustes de cuentas que nos tientan incluso inconscientemente. ‘Quién es el iluso que se pone a escribir diez en mil páginas seguidas en el mundo de los tuits, de las prisas, de las lecturas cada vez más fáciles y más cortas. No, ni puede justificarse ni puede entenderse ni puede conducir a nada bueno’, se autocrítica un tanto cruelmente cuando alcanza en estos momentos la publicación de la mitad de la obra prevista, los once tomos de la primera serie y los cinco primeros de la segunda.

‘Terminaré pues reconociendo -nos adelanta- que aunque en teoría sea posible escribir una crónica veraz, completa y ecuánime de la historia reciente española, del último medio siglo sin ir más lejos, resulta bien difícil por no decir imposible llevarlo a la práctica, y que aún de lograrlo quedaría lo peor, hacer frente a la indiferencia generalizada a todo lo que no sea espectáculo superficial, simple entretenimiento. Incapaz de dar respuesta afirmativa a la pregunta que nos convocará en la tarde del martes, pasaré la palabra lo antes posible a los ilustres participantes en la tertulia, deseando que sus intervenciones me aporten valor y esperanza para llevar a término la ardua tarea que le ha tocado en suerte a este pobre cronista’.

Casino de Madrid
Tertulia de Historia
¿Es posible una crónica veraz de la historia reciente de España?
Reflexiones y experiencias de una década intentando un relato ecuánime
(y de estar posiblemente fracasando en el intento)
Martes, 12 de marzo de 2019 de 19:00 a 20:30
calle de Alcalá, 15, Sala del Torito, 2ª planta.

Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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