Alcina, ópera barroca en montaje irónico

La excepcional música de Händel ilustra una trama fantástica en una producción notable

Alcina, ópera barroca en montaje irónico
Alcina, de Händel - Teatro Real

Esta ambiciosa ópera del gran Händel llega al Teatro Real en una producción brillante e imaginativa para escenificar una partitura de más de tres horas de duración, que alterna recitativos con 26 largas arias a cargo de siete personajes fantásticos entrelazados en un enredo enorme. Nivel musical y vocal de primera magnitud y una puesta en escena que nos hubiera gustado más ceñida a la trama, más barroca y menos posmoderna.

Entre las 42 óperas que compuso Georg Friedrich Händel (1685-1759), Alcina —estrenada en 1735 en el Covent Garden de Londres en su última etapa como compositor operístico— está considerada como una de las más logradas en la caracterización de los personajes y en la expresión de sus emociones. Su dramaturgia moderna, sus inspiradas melodías y su brillante orquestación justifican la creciente presencia de esta obra en la programación de teatros y festivales de todo el mundo desde su ‘redescubrimiento’ en los años 60 del pasado siglo, después de más de doscientos años de olvido.

Händel recurre por tercera vez en su producción —después de hacerlo anteriormente en Orlando y Ariodante— al poema épico Orlando furioso, de Ludovico Ariosto (1474-1533), para retratar las emociones y las pasiones humanas con la libertad que le otorga el mundo alegórico, fantástico y sobrenatural del poeta italiano. En su isla mágica, la hechicera Alcina vive amancebada con el caballero cristiano Ruggiero, que, debido a un embrujo, ha olvidado a su prometida Bradamante. Travestida como “Ricciardo”, su propio hermano, Bradamante llega a la isla en compañía de su tutor Melisso para rescatar a su amado del hechizo de Alcina. Morgana, la caprichosa hermana de esta, se enamora inmediatamente del falso “Ricciardo”, despertando los celos de su enamorado Oronte, mientras el joven Oberto, que busca a su padre transformado en león por la caprichosa maga, que cuando se cansa de ellas convierte a sus sucesivos amantes en rocas, árboles y animales salvajes.

Pues bien, Oronte despechado trama un engaño complicado: miente a Ruggiero diciéndole que Alcina está enamorada de “Ricciardo”, y después revela a Alcina que Ruggiero, felizmente reunido con su esposa Bradamante, está planeando escapar de la isla. Alcina ordena a los “espíritus del Aquerón” y las “crueles, ciegas hijas de la noche” que impidan escapar a Ruggiero, pero estos se niegan a obedecerla. Morgana y Oronte se reconcilian. Ruggiero confiesa a Alcina que está casado. La hechicera pierde sus poderes víctima del amor que todo lo puede. Cuando Ruggiero rompe el encantamiento, Alcina y Morgana desaparecen mientras sus antiguos amantes, entre ellos el padre de Oberto, recuperan su forma humana.

La propuesta del director de escena estadounidense David Alden —que ha dirigido ocho títulos de Händel, incluyendo dos producciones diferentes de Alcina— cambia el final feliz y moralizante por otro en el que Ruggiero cuando vuelve a su vida de siempre sigue fascinado por Alcina, perseguido para siempre por la nostalgia de aquel mundo de ensueño, lujuria y desenfreno. Como la vida feliz y tranquila de pareja estable ya no se lleva en los altas cumbres intelectuales, Alden dedica todo el tercer acto a presentar una metáfora crítica de la misma, que no está en el libreto y que sobra con públicos adultos.

Además quiere hacer un homenaje al cina -como si no estuviera bastante homenajeado- e inspirándose en la película de Woody Allen La rosa púrpura de El Cairo, transforma la isla encantada de Alcina en un abandonado teatro donde cabe el mundo de fantasía que fascina a Ruggiero deseoso de escapar de la rutina matrimonial. Un teatro por el que vagan personajes de cómic cuya presencia en escena se alterna con un pasillo de hotel en el que una pareja de botones uniformados figuran ser Morgana y Oronte. Y así todo. No hay isla encantada, no hay maga hechicera ni espíritus ni fieras que fueron hombres ni tempestades ni infiernos. Cuánto mejor hubiera sido que Alden se hubiera aplicado a desentrañar el complicado libreto haciéndolo accesible a simple vista de espectador mediano que a complicarlo aún más con alusiones a la publicidad de los años 50, plantando maquetas de chalés en el segundo acto o ambientando la escena en una sala de espera en el tercero.

Y no es que al director de escena y a su equipo -el escenógrafo Gideon Davey, el iluminador Simon Mills y la coreógrafa Beate Vollack les faltaran dotes, es que sus grandes cualidades, buscando originalidad, se desperdiciaban en planteamientos absurdos. El décalage entre lo ópera barroca que escuchábamos y el montaje teatral que veíamos no llegaba a ser pecado grave como en tantas ocasiones pero se convertía en obstáculo leve que perjudicaba al espectáculo de teatro musical que nos había convocado. La isla fantástica que imaginó Ariosto nos parece más potente visual y emocionalmente que el teatro ruinoso y el pasillo hostelero ideados por Alden.

Por el contrario, sólo se pueden manejar elogios para el trabajo de dirección musical de Christopher Moulds que transformó a una selección de la orquesta titular en un excelente conjunto barroco, reforzado por una excelente aportación en el continuo a la tiorba y el clave. En la parte musical se debe resaltar también la brillantez de los músicos que con las flautas de pico, violín y violochelo interpretaron incorporados a la escena sus intervenciones solistas en el segundo acto. Con tales sazonados, Moulds hizo sonar a esta orquesta generalista sin instrumentos de época casi como angelitos barrocos bajados del cielo. Gran mérito del director y de los dirigidos.

Dos repartos se alternan en las diez funciones programadas y por nuestra parte elegimos conocer el segun de ellos, el menos afamado. Acertada decisión fue sin duda. La soprano ucraniana Sofia Soloviy —que en este teatro ya ha cantado en Poppea e Nerone, Alceste y Le nozze di Figaro— tuvo a su cargo el papel titular de Alcina, y lo interpretó a gran altura y sin desmayos. La granadina María José Moreno bordó una vocalmente eficacísima Morgana que llenó la escena con sus dotes actorales.

Dos mezzosopranos estuvieron a cargo de los papeles de la pareja protagonista, Ruggiero y Bradamante disfrazada de Ricciardo. En el primera caso, Josè Maria Lo Monaco suplió con su hermosa voz las deficiencias de casting, una mujer muy menuda y de pequeña talla haciendo de galán apuesto, y en el segundo Angélique Noldus comenzó slavando con mucho acierto las dificultades de su papel doble, esposa haciendo de cuñado, aunque fue perdiendo prestancia a lo largo de la representación hasta terminar muy desdibujada. Contraria trayectoria la de Francesca Lombardi Mazzulli haciendo de Oberto que cerró su potente intervención final con grandes cualidades en su hermosa aria. De los dos personajes masculinos, uno de gran presencia como es la de Oronte, a cargo del tenor Anthony Gregory, y otra secundaria pero en varias ocasiones importante, la del tutor Melisso a cargo del barítono Johannes Weisser, sólo cabe celebrar su acierto. 

En definitiva, a las dificultades de comprensión de una escenografía tan descontextualizada que apenas ayudaba a distinguir a los personajes, se sumaba otra inherente de no menor cuantía, la existencia de dos papeles travestidos: Ruggiero fue escrito para un castrato y Oberto es un personaje juvenil y pizpireto que Händel creó para un virtuoso niño soprano que había llamado su atención en una representación anterior de otra ópera suya. Pensamos si  no estarína mejor a cargo de contratenores. Si a ambos -interpretados por mujeres- se le suman las dificultades del personaje disfrazado Bradamante/Ricciardo, y el enredo de la trama en cinco madejas -dos parejas y una dama- puede comprenderse nuestra reclamación de fondo, nuestra principal objección a este montaje, que no se haya elegido para presentarla por vez primera en España una puesta en escena más fidedigna y ajustada a lo que Händel quiso y logró en su época. Lo que no quita reconocer el talento en multitud de detalles sutiles -el plus de los buenos montajes- dentro de una propuesta sólida y cuidada. Y considerar la dirección actoral como lo más destacable en el conjunto.

Pero estamos ante una coproducción del Teatro Real y de la Opéra National de Bordeaux, ya estrenada allí en 2012, y en las coproducciones es más difícil aunar criterios y necesidades. Alcina no forma parte del centenar de títulos operísticos más representados hoy día pero el interés en ella como en todo el barroco es creciente. La Alcina que pudimos disfrutar el viernes pasado fue un hermoso espectáculo de primerísima magnitud (realzado además en sus aspiraciones de espectáculo total con varias aportaciones de danza), una de esas cosas que no se ven todos los días. Tres actos, dos intermedios, cuatro horas intensas que un público que no llenaba el aforo disfrutó con deleite, sin apenas interrumpir con aplausos (sólo en dos ocasiones, la primera para Morgana, la segunda para Alcina) y con pocas deserciones, guardando para el final una expresión larga y sentida de satisfacción por lo presenciado. Con la ovación de la Solovij rivalizaron las recibidas por María José y Josè Maria, y el director y su orquesta; el debut del maestro Moulds en Madrid no pudo ser más redondo.

Aproximación al espectáculo (valoración del 1 al 10)
Interés: 8
Dirección musical: 9
Dirección artística: 7
Voces: 8
Orquesta: 8
Escenografía: 7
Producción: 8
Programa de mano: 8
Documentación a los medios: 8

TEATRO REAL
Alcina, de Georg Friedrich Händel (1685 – 1759)
Ópera seria en tres actos. Libreto anónimo basado en L’isola d’Alcina (1728), de Riccardo Broschi, a partir de los Cantos VI y VII del poema épico Orlando furioso (1516) de Ludovico Ariosto.
Estrenada en la Royal Opera House Covent Garden de Londres, el 16 de abril de 1735
Nueva producción del Teatro Real y el Grand Théâtre de Bordeaux.
 
 Equipo artístico
Director musical Christopher Moulds
Director de escena David Alden
Escenógrafo Gideon Davey
Iluminador Simon Mills
Coreógrafa Beate Vollack

Asistente del Director musical y clavecinista
Asistente del Director de escena
Asistente de la coreógrafa y bailarín
Supervisora de dicción italiana 
Luke Green
Natascha Ursuliak
David Laera
Paola Larini
 
Reparto

Alcina  Karina Gauvin (27, 31 de octubre; 2, 4, 6, 8, 10 de noviembre)
  Sofia Soloviy (30 de octubre; 1, 3 de noviembre)
Morgana  Anna Christy (27, 31 de octubre; 2, 4, 6, 8, 10 noviembre)
  María José Moreno (30 de octubre; 1, 3 de noviembre)
Ruggiero  Christine Rice (27, 31 de octubre; 2, 4, 6, 8, 10 de noviembre)
  Josè Maria Lo Monaco (30 de octubre; 1, 3 de noviembre)
Bradamante  Sonia Prina (27, 31 de octubre; 2, 4, 6, 8, 10 noviembre)
            Angélique Noldus (30 de octubre; 1, 3 de noviembre)
Melisso   Luca Tittoto (27, 31 de octubre; 2, 4, 6, 8, 10 noviembre)
          Johannes Weisser (30 de octubre; 1, 3 de noviembre)
Oronte  Allan Clayton (27, 31 de octubre; 2, 4, 6, 8, 10 noviembre)
         Anthony Gregory (30 de octubre; 1, 3 de noviembre)
Oberto   Erika Escribà (27, 31 de octubre; 2, 4, 6, 8, 10 noviembre)
          Francesca Lombardi Mazzulli (30 de octubre; 1, 3 de noviembre)

Orquesta Titular del Teatro Real
Miembros de la Orquesta Sinfónica de Madrid y músicos invitados (*)
 
 Músicos en escena
Flautas de pico Eva Jornet, Melodi Roig*
Violín Victor Ardelean
Violonchelo Simon Veis
Continuo:
Tiorba Michael Freimuth*, Vanessa Heinisch*
Clave Luke Green*
 
Actores y bailarines
Carlos Belén, Mirko Corchia, Haizam Fathy, Antonio Jiménez, Carlos Rodas, Nacho Rodríguez, José Ruiz, Fernando Sánchez, Tatán Selles

Duración aproximada
3 horas y 50 minutos
Parte I: 65 min.
Pausa: 20 min.
Parte II: 75 min.
Pausa: 20 min.
Parte III: 50 min.
 
Fechas
27, 30, 31 de octubre
1, 2, 3, 4, 6, 8, 10 de noviembre de 2015
20.00 horas.; domingos, 18.00 horas.

–En torno a Alcina se ofrecerá el próximo 5 de noviembre un recital del contratenor Xavier Sabata con arias de Händel compuestas para castrato, que tendrá lugar en el Auditorio Sony de la Fundación Albéniz (Plaza de Oriente).
–La función del día 10 de noviembre será retransmitida en directo por Palco Digital.
–Los programas del concierto de los Domingos de cámara del 8 de noviembre y del taller infantil ¡Todos a la Gayarre! del 15 de noviembre  estarán también inspirados por la gran figura de Händel.
–Hasta el día 17 de enero, la Biblioteca Nacional ofrece una exposición sobre las principales ediciones de Orlando furioso, de Ludovico Ariosto, poema épico del que parte el libreto de Alcina.
–Los jóvenes menores de 30 años disfrutan de un descuento del 90% en el precio de las localidades adquiridas el mismo día de la representación, y el público menor de 35 años se puede beneficiar de un descuento del 60%.

Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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