AUTOR DE 'FILOSOFÍA ANTE EL DESÁNIMO' (DESTINO)

José Carlos Ruiz: «Pasear sin propósito ni destino específico es un acto de rebeldía en el siglo XXI»

"El idiota contemporáneo tiene la ventaja que Internet le dota de mecanismos donde va a encontrar siempre refugio para defender su sesgo"

Tras el éxito editorial de ‘El arte de pensar’ (2018), el profesor de filosofía José Carlos Ruiz pública una nueva obra, que llega a las librerías en pleno recrudecimiento de la pandemia del coronavirus, y sus inevitables consecuencias sanitarias, económicas y anímicas. Ruiz, doctor en Filosofía Contemporánea, propone en ‘Filosofía ante el desánimo‘ (Ediciones Destino) un rearme de nuestro pensamiento crítico para construir una personalidad sólida.

Aunque reconoce que el libro lo empezó a escribir antes de la llegada del coronavirus a nuestras vidas, se vio obligado a revisar sobre la marcha algunos capítulos para adaptar sus planteamientos a esta época que nos ha tocado vivir. ‘Filosofía ante el desánimo’ es un ensayo que se sumerge en conceptos como la identidad, el amor, la amistad, el entretenimiento, la ignorancia, el dolor, el placer o el pensamiento, todos ellos clave a la hora de la formación de nuestra identidad.

Pregunta: El título del libro es ‘Filosofía ante el desánimo’ y la verdad, desánimo hay mucho después de un año de lo que han llamado ‘fatiga pandémica’

El término fatiga se ha puesto de moda pero el libro lo empecé a escribir mucho antes de la pandemia. Yo notaba que esto venía de antes: una angustia enorme por ir construyendo una identidad que se saliera de los criterios que el sistema iba marcando. Esa lucha genera angustia.

Alain Ehrenberg hablaba de la fatiga de ser uno mismo con ese exceso de estereotipos identitarios que nos van vendiendo y que fuerza nuestra personalidad a encajar como sea.

Violentamos tanto nuestra personalidad para encajar en esa identidad que el desánimo se va a apoderando de ti en múltiples facetas: en las relaciones amorosas, en la amistad, en el entretenimiento, en los nuevos modelos de violencia…

Me parece importante reflejar que no es una filosofía contra el desánimo sino ante el desánimo, para que el lector tenga presente un diagnóstico en torno a esas líneas temáticas que son esenciales para la construcción de la identidad.

«La pantalla elimina uno de los factores esenciales en la construcción de la identidad: las vivencias»

Pregunta: En tu anterior libro ‘El arte de pensar’ alertabas de la extrema presencia de la pantalla en nuestras vidas. Lo que sucede es que durante el confinamiento domiciliario, esas pantallas nos han permitido seguir conectados con nuestros seres queridos, algo que se ha llamado hiperconexión frente a la distancia

Nadie puede ponerle un pero a la utilidad de las pantallas y las ventajas que tiene este tipo de comunicación. El peligro yo lo veo si confundimos conexión con relación. Una pantalla mediatiza, y elimina uno de los factores esenciales en la construcción de la identidad: las vivencias, que es algo que sucede cuando se hace en vivo y en directo.

Si mediatizamos una relación, ejercemos una conexión a través de un criterio de separación. El problema es acomodarse y empezar a sustituir la conexión por la relación.

Pregunta: Te sumerges en diferentes conceptos como el amor, la amistad, la edad o el entretenimiento. En el apartado amoroso, hay que reseñar que la pandemia ha hecho estragos y el índice de divorcios y rupturas ha sido altísimo

Lo que hay que preguntarse es cómo habíamos proyectado las relaciones amorosas antes de la pandemia. Esa proyección en una sociedad hiperactiva tenía mucho que ver con el esparcimiento. Nuestros proyectos vitales estaban esparcidos en miles de frentes a los que teníamos que acudir. De esa manera dejas muy poco espacio a la intimidad.

Hablo de la necesidad de recuperarla como uno de los elementos esenciales que tenemos para construir la identidad.

Porque cuando llega el recogimiento, este te elimina todas las proyecciones externas y el criterio de atención se fija en lo que tienes delante: muchas parejas caían en la cuenta que lo que tenían era una casa y no un hogar, que es lo que solidifica la relación de pareja.

«Se han situado los sueños al mismo nivel que los deseos»

Pregunta: ¿Existe el peligro de crear una sociedad de desánimo crónico?

Existe si no ponemos la atención suficiente para tomar las riendas en la construcción de la personalidad. Si no activas el pensamiento crítico en una serie de elementos, al final se filtran todos los modelos idealizados por ejemplo a través de la psicología positiva del exterior al interior.

Esta es una sociedad donde se ha perdido la jerarquía entre los deseos y los sueños y eso te lleva a pensar que todo es factible. Antes los sueños estaban muy alejados y eran ideales que te hacían sonreír pero que no se activaban. Ahora se sitúan al mismo nivel del deseo que hace que el sujeto se crea que con unas simples sesiones de ‘coaching’, puedan ser alcanzables.

El desánimo se puede convertir en crónico cuando te das cuenta que tu trabajo no te da la satisfacción que te habían dicho que te tenía que dar o las relaciones no son como tú habías pensado.

Pregunta: ¿Cuán peligrosa es la exigencia en estos tiempos actuales?

Más que la exigencia, yo hablo del deber. Hay altísimos elementos en nuestro día a día que tienen que ver con el deber, que deberíamos asumir como un progreso social y moral, pero ahora parece que el deber es una rémora constante que te impide lanzarte a ese proyecto de aventura constante. La exigencia en el deber habría que empezar a recuperarla desde los procesos educativos porque el proyecto de vida tiene un porcentaje elevado de deber y no tanto del placer.

«Caminar sin propósito ni destino específico es un acto de rebeldía»

Pregunta: A lo mejor la solución es sencilla y pasa simplemente por pensar y caminar…

Salir a pasear por pasear, sin propósito ni destino específico, constituye un acto de rebeldía en el siglo XXI.

Hablo de recuperar el concepto de transeúnte, que era aquel que antes iba con su ganado a unos puntos claves cuando había que mudarse. Eran solo cuatro o cinco focos y cuando llegaban a un sitio estable, pasara lo que pasara fuera, habían construido en ellos ese concepto de hogar. Ahora transitamos de un nodo hacia nodo sin rumbo fijo porque parece que solo es importante mantener el tránsito. Recupero la palabra “peregrino” que era ese alguien que cuando volvía a casa era diferente al que se había ido. El trayecto lo había transformado.

Pregunta: Hablemos de dos términos que en mi opinión causan furor e ilustran a la perfección los tiempos que corren, el del tonto colectivo y el idiota contemporáneo. Del primero aseguras que el sujeto normal que se enfrenta a la masa idiotizada tiene asegurada la derrota…

Si tú te enfrentas a una masa idiotizada, el poder de la masa siempre es infinitamente mayor al individuo. El idiota contemporáneo tiene la ventaja que Internet le dota de mecanismos donde va a encontrar siempre refugio para defender su sesgo. Sustituyen la verdad por la verosimilitud, algo que parezca que es verídico. A partir de ahí lo que elabora el idiota contemporáneo es un discurso sin fundamentos.

Pregunta: Del idiota hipermoderno podemos decir que se centra en reafirmar sus creencias y considera de vital importancia hacerlas públicas. Y me atrevo a añadir que por desgracia arrastran una corriente de opinión hoy en día gracias a las redes sociales…

A veces caemos en la trampa de pensar que lo que pasa en las redes sociales es lo que pasa en la realidad. En las redes funciona el ruido, que no suele tener credibilidad. Una red social es un instrumento casi erótico para el idiota que capta por primera vez la atención de una comunidad a la que antes no tenía acceso. Ahí está el ‘atractivo’. Los medios a veces incluso utilizan la red social como fuente de noticias como si fuera global y representativa de la realidad.

«Lo urgente no es lo importante: hoy en día las personas se violentan porque no les hemos contestado un whatsapp»

Pregunta: Lo urgente resta tiempo a lo importante. ¿Cómo luchar contra ello?

Con criterio jerárquico. Lo importante debería estar por encima, porque lo urgente no es tan urgente si lo jerarquizamos a nivel de criterio. En muchas ocasiones, la falta de análisis convierte en importante lo urgente, y sin darnos cuenta. Y te parece que contestar un whatsapp o cinco es lo urgente cuando en realidad, si lo contestas al día siguiente no pasaría nada.

Lo de no contestar mensajes se ha convertido en un elemento de violencia: puedes violentar a una persona dejándole en ‘visto’. Porque esa persona considera que no eres suficientemente importante para haberle respondido. Hay que tomar distancia y tiempo para regresar a la jerarquía.

Pregunta: ¿Cuáles han sido tus referentes dentro y fuera de la filosofía?

Fuera de la filosofía mis referentes son gente cercana, empezando por mi catedrático de Filosofía, Ramón Román, del que me considero discípulo. Cuento en el libro cómo esta sociedad egocéntrica ha perdido el concepto de maestría y nadie se considera discípulo de nadie porque considera que es una rémora en la construcción de la identidad.

Filosóficamente tengo muchos referentes, es cierto que Kant es de mis predilectos pero me he leído toda la obra de [Gilles] Lipovetsky, al que tengo la suerte de tener acceso.

Discuto mucho mentalmente con Byung-Chul Han, del que creo que tiene cosas muy brillantes y otras muchas que me chirrían. Y utilizo bastante los clásicos, si tengo que elegir releo con cierta frecuencia a mi paisano, Séneca, o a Ortega y Gasset, al que no termino de ver bien posicionado en España a nivel intelectual. En Ortega encuentras casi de todo, ocupó tantos temas…No termina de estar en el sitio que debería.

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Autor

Roberto Marbán Bermejo

Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y actualmente cursa el grado de Ciencias Políticas por la UNED, fichó en 2010 por Periodista Digital.

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