Una economía enferma

MADRID, 19 (OTR/PRESS)

«La economía española está enferma». Lo dice Claudio Boada, presidente de ese fábrica de ideas que es el Circulo de Empresarios. Ni Boada ni el Círculo levantan la voz, pero casi todo lo que dicen está pensado, analizado y debatido. Es decir, casi lo contrario que la mayor parte de las medidas que se toman desde el Gobierno o las autonomías. Que sea una obviedad la afirmación no impide que sea bueno decirlo en voz alta. No hablamos sólo de lo peor, los 4,7 millones de parados, o del pronóstico del BBVA de que este año también crecerá el paro y remataremos al menos con 100.000 desempleados más. No. Boada dio datos y argumentos. Uno de ellos que en 2010 sólo «decrecieron» o tuvieron crecimiento negativo -vaya eufemismo- cuatro países. España es uno de los cuatro.

Para Boada no ha habido reformas sino meras «adaptaciones», retoques descafeinados, y lo que es peor, casi ninguna encaminada a solucionar el principal déficit: crear empleo. Boada tampoco cree que nos vaya a salvar el tirón exterior de nuestras exportaciones, que son insuficientes, o de la locomotora alemana. Teme devaluaciones de otras monedas y un incremento de los precios de las materias primas por las tensiones que se están viviendo en muchas zonas del mundo. Nuestros problemas, dice, son de carácter estructural. Si no hubiera habido una recesión mundial, también habríamos entrado en crisis. Y el derroche del dinero público la ha agravado.

El Presidente del Círculo de Empresarios planteó también un tema fundamental: la calidad de nuestro marco institucional está en permanente deterioro. Aquí legisla todo el mundo y sobre todas las materias. Proliferan los reguladores y estamos en una selva exuberante de normas innecesarias, ineficientes, contradictorias, perjudiciales y costosas. Si a eso se le suma la judicialización de las decisiones y de los conflictos, la seguridad jurídica merma cada día y pone en peligro la inversión y el emprendimiento. Si queremos salir de la crisis, dijo, se necesita un marco sólido, transparente y estable.

La receta: hacer reformas en serio. Generar confianza. A corto plazo, recortes y austeridad del sector público. A medio y largo, simplificación de las Administraciones y una estructura viable de ingresos y gastos. Acceso a la financiación por parte de las empresas, hoy ahogadas. Atención al mercado financiero: algunas Cajas de Ahorro deberían quebrar o desaparecer. Establecer las condiciones favorables para que los emprendedores -no el Estado- creen empleo y riqueza. Flexibilizar el mercado de trabajo y acabar con la dualidad trabajadores temporales-indefinidos mediante un contrato único. Se protege, dijo, mucho a unos trabajadores, y se deja a otros a la intemperie. Todos deberían tener la misma cobertura. Atraer empresas extranjeras. Reformar la educación. El desajuste, dijo, entre la educación que reciben nuestros estudiantes y la demanda de los mercados es absoluta. La enfermedad está diagnosticada. Pero los médicos deben decidir si ponen tiritas al enfermo o le llevan al quirófano.

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