‘Tiempo Varado’ de José García Mont: Estadías de un mendigo converso

'Tiempo Varado' de José García Mont: Estadías de un mendigo converso

La novela «Tiempo Varado» tiene un marcado carácter humanista. Con sinceridad, el autor cuenta

no fue premeditado que la religión entrara en la trama; surgió de forma espontánea, casi arrastrándome el protagonista (un mendigo), a beber de ese manantial para que él pudiera encontrar el camino de la paz interior.

El mercantilismo voraz no deja espacio para que un escritor sin nombre entre en los recovecos del existencialismo y de las profundidades del hombre como ser humano. Priman las novelas de acción, de venturas, tiros, asesinatos, y héroes canallas triunfantes. El protagonista es un pobre mendigo que una vez fue una persona «normal» con nombre y apellidos, con padres y hogar, novia y proyectos de futuro. Esa era la máxima motivación del autor, ponerle identidad a uno de esos pobres seres clonados de miradas huidizas, ropas divergentes, manos sucias temblorosas, dientes amarillos cuando los tienen, arrugas de más, arrugas de miedos, de faltas, excesos y desaliento.

Qué razón le lleva a una persona para dejar atrás sus raíces y convertirse en un vagabundo, en un mendigo. En esta novela se conjugan el amor, el pasado mal resuelto y que siempre asoma, la huella que dejan los padres en sus hijos, el precio de no asimilar un gran secreto familiar desvelado, y la religión como salvavidas en los estados de desesperación. A la vez, quería hacer una novela distinta a la matriz expandida actual, tan robótica, y ungir el mayor de los sentimientos veraces surgidos a través de adentrarme, previamente, en la vida de unos cuantos de esos seres desangelados que duermen al arropo de un portal cualquiera cubiertos con cartones y alguna manta roída. Es una novela que se sumerge en la profundidad de las tinieblas que acompañan al ser humano en alguna de sus fases o estadías. Pero, sobretodo, es una narración de esperanza. Caigamos en el agujero que caigamos, una misteriosa escalera surgirá para devolvernos al sitio de donde veníamos, con diferente baremo para revalorizar nuestra visión de la existencia. Esta es, pues, una novela en la que se denota, desde el principio, que es singular y bastante original en cuanto al recurso esquemático con el que la he desarrollado; es decir, no quería que fuese un clon del método común. Una novela dialogada en la que no leerás un solo apostillado en ninguna voz y, aun así, no te perderás ni un ápice durante su recorrido. Deseo que el desgaste emocional que ha supuesto meterme de lleno en un personaje de esta índole, sirva para tenerlos presentes y saber que nadie está exento de llegar a caer en las garras del menosprecio social más absoluto y en la devastadora soledad que les acompaña. La fe, a menudo, irrumpe como el único flotador posible para retornar a la orilla y mirar la vida, por comparativa, con una luz especial, para que los mismos lugares de siempre se vuelvan diferentes con una luminiscencia esclarecedora . El amor es la carta más alta contra el caos.

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