Romeo y Julieta en los tiempos de Lenin

Una visita magnífica del Ballet del Rhin a los Teatros del Canal

Desde Alsacia nos llega una fabulosa producción de este célebre ballet de Prokofiev, muy originalmente ambientada en la revolución bolchevique de 1917. El Ballet de l’Opéra National du Rhin repone la coreografía que causó sensación hace veinte años, y se ha puesto de nuevo a las órdenes de su autor y antiguo director Bertrand d’At para ofrecer tres únicas funciones en Madrid tras pasar por el Baluarte de Pamplona. Con una de las mejores partituras nunca escritas para ser bailadas, una coreografía que encaja como anillo al dedo, un vestuario arrebatador y una escenografía versátil, este ballet de Romeo y Julieta sin duda pasará a los anales de tan bailada pieza.

La partitura de Prokofiev es una obra maestra. Es de una agudeza extrema en la descripción de situaciones y está repleta de sugerencias visuales. Es más que música para  ballet, parece música para el cine, una extraordinaria banda sonora. El coreógrafo Bertrand d’At lo ha entendido desde el primer momento y ha ideado un desarrollo en el que los números danzados se insertan en un despliegue teatral al menos tan meritorio como aquellos. Al menos decimos, por no decir que el máximo valor del montaje está en superar el impacto visual de las grandes cinematográficas a escala reducida y en directo, aportando lo que el escenario tiene de superior a la pantalla.

No separan ahora a los dos jóvenes enamorados la rivalidad de sus familias respectivas, los dos clanes rivales -Montescos y Capuletos- que pugnan por el dominio de Verona. Romeo es un estudiante comprometido con la revolución y Julieta la hija única de una familia de raigambre zarista. Estamos en Kiev, y más bien en 1918 que en 1917, el zar ya ha caído y mencheviques y bolcheviques luchan por el poder en un caos completo. Los Blancos de Denikin y los Rojos de Petlioura, se enfrentan en un desorden total que agrava la intrusión de los alemanes en el conflicto. Llegan rumores de que Moscú y Petrogrado han sido tomadas por los bolcheviques, y mientras comienza un romance ya de por sí difícil, todo se torna imposible cuando Romeo mata a Teobaldo, primo de Julieta, lleno de furia por que este ha matado a su amigo Mercucho. Tras rechazar al pretendiente que quieren imponerle sus padres, Julieta para huir simula su muerte en una treta que se demostrará desastrosa, pues Romeo creyéndola en verdad muerta, se mata, y ella al despertar comprendiendo lo ocurrido hace lo mismo.

Si el montaje comienza un tanto confuso y frenético -hasta que surge la aparición celestial de Julieta y sus sorprendentes cabriolas al ritmo del célebre pizzicato-, el maravilloso final compensaría cualquier fallo anterior si acaso los hubiera o hubiese. Romeo y Julieta yacen muertos y abrazados mientras que una columna bolchevique en fuga cruza el escenario, tambaleantes, heridos, hambrientos. Cuando llegan a la altura de los dos amantes apenas reparan en ellos. Sólo uno de los hombres se agacha junto a los cuerpos impulsado por esa brutalidad que la extrema necesidad desata, y lo hace para robar al cadáver del hombre algunas de sus pertenencias. La columna reanuda su lento deambular y repentinamente queda paralizada bajo un foco cegador encendido en el cielo. Así termina esta versión. Maravillosa metáfora de lo poco que significan los grandes dramas clásicos frente al gigantesco drama desencadenado en la primera mitad del siglo XX con las guerras mundiales y las ideologías salvadoras.

La gran fuerza de esta coreografía reside en la brillantez de las escenas colectivas: el baile en casa de los Capuleto del primer acto y la exaltación revolucionaria previa a las muertes de Mercucho y Teobaldo son absolutamente arrebatadores, como es sensacional en todo momento la presencia arrolladora de las cuatro marionetas sin brazos. La famosa escena del balcón ha sido suprimida. Las dos grandes escenas de amor entre los protagonistas al final del primer acto y al inicio del tercero palidecen ante los poderosos despliegues de ambos bandos. Es como si el fresco social eclipsara la peripecia íntima. Es lo que viene a decirse en la escena final con la que Bertrand d’At hace una lectura posmoderna del clásico drama.

La tragedia de William Shakespeare es de 1597. Existe una larga tradición de romances trágicos al uso que se remontan a la antigüedad, pero el argumento concreto está basado en un cuento italiano y relatos franceses. Shakespeare tomó elementos de ellos aunque desarrolló el argumento y creó nuevos personajes secundarios, como Mercucho y Paris. En Madrid se ha visto una notable producción en el verano de 2011 a cargo de Marc Martínez, con adapatación suya y de Martí Torras. La titularon al revés -‘Julieta & Romeo’- y por fortuna esa fue la única trasgresión que se permitieron (ver nuestra reseña de entonces).

Al menos unas veinticuatro óperas se han basado en Romeo y Julieta, las más conocidas las de Charles Gounod y Vicenzo Bellini. Una sinfonía dramática de Hector Berlioz -en versión concierto programada en el Teatro Real el pasado diciembre (ver nuestra reseña de entonces)- está a caballo entre los géneros tradicionales y es de muy original factura y extraordinaria orquestación. También el poema sinfónico de Piotr Ilich Chaikovski se suma al fabuloso panorama. Entre las versiones de teatro musical destaca por encima de todas West Side Story, de Leonard Bernstein y Stephen Sondheim que debutó en Broadway en 1957 y dio lugar a una de las películas más famosas de la historia y a ser la tragedia clásica más llevada al cine.

La versión más conocida para ballet es esta de Sergéi Prokófiev, con varias destacadas coreografías a lo largo de la segunda mitad del siglo pasado. Le fue difícil a Prokofiev conseguir su estreno pues se decía que era imposible de bailar. Pero hoy día es una de las obras más apreciadas del compositor, en base a la alta inspiración melódica, la gran variedad rítmica y el carácter memorable de los temas principales (el célebre y siniestro Baile de los caballeros y sus diversas variaciones; o l delicado y abundante tema de Julieta).

Las comparaciones, por odiosas que resulten son inevitables con el Romeo y Julieta presentado por la Compañía Nacional de Danza apenas hace unas semanas en el Teatro Real. Una coincidencia significativa: si esta es sobresaliente, aquella con coreografía de Goyo Montero mereció un notable alto (ver nuestra reseña de entonces).

Pero estamos reseñando el Romeo y Julieta de Bertrand d’At para el Ballet de l’Opéra national du Rhin que se estrenó ayer viernes en Madrid. Registró un lleno absoluto y un éxito completo. El público fiel que forma la masa crítica de espectadores del Canal, esas desinhibidas clases medias de todas edad y condición, -tan diferentes al esnobismo que congrega el Centro Dramático Nacional y las Naves del Matadero-, refrendó el espectáculo sin fisuras. Como ya ocurre a menudo, una parte del público no aplaude pero lo hace por reprobable vagancia y no por desacuerdo. Permanece en sus butacas refrendando a los entusiastas y estos insistieron en sus aplausos y bravos, especialmente además de a la pareja protagonista, a Mercucho y Mab, cuya danza final ya había recibido la única ovación puntual de la velada.

El espectáculo fue un cúmulo de buen gusto, elegancia, sofisticación y armonía, un despliegue de belleza de los que se agradecen en tiempos de fealdad y tosquedad masivas. Cuando cayó definitivament el telón, se oyeron sorprendentes aplausos desde el otro lado: no se les veía pero era la compañía en pleno que permaneció aplaudiendo agradecida hasta que todo el público desalojó la sala. Bonito, muy bonito.

Aproximación al espectáculo (valoración del 1 al 10)
Interés: 8
Coreografía: 9
Interpretación: 9
Escenografía: 8
Iluminación: 8
Vestuario: 9
Programa de mano: 6
Documentación a los medios: 0

TEATROS DEL CANAL
Romeo y Julieta, de Sergei Prokofiev
Ballet de l’Opéra national du Rhin
Dirección artística: Ivan Cavallari
31 de mayo, 1 y 2 de junio de 2013
Duración: 2h 30min (descanso incluido)

Coreografía y puesta en escena: Bertrand d’At /
Música: Serguei Prokofiev /
Escenografía y vestuario: Rudy Sabounghi /

Personajes:
Romeo: Boyd LAU / Renjie MA
Julieta: Stéphanie MADEC-VAN HOORDE / Christelle MOLARD-DAUJEAN
Teobaldo: Alexandre VAN HOORDE / Mia ZONG
Mercucho: Jean-Philippe RIVIERE / Kevin YEE CHAN
pretendiente: Mathieu GUILLAUMON
Mab: Marine Garcia / Sandra Ehrensperger
Señora Capuleto: Myrina Branthomme
Señor Capuleto: Alain TRIVIDIC
Nodriza: Wendy PAULUSMA
Fray Lorenzo: Egon MADSEN
Capitán: Miao ZONG / Alexandre VAN HOORDE
Los cuatro payasos: Claire GOLLUCCIO, Véra KVARCAKOVA, Erika BOUVARD, Thomas HINTERBERGER

Cuerpo de Baile: Virginie Bigois-Freches, Erika Bouvard, Myrina Branthomme, Grégoire Daujean, Sandra Ehrensperger, Jonathan Freches, Eureka Fukuoka, Baptiste Gahon, Marine Garcia, Claire Golluccio, Thomas Hinterberger, Sarah Hochster, Émilie Krieger, Vera Kvarcakova, Boyd Lau, Renjie Ma, Stéphanie Madec, Christelle Molard-Daujean, Pasquale Nocera, Céline Nunigé, Sybile Obré, Wendy Paulusma, Jean-Philippe Rivière, Ramy Tadrous, Alain Trividic, Alexandre Van Hoorde, Lateef Williams, Kevin Yee-Chan, Zhi Jie Zhou, Miao Zong.

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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