Un sainete narcisista

Visto como una autocrítica, mejora, aunque no dejan de irritar sus injustificadas ínfulas

Un sainete narcisista
Je suis narcissiste - Teatro Español

La compositora Raquel García Tomás, la libretista Helena Tornero y la escenógrafa Marta Pazos se han compinchado para mofarse de la cursilería de un público en pose permanente para estar a la moda. Una trama pueril y un montaje estridente ocultan una partitura meritoria. Un estreno mundial a mayor gloria de la pretenciosidad inmadura de muchos nuevos creadores.

‘La historia habla de cómo el individualismo exacerbado que nos ha metido en vena esta sociedad en la que vivimos lleva a relaciones totalmente superficiales, insatisfactorias en las que la esencia nunca está en crecer como seres humanos, sino en usarlas como contraste para el EGO’, deduce muy sesudamente la directora artística del Teatro Español, la primera en simular que se ha tragado el camelo. Pero Joan Matabosch, director artístico del Teatro Real., no la anda a la zaga y se pone aún más serio si cabe: ‘Se trata, precisamente, de denunciar el delirante narcisismo que tan bien define nuestra época, en tono humorístico y a la manera de un gran “collage” teñido de tonos “vintage” que permite ironizar sobre esta galería de personajes convertidos en clichés llenos de vitalidad, fáciles de reconocer en nuestro entorno cotidiano con toda su banalidad desesperante’. Y así, sin darse cuenta de que el narcisismo, la presunción y la fatuidad están en todo caso en la misma propuesta si no se la toma uno a broma, el público invitado el día del estreno celebrará con grandes aspavientos estar entre los elegidos que ven la paja en ojo ajeno y no ven la viga en el propio.

Sólo siendo consciente del malestar general que aqueja a la actual cultura de entretenimiento puede entenderse el valor de esta propuesta, representar de forma bufa lo que dice criticar, ese ‘postureo’ superficial, esa verborrea insulsa, esa superficialidad congénita que el escenario reflejaba como un espejo virtual ante el patio de butacas. La sipnosis que nos proponen de tamaño espectáculo es esta: Clotilde tiene un problema. O dos. O tres. Un mal día lo tiene cualquiera, pero cuando los acontecimientos se precipitan fatalmente, dramáticamente, hiperbólicamente, uno puede acabar preguntándose por los dioses, el destino, el precio de la fruta y otros elementos inquietantemente imprevisibles. No importa qué haga o a donde vaya, Clotilde no hace más que topar con personajes que le hacen más difícil la vida. Ya sean parejas, mascotas, jefes, ascensoristas, artistas o empleados de pompas fúnebres, siempre acaba encontrándose con el mismo tipo de personas. Individuos (e individuas) con capacidades óptimas para hablar pero capacidades ínfimas para escuchar. ¿Acaso lleva incorporado sin saberlo una especie de imán que atrae a este tipo de egos? ¿Existe alguna solución posible? Clotilde pide ayuda al doctor Giovanni, psiquiatra excéntrico de fama cósmica. ¿Será finalmente él la solución a sus cuitas? ¿Conseguirá Clotilde vencer lo que parece ser una cruel broma del destino? Y no engañan a nadie las autores cuando concluyen: ‘Podría suceder en cualquier ciudad. Podría estar sucediendo ahora mismo, en este mismo instante (que miedo)’. Efectivamente.

El libreto es malo, qué duda cabe, un diccionario de sinónimos -a lo que no puede dejar de aludir el mismo texto-, una sucesión rocambolesca de términos espolvoreados con afán de concordancia, que peca de sonrojante afrancesamiento y banalidad absoluta. Si se quiere ser ópera bufa, entiéndase que no deja de necesitar buena pluma a riesgo de convertirse en esperpento. La directora de escena no podía tomárselo más que como es, un chiste largo al que colabora obedientemente todo el equipo, empezando por la escenografía de Fernando Ribeiro, siguiendo por la iluminación de Nuno Meira y el movimiento actoral de Amaya Galeote para desembocar en el despiporre del vestuario y las caracterizaciones de Pier Paolo Álvaro, todo un desfile carnavalesco.
 
La dirección musical de Vinicius Kattah es aceptable si se descuenta su incorporación en ropaje y ademanes al aquelarre escénico; impecable el diseño de sonido de Sixto Cámara; y el conjunto musical procedente de la Orquesta Titular del Teatro Real interpreta con prestancia la partitura de Raquel García-Tomás, que confiesa haberse divertido mucho escribiéndola evocando el universo audiovisual de los años 60 y las bandas sonoras de las películas de la llamada Edad de Oro de Hollywood, y que las tres trabajaron escena a escena, retroalimentándose en ‘una sinergia creativa muy estimulante’ para destinar una música cómica a esta obra cómica gracias al contraste y la sorpresa, un  ‘collage’ de materiales musicales que funciona en muchas ocasiones como pequeñas parodias, ya sea de La Bohème de Puccini o del Tristán e Isolda de Wagner.

Una partitura que nos pareció alineada al estilo predominante hoy día entre los jóvenes compositores, écléctico maremágnum de influencias variopintas pero sin esa presencia dominante de la percusión que tanto abunda y que aquí afortunadamente brilla por su ausencia, con además un intento loable de superar el típico desencuentro en las partes vocales con armonías que desentonaban de la desarmonía reinante en todo el espectáculo. La música nos resulto la mayor perjudicada del montaje. Tanto o más que el reparto en su interpretación vocal, notable en conjunto, trivializada por el sainete en curso. Elena Copons intenta dar vida a una Clotilde de cómic y con lo mismo lidia Toni Marsol en su aún más insalvable Giovanni. Un gran trabajo múltiple de María Hinojosa y Joan Ribalta en los personajes secundarios que queda oculto por la brocha gorda con que han sido dibujados los personajes. Una sucesión de anécdotas en la que destaca el sarcástico retiro espiritual, que resulta gozar de la mejor puesta en escena de toda la obra.

La propuesta viene etiquetada de ópera bufa y mejor hubiera sido hacerlo de sainete. Pero eso sería entroncar con la tradición española y vade retro, no sea que nos quiten del ‘selfie’. Puede pasarse un rato aceptable si se prescinde del contexto manipulador de género y número en el que viene envuelta, si se hace abstracción de su pobreza conceptual y si se forma parte de esta nueva ‘crème de la crème’ podemita/sanchista que confunde el necesario relevo generacional con la toma de la bastilla, las ideas con los panfletos y las creencias con las consignas. En realidad más que una crítica del narcisismo viene a ser una exposición de motivos, y el título tal cual y en francés, ilustrativo.

VALORACIÓN DEL ESPECTÁCULO (del 1 al 10)
Interés: 5
Partitura: 7
Libreto: 5
Dirección musical: 7
Dirección artística: 6
Orquesta: 8
Voces: 7
Escenografía: 6
Producción: 7
Programa de mano: 5
Documentación a los medios: 8

 
Teatro Español
JE SUIS NARCISSISTE 
Ópera Bufa
Musica Raquel García Tomás 
Libreto Helena Tornero 
Del 17 de enero al 24 de febrero de 2019
 
Directora de Escena Marta Pazos
Asistente De Dirección Alberto Trijueque
Iluminación    Nuno Meira
Escenografía    Fernando Ribeiro
Diseño de Sonido   Sixto Cámara
Vestuario-Caracterización  Pier Paolo Álvaro (AAPEE) 
Movimiento    Amaya Galeote 
Coordinación Y Producción  Ejecutiva Jose Díaz 
Producción OBCN   Dietrich Grosse & Raül Perales 
Dirección Artística OBCN  Marc Rosich

REPARTO
Elena Copons  Clotilde
Toni Marsol  Giovanni
María Hinojosa Las mujeres
Joan Ribalta  Los hombres

MÚSICOS de la Orquesta Titular del Teatro Real.
 
Una producción de Òpera de Butxaca i Nova Creació en coproducción con Teatro Real, Teatro Español y Teatre Lliure. Con la colaboración de MONDIGROMAX, de la SGAE y el acompañamiento de la FUNDACIÓ CATALUNYA CULTURA.   Con el apoyo del INSTITUT DE CULTURA DE BARCELONA y el DEPARTAMENT DE CULTURA DE LA GENERALITAT DE CATALUNYA.

Autor

José Catalán Deus

Editor de Guía Cultural de Periodista Digital, donde publica habitualmente sus críticas de arte, ópera, danza y teatro.

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