Philip Glass abandera un espectáculo de alta calidad y notable interés
Ayer el Teatro Real vivió el gran acontecimiento de la ‘etapa Mortier’, el estreno mundial de la última composición del consagrado Philip Glass dedicada a glosar la vida y muerte del hombre que hizo de los dibujos animados una industria potente y floreciente a mayor gloria de los Estados Unidos de América. No se estrena una ópera nueva todos los días y casi siempre resulta bastante desastroso. Pero los méritos de ‘The Perfect American’ -buena partitura, notables direcciones musical y artística, excelente interpretación individual y coral- son muy superiores a las deficiencias de libreto y a la relativa parquedad de las partes vocales. Una velada memorable para la pequeña historia operística española, un gran éxito y un espectáculo soberbio que ni pintado para acercarse al género.
Philip Glass es un músico prolífico e incansable que a sus 75 años ha creado dos sinfonías y dos óperas en año y medio. Reverenciado hoy día en todo el mundo, presenta una de las carreras musicales más coherente, personal y productiva del siglo XX. Su música es fácilmente reconocible en todas sus etapas y facetas, siempre fiel al mismo impulso y a la misma visión. Esta su vigésimo cuarta ópera es inconfundiblemente ‘glassista’ pero está teñida de veteranía y sosiego, remansada, hasta el punto de que parte de sus seguidores quizás se noten un tanto defraudados por no sentir esa pulsión tan hipnótica, esa excitación repetitiva tan característica de su música.
No se ve el mundo de igual manera a los 25 que a los 75 años. Ni se hace la misma música. Así que Philip Glass en su última etapa está convirtiendo su impronta innovadora en un clásico. Más complejo, variado y refinado que al principio. Menos pasional. Introvertido frente a la apabullante extroversión de su irrupción en el panorama de los años 60. Cuando hace medio siglo junto a otros músicos como Ridley o Reich convirtieron el acompañamiento ‘continuo’ de la música clásica en protagonista ‘solista’ de una nueva etapa que vino a llamarse ‘minimalismo’, hicieron una aportación sin duda notable. Pero como todas las grandes ideas se trivializó y hasta degeneró en su popularización: son los círculos cada vez más amplios de seguidores los que terminan enterrando los grandes ‘ismos’ del pensamiento y el arte humano. Glass sin embargo ha intentado evolucionar y nos parece que lo ha conseguido: el minimalismo exagerado se ha domeñado a dimensiones aceptables por audiencias más amplias.
Repasemos brevemente todos los componentes de esta importante propuesta. La idea de llevar a Walt Disney a la ópera, nace una biografía escorada que sustituye con sectarismo la devoción anterior. Sobre el libro se ha construido un libreto muy bueno técnicamente y muy discutible de concepción. No es la vida de Disney con sus luces y sombras, no es la fabulosa fauna de sus personajes, no es una reflexión sobre los gigantes mediáticos de nuestra época que dirigen equipos multitudinarios al servicio de sus ideas. Son deslabazadas escenas de su enfermedad y muerte, con excesivas alusiones a su edén infantil, y en medio un dilema pueril sobre la propiedad intelectual, muchas alusiones a las ideas reaccionarias del personaje y una presencia casual de Abraham Lincoln y Andy Warhol que seguramente interesará más a la audiencia estadounidense. Es un enorme hándicap no haber conseguido permiso para que Donald, Dumbo, Bambi y los demás formen el coro y hasta dialoguen con su hacedor. Es una gran pena que la idea clave -el más más fabuloso creador de sueños de toda la historia humana no pudo conseguir que su obsesivo sueño personal de que su cuerpo se conservara hasta que la ciencia permitiera su resurrección- no aparezca en toda su trascendental significación. El libreto es desordenado y los personajes de cartón. Pero eso en el género operístico es el pan nuestro de cada día y no vamos a insistir.
La partitura nos reconcilia rápidamente. ‘El perfecto americano’ es una ópera de dimensiones manejables, con un prólogo a manera de obertura y dos actos de menos de una hora cada uno, divididos en cinco y seis escenas respectivamente, y un epílogo final. Esta estructura ‘cinematográfica’ ha permitido al compositor escribir una partitura más variada que de costumbre, con orquestación muy rica y partes melodiosas muy bellas, presencia destacada de cuerdas y percusión y algunos solos instrumentales ciertamente excelentes. Junto a ello hay que destacar unas magníficas e insistentes intervenciones corales. Quizás ante todo ello, las contribuciones líricas de los personajes resulten algo escasas y poco sofisticadas. No, sin duda, el barítono protagonista, pero sí quizás el resto, -demasiado secundarios y anecdóticos-, y el antagonista, absurdo y artificial.
El director musical, Dennis R. Davies, (que estrenará en 2013 en Linz otra nueva ópera de Glass con texto de Peter Handcke) demostró conocer bien y querer mucho a Glass: hizo un gran trabajo al frente de la orquesta, que estuvo magnífica. Davies encuentra en la partitura ecos del segundo violín de Las bodas de Fígaro, paralelismos con la segunda sinfonía de Anton Bruckner e influencias notables de Ravi Sankar. Y en su entusiasmo compara la extraordinaria productividad de este compositor con un Bethoven que trabajó simultáneamente en sus quinta, sexta y séptima sinfonías. Y advierte que a Glass le pasa lo que a Mozart, que resulta fácil a los aficionados pero muy difícil de interpretar bien a los verdaderos profesionales.
Del Director de escena, Phelim McDermott, dicen que es antipático, y es como muchos antipáticos, gente que no cultiva las apariencias y va al grano. Su montaje es uno de los más orginales de los últimos tiempos: simplemente el mecanismo articulado que desde las alturas maneja luz, cámaras y proyecciones es una sensacional innovación a la que pronto seguirán mil sucedáneos. Dan Potra merece parabienes en su trabajo de escenógrafo por el sistema y sucesión de telones y pantallas y sus sugerencias al celuloide, y especialmente por su tarea de figurinista, pues se trata del vestuario más adecuado que hemos visto desde hace bastantes producciones. El efecto de las proyecciones vídeográficas es espectacular a la par que altamente artístico. La coreografía de Ben Wright se apoya en un equipo actoral profesional que marca distancias. Son de la compañia habitual de McDermott, ‘The Improbable Skills Ensemble’, un nombre a tener en cuenta.
Y lleguemos de una vez por todas a las voces. Papeles cortos y fáciles como hemos adelantado. Christopher Purves es un sobresaliente Walt Disney, un gran barítono y un estupendo actor. Le secunda perfectamente David Pittsinger en el papel de su hermano. Donald Kaasch es un buen tenor al que en el Real se le ha podido escuchar en Boris Godunov de Musorgski, Rise and Fall of the City of Mahagonny de Weill e Il prigioniero de Dallapiccola. Pero su personaje de Dantine nos cae especialmente gordo, el típico y tópico cantamañanas sindicalero lleno de demandas y carente de razones. Buen reparto: destaquemos al tenor John Easterlin en un histriónico Andy Warhol.
El público del estreno salió unánimemente satisfecho, lo que no ocurre a menudo en este coliseo. Por primera vez esta temporada aplaudió satisfecho el montaje, tanto o más que la dirección musical, el coro y los intérpretes. No hubo abandonos precipitados de una sala repleta, se prodigó en los aplausos y acogió con mucho cariño y reconocimiento al autor, que saludó al final con visibles muestras de contento.
El estreno mundial de ‘The Perfect American’ fue un éxito, y una innegable confirmación de su polémico director, Gerard Mortier, cuyos gustos, opiniones y criterios pueden y deben discutirse, pero que está cumpliendo la cláusula principal de su contrato: poner al Teatro Real de Madrid en órbita mediática global. El valor de ello, el precio y plusvalía resultante del empeño no podrá ser juzgado hasta 2016, al término de su contrato.
Posdata del día después.- Olviamos recordar la última visita de Glass a Madrid, en 2007. Fue para presentar ‘Book of Longing’ (ver nuestra reseña de entonces), con textos, imágenes y voz grabada de Leonard Cohen y concepción, composición e interpretación de Glass, un extraordinario evento que debíamos recordar. Su música también estuvo presente en el Teatro Real ese año, en el inicio de la temporada 2007-2008, en una excepcional velada de danza contemporánea en la que el Nederlands Dans Theater presentó ‘Silent Screen’, basada en su obra Glassworks (1982) (ver nuestra crónica de entonces), una coreografía de 45 minutos de duración a cargo de Paul Lightfoot y nuestra compatriota Sol Leon, ciertamente inolvidable.
Aproximación al espectáculo (valoración del 1 al 10)
Interés: 8
Libreto: 6
Partitura: 7
Dirección musical: 7
Dirección artística: 8
Voces: 7
Orquesta: 8
Coros: 8
Interpretación: 8
Escenografía: 8
Caracterización: 8
Producción: 8
Teatro Real
THE PERFECT AMERICAN
Philip Glass (1937)
Libreto de Rudy Wurlitzer, basado en la novela Der König von Amerika de Peter Stephan Jungk
Estreno mundial, encargo del Teatro Real y de la English National Opera de Londres
Director musical, Dennis R. Davies
Director de escena, Phelim McDermott
Escenógrafo y figurinista, Dan Potra
Iluminador, Jon Clark
Coreógrafo, Ben Wright
Vídeo, Leo Warner (59 Productions)
Dirección de animación, Joseph Pierce (59 Productions)
Director del coro, Andrés Máspero
Asistente director musical, Carlos ChamorroAsistente director de escena, Susana Gómez
Reparto
Walt Disney: Christopher Purves (barítono)
Roy: David Pittsinger (barítono-bajo)
Dantine: Donald Kaasch (tenor)
Hazel George: Janis Kelly (soprano)
Lillian Disney: Marie McLaughlin (mezzosoprano)
Sharon: Sarah Tynan (soprano)
Diane: Nazan Fikret (soprano)
Lucy / Josh: Rosie Lomas (soprano)
Chuck /un médico: Juan Noval-Moro (tenor)
Abraham Lincoln y Un empleado de la funeraria:Zachary James (bajo-barítono)
Una secretaria: Beatriz de Gálvez (soprano)
Andy Warhol: John Easterlin (tenor)
Una enfermera: Noelia Buñuel (soprano)
Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real
(Coro Intermezzo y Orquesta Sinfónica de Madrid)
Fotos del espectáculo: Javier del Real
Duración aproximada
Prólogo y Acto I: 1 hora
Pausa de 25 min.
Acto II: 45 minutos
Fechas
22, 24, 27, 30 de enero
1, 3, 4, 6 de febrero
20.00 horas; domingos, 18.00 horas.