Pensiones, paro, pymes.

MADRID, 28 (OTR/PRESS)

El acuerdo de todos para la reforma de las pensiones parece haber dejado en un segundo plano el dato tremendo del aumento del paro en 2010: nada menos que 370.100 personas, un 8,5 por ciento más que en el año anterior. Y el panorama no parece despejarse al menos a corto plazo. Si se desglosara esta cifra, nos encontraríamos que la bolsa de paro entre los jóvenes supera, según nos dicen, el 40 por ciento de esa población que a la que se le va a exigir haber cotizado ni se sabe los años para lograr el cien por cien de la pensión cuando llegue su hora. Naturalmente los jóvenes echan cuentas y las cuentas no les cuadran. Pero no es ese el tema porque la regulación de las pensiones -que es algo que había que hacer- no deja de ser una proyección que con el paso de los años seguramente va a cambiar para bien o para mal. ¿Cómo funcionara la economía mundial dentro de una década, dentro de dos? ¿Qué energía utilizaremos y en qué consistirá lo que ahora denominamos el estado del bienestar? ¿Quién liderará el mundo?

Demasiadas preguntas para tomarse al pie de la letra una reforma que hoy es necesaria pero de la que no sabemos mucho más. Lo preocupante, desde mi punto de vista, es que dediquemos tanto espacio a un futuro incierto y hagamos tan poco por un presente descorazonador. No critico el acuerdo que, insisto, era necesario, pero la reforma del mercado laboral sigue más empeñada en discutir el despido que la creación de puestos de trabajo. Naturalmente que ni el Gobierno ni los sindicatos son los encargados de eso, pero si pueden -y deben- crear un ambiente social done resulte más fácil y más tentador para la iniciativa privada, para que los pequeños y medianos empresarios se animen en una sociedad tan complicada como esta. Y no lo hacen.

Hoy una PYME familiar, un negocio pequeño pero que es la base de nuestro tejido social, está tratado por Hacienda de la misma manera que una gran empresa con asesores y gerentes; hoy en España no se concibe que la más pequeña de las mercerías no tenga que pagar a un asesor sólo para que haga todo el papeleo oficial que es un auténtico rompecabezas. Y para colmo, seguimos sin sacar adelante lo tantas veces anunciado por el Gobierno, pedido por la oposición, denunciado por las PYMES y exigido por la razón: que no se puede pagar un IVA que no se ha cobrado, que las empresas no se pueden permitir el lujo de adelantar dinero al Estado y, además, es una sinrazón. Pero todas estas reflexiones y muchas más que se podrían hacer sobre autónomos y pequeñas sociedades, parece que solo tienen eco en las denuncias que los que las están sufriendo hacen en la emisoras de radio o en las cartas al director. Nadie pare estar realmente interesado en un sector empresarial que -insisto- da cobertura al 80 por ciento de nuestro mercado laboral.

¿Llegar a un acuerdo sobre la pensiones? Sí, pero mientras y a la vez plantearse muy seriamente qué hacer para que en este país una empresita no pase más tiempo trabajando para Hacienda que para su propio negocio.

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