María Moliner o El Diccionario

Celebración de nuestro teatro musical sin que falten las inevitables sombras

María Moliner o El Diccionario
María Moliner - Teatro de la Zarzuela

El estreno de una ópera española sobre un personaje contemporáneo de nuestra cultura (Dalí habrá sido el último) es casi tan raro como que te toque un sorteo. Si además es una buena producción sobre una notable partitura, con un buen montaje y un buen elenco vocal, estamos de gran enhorabuena. Y si con ella el Teatro de la Zarzuela consolida su línea ascendente, para qué queremos más. También tiene cosas discutibles, pero de ellas hablaremos a continuación.

Al parecer la idea partió del escenógrafo Paco Azorín, cuando comenzó a acariciar la idea de suceder al anterior director de este teatro. El concurso lo ganó Daniel Bianco pero la idea permaneció. Lucía Vilanova hizo el libreto en 2012 y Antoni Parera Fons cerró su partitura hace unos meses. Azorín había concebido una puesta en escena con andamiajes giratorios, mayor y más consistente que la que se está aplicando a ‘Así que pasen cinco años’ en el Valle Inclán, pero curiosa y casualmente muy parecida conceptualmente. Una iluminación fuera de lo convencional y unos vídeos sugerentes la potencian. Conociendo el libreto con mucha antelación ha realizado un montaje minimalista que se ajusta a las diez escenas consecutivas de los actos en que se divide con apenas algún detalle, mesas que se van sumando, un teléfono negro y un flexo gris de los de entonces, máquinas de escribir y muchos, muchos ejemplares del célebre Diccionario de uso del español en esos dos tomos blanco y negro que tantos tenemos en casa.

Se corría el peligro de que el peso y volumen no tanto físicos como intelectuales del Diccionario eclipsaran la vida de su autora, a semejanza de lo que le ha pasado por siglos a Cervantes con su criatura hidalga. Y el libreto intenta evitarlo, aunque el abuso de narradores externos y escenas oníricas sustituye la carencia de una trama articulada, en la que la protagonista comparta escena con su contexto y circunstancia, con otros personajes más allá de su discreto marido. La continuada presencia deambulante por la platea de tres encargados de recordarnos la fecha puntual de cada escena y de abrumarnos con su poblado santoral, perjudica más que ayuda. Las jóvenes que revolotean alrededor de doña María tampoco nos convencen.

Pero lo peor del librero es su premeditada y alevosa insistencia en poblar la obra de destacamentos uniformados que persiguen a la protagonista, que la denigran y ridiculizan, y que hasta queman libros allá por 1965. El deplorable escoramiento de la libretista presentando la España de los años 50-60 como un negro agujero es agudizado por el director de escena con siniestros pelotones disfrazados de schutzstaffel nacional-socialistas. Todo ello es para hacer de María Moliner una mártir del franquismo, cosa que no fue ni por asomo. Tanto tremendismo exagerado es el principal hándicap de este espectáculo, hasta el punto de que alejará del mismo a no pocas personas sensatas, molestas por una truculencia falaz, pueril y salida de tono. 

Mejor hubiera sido seguir la estela del artículo de Gabriel García Márquez de 1981, que se cita en el telón de inicio. María Juana Moliner Ruiz fue una destacada profesional bibliotecaria durante la segunda república, nada proclive a militancias políticas, que tras la derrota del gobierno para el que trabajaba se vio afectada por el masivo proceso de depuración del bando vencedor, al igual que su marido: él perdió la cátedra, fue trasladado a Murcia, y ello regresó al Archivo de Hacienda de Valencia, bajando dieciocho niveles en el escalafón del Cuerpo. Pero ya en 1946 su marido fue rehabilitado, pasando como catedrático de Física a la Universidad de Salamanca, y ella se incorpora a la Biblioteca de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros Industriales de Madrid, llegando a ser su directora hasta su jubilación en 1970, cuando el Ministerio de Educación y Ciencia de entonces la premió con su ingreso en la Orden Civil de Alfonso X el Sabio, en su categoría de Lazo.

No sabemos si Azorín influyó en Vilanova o al revés en este desaguisado que estropea la producción sin necesidad alguna. La música de Antoni Parera Fons es notable, sus orquestaciones y coros a menudo suenan excelentes, pero en lo referente a la protagonista, aunque hay momentos delicados y algunos excelsos, predomina (y eso que dicen que el compositor es ducho en lo contrario) esa constante de la ópera contemporánea de colocar las notas sin atender a las palabras, de escribir la partitura sin identificarse con las frases ni respetar las cadencias idiomáticas, de hacer momentos airosos sobre expresiones triviales y al revés, en fin, algo que al estar tan generalizado casi ya resulta anecdótico.

Si el papel de María Moliner se pautó pensando en la mezzosoprano María José Montiel, se acertó de pleno. Realiza el gran papel de su vida (y muy bien vestida por María Araujo), vocal y actoral, parece nacida para el personaje y es el personaje mejor de su vida, o al menos a nosotros nos parece verla más auténtica y más próxima que esa Carmen de Bizet que nunca nos parecerá de carne y hueso. La discreción y moderación es siempre un acicate en los papeles secundarios y complementarios, y José Julián Frontal está impecable apoyando con su presencia silenciosa el armazón del espectáculo. Nada que objetar a Sandra Fernández ni a Sebastià Peris, y  sí algo de grandilocuencia a Juan Pons en su colaboración para rematar al villano de la pieza, otra injusticia del libreto, el lingüista Emilio Alarcos Llorach que ganó en buena lid el sillón B de la academia a María Moliner ¡Qué deplorable es denigrar a unos para ensalzar a otros!

Buen personaje el linotipista, peor la ocurrencia de las cuatro intelectualas. Las inspectoras del SEU no invadían la casa de nadie y la policía no quemaba libros, aunque los incautaba con criterios peregrinos. Nos pareció la mejor escena, la séptima, y la peor, la octava.

En cuanto al sacrosanto diccionario de Moliner, quien lo haya usado sabe de sus aciertos, y de sus deficiencias. En el montaje, por ejemplo, los comentarios referentes a las palabras destino y linotipista tienen acepciones muy discutibles. En el primer caso, actuar siempre de forma desfavorable y adversa; en el segundo, ignorar que las linotipias coexistieron con los cajistas en las imprentas por un buen tiempo. Pero, vamos, doña María Moliner fue capaz de trabajar durante catorce años en soledad silenciosa en un proyecto descomunal, de los condenados de antemano. Aquellos que saben de verdad el valor de tal proeza, aquellos que en sus limitadas fuerzas intentan empujados por el azar o el destino algo parecido, saben inclinarse respetuosos ante su memoria y su figura.

En la tercera función de las -¡muy escasas!- cinco programadas, hubo lleno absoluto, un público más cosmopolita que de costumbre y un éxito merecido. Tras dos direcciones consecutivas de avance, la Zarzuela se consolida como el segundo escenario musical de Madrid, todavía inferior al Teatro Real, pero capaz de jugarle como alter ego. El tener dos coliseos operísticos en la ciudad, uno más volcado en el repertorio universal y el otro dedicado al autóctono, no puede ser sino motivo de alegría y constatación de avance cultural. Si la Zarzuela se consolida y consigue realizar temporadas que incluyan al menos dos piezas del alto repertorio de zarzuela, dos recuperaciones y un estreno actual, vamos a ver resucitar a la ópera española. Parsifal y María Moliner juntos en la cartelera, quién iba a decírnoslo.

VALORACIÓN DEL ESPECTÁCULO (del 1 al 10)
Interés: 8
Partitura: 7
Libreto: 6
Dirección musical: 8
Dirección artística: 7
Orquesta: 8
Voces: 8
Escenografía: 7
Producción: 8
Programa de mano: 6
Documentación a los medios: 8

Teatro de la Zarzuela
MARÍA MOLINER
Ópera documental en dos actos y diez escenas
Libreto de Lucía Vilanova
Música de Antoni Parera Fons
Días 13, 15, 17, 19 y 21 de abril de 2016
Encargo del Teatro de la Zarzuela
Estreno absoluto
Nueva producción del Teatro de la Zarzuela

REPARTO
MARÍA MOLINER María José Montiel (días 13, 15, 17, 21) – Cristina Faus (día 19)
FERNANDO RAMÓN Y FERRANDO – José Julián Frontal
INSPECTORA DEL SEU / CARMEN CONDE – Sandra Ferrández
GOYANES – Sebastià Peris
SILLÓN B DE LA RAE – Juan Pons
EMILIA PARDO BAZÁN – Celia Alcedo
ISIDRA DE GUZMÁN Y DE LA CERDA – María José Suárez
GERTRUDIS GÓMEZ DE AVELLANEDA – Lola Casariego
ALMANAQUE – Gerardo López, David Oller, Toni Marsol
CABALLEROS OSCUROS / VOCES ACUSADORAS – Sara Rosique*, Ana María Ramos*, Daniel Huerta*, Mario Villoria*

ACTRICES
Carolina Andrés, Lucía Barrado, Eva Boucherite, Aurora Carbonell, Lucía Díaz, Gadea
Quintana, Elena Lombao, Rocío Marín, Carmen Soler, Vanesa Vega
ACTORES
Álex Larumbe, Guillermo Sanjuán
* Miembro del Coro del Teatro de la Zarzuela

Dirección musical – Víctor Pablo Pérez
Dirección de escena y escenografía – Paco Azorín
Vestuario – María Araujo
Iluminación – Pedro Yagüe
Diseño de vídeo – Pedro Chamizo
Movimiento escénico – Carlos Martos De La Vega

Orquesta de la Comunidad de Madrid
(Titular del Teatro de la Zarzuela)
Coro del Teatro de la Zarzuela
Director Antonio Fauró

Asistente de la dirección musical
Sergi Cuenca
Ayudante de la dirección de escena
Salva Bolta
Maestros repetidores
Ramón Grau, Roberto Balistreri
Ayudante de escenografía
Juan Sebastián Domínguez
Ayudante de vestuario
Rosa Engel
Ayudante de iluminación
Enrique Chueca
Meritorio de la RESAD
Alberto Trijueque

Duración aproximada:
Primer acto: 55 minutos
Intervalo 20 minutos
Segundo acto: 50 minutos.

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Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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