El Don Quijote cubano

Alicia Alonso mostró en Madrid el alto nivel del Ballet Nacional de la isla

El Don Quijote cubano
Don Quijote, Ballet Nacional de Cuba - Teatros del Canal

Tres semanas seguidas de ballet clásico en Madrid no se ven todos los días. Y con tres programas diferentes. Ha sido la heroicidad del Ballet Nacional de Cuba, que tras sus montajes de El lago de los Cisnes y Carmen, se despide con seis funciones de El Quijote, una versión Alicia Alonso sobre la original del celebrado Marius Petipa. Altísimo nivel de baile entre decorados rudimentarios, una coreografía plagada de piruetas espectaculares, divagante en su primera parte, muy lograda en la segunda y demasiado larga finalmente.

La versión cubana se presentó por primera vez el 6 de julio de 1988 en el Gran Teatro de La Habana. El Régimen y Alicia Alonso mostraron su cariño a la herencia cultural española, mejorando las referencias folclóricas y potenciando al personaje de Don Quijote, rindiendo homenaje así al idioma y a la cultura hispana. Ya sólo por eso merecía la pena conocerlo.

‘Tomar como base de un montaje escénico una obra célebre de la literatura
universal es siempre una tarea altamente comprometida, y los resultados
suelen ser polémicos’, explica la mítica coreógrafa cubana, que a sus 93 años, con andar lento y buen aspecto, ocupó su localidad en el estreno en Madrid. ‘Cuando fundé el Ballet Nacional de Cuba en 1948 y asumí la tarea de llevar al repertorio de la compañía las versiones completas de las grandes obras del repertorio tradicional, no me apresuré en seleccionar el ballet Don Quijote. Estaba en la base de nuestra cultura, de la lengua en que nos expresamos, y me costaba esfuerzo conciliar la profundidad de la creación cervantina con el tradicional ballet Don Quijote, que aunque llevaba el nombre de la novela de Cervantes, se trataba sólo de un gran divertimento, concebido sobre la base de un episodio del relato: las famosas Bodas de Camacho. Por otra parte, junto a innegables excelencias coreográficas y la riqueza del estilo de Petipa, yo encontraba incongruencias musicales en relación con los bailes de inspiración española recreados en la coreografía y, no pocas veces, falta de
lógica dramatúrgica. Pero lo que me parecía totalmente inaceptable era el
tratamiento que generalmente se daba al personaje de Don Quijote, el cual, de
acuerdo con nuestros conceptos, merecía una mayor presencia y respeto’.

Alicia Alonso trabajó duro y continuado para ultimar la primera versión profesional de este ballet clásico creada por una compañía con habla y cultura de raíz ibérica. El resultado puede calificarse de aceptable, aunque carezcamos de capacidad comparativa al no conocer otras coreografías, ni la original de Petipa (versionada por Alexander Gorski) ni las muchas anteriores y posteriores entre las que destacan las de George Balanchine y Rudolf Nureyev, y no podamos deslindar exactamente los cambios realizados por la coreógrafa cubana. El intento laudable de inclusión de bailes españoles produce una profusión a lo largo del primer acto que recuerda al espectador español aquellos Coros y Danzas del pasado, y resulta artificial añadido al argumento, alejándolo del capítulo XIX de la segunda parte del libro en el que se relata el romance entre el barbero Basilio y la joven Quiteria. Toreros que no vienen a cuento aportan cierta confusión con la temática de Carmen.

Ludwig Minkus, de origen austriaco, compuso para Petipa una música a medida de su coreografía, rítmica, fácil de seguir y muy melódica. Los protagonistas encandilaron al público, tanto Viengsay Valdés en una angelical Kitri, como Víctor Estévez en un espectacular Basilio, y fueron secundados brillantemente por ese torero que bailaba Dani Hernández y su amante Mercedes, a cargo de Jessie Domínguez. El virtuosismo fue la tónica general. Hubo una sucesión permanente de pasos de gran dificultad bailados a la perfección. El cuerpo de baile demostró solvencia notable. El Pas de deux sigue siendo uno de los momentos clave del repertorio clásico, con esas variaciones de los 32 giros (fouetté) de la bailarina solista y la serie de los saltos del varón protagonista, que Valdés y Estévez bordaron.

El Ballet Nacional de Cuba es una especie de milagro situado entre los mejores del mundo a pesar de la precariedad y pequeñez de su país, las continuas deserciones y el aislamiento con el que debe bandearse. Pero el régimen castrista ha hecho de él su bandera cultural por antonomasia y ciertamente lo ha conseguido. El público no llenaba del todo el gran auditorio, aplaudió constantemente y se mostró muy satisfecho aunque 150 minutos y dos descansos fueran demasiado en un día de diario.

Será interesante la comparación cuando en diciembre próximo nuestro Compañía Nacional de Danza asuma también completo este ballet clásico Don Quijote con una coreografía de su director actual, José Carlos Martínez, sobre la original de Petipa y la que hiciera Rudolf Nureyev en 1981, de la que ya se ha presentado este año un adelanto en forma de suite con duración de cuarenta minutos, estrenada en Murcia en febrero pasado. Así lo presenta el mismo Martínez: ‘He querido darle un matiz más poético al personaje de Don Quijote y a su búsqueda del amor perfecto encarnado por Dulcinea. A su vez, era necesario quitarle ese toque «español para turistas» y acercarse lo más posible a la esencia de nuestra danza’.

Aproximación al espectáculo (valoración del 1 al 10)
Interés: 6
Coreografías: 7
Ejecución: 8
Escenografía: 3
Producción: 5
Programa de mano: 6
Documentación a los medios: 6

TEATROS DEL CANAL
Don Quijote
Del 30 de septiembre al 4 de octubre de 2015
Coreografía: Alicia Alonso (dirección artístico-coreográfica) Marta García y María Elena Llorente sobre la original de Marius Petipa y la versión de Alexander Gorski.
Música: Ludwig Minkus
Libreto y diseños: Salvador Fernández

Ficha artística
Alicia Alonso Dirección General
Primeros bailarines: Sadaise Arencibia, Anette Delgado, Víctor Estévez, Dani
Hernández, Viengsay Valdés
Primeros bailarines de carácter: Ernesto Díaz, Félix Rodríguez
Bailarines principales: Jessie Domínguez, Alfredo Ibáñez, Estheysis Menéndez,
Grettel Morejón, Luis Valle
Bailarines principales de carácter: Carolina García, Leandro Pérez, Alejandro Silva
Primeros solistas: Ivis Díaz, Ginett Moncho, Ely Regina
Solistas: Amanda Fuente, Glenda García, Maureen Gil, Maikel Hernández, Mayrel
Martínez, Adrián Masvidal, Gabriela Mesa, Analucía Prado, Yankiel Vázquez
Corifeos: Yanlis Abreu, Massiel Alonso, Cynthia González, Adarys Linares, Mercedes
Piedra, Yansiel Pujada, Leticia Silva, Manuel Verdecia
Cuerpo de baile: Laura Blanco, Dairon Darias, Karla Flores, Verena García, Esnel
Ramos, Luis Fernández, Norge Villazón, Daniel Barba, François Llorente, Ariel
Martínez, Rafael Quenedit
Maître: Mercedes Vergara
Director técnico: Salvador Fernández
Jefe de escena: Eduardo Peón Sánchez
Sonido: José Acedo
Vestuario: Marta Gil y Roger Casteleiro
Producción: Ernesto Peón Simón
Tramoya: Eduardo Peón Simón
Diseñador de luces: Ruddy Artiles.

Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído