Santiago Agrelo.-Celebrábamos la eucaristía del domingo XXV del Tiempo Ordinario. La homilía iba a estar centrada en el encuentro de la comunidad con Cristo, vocación, destino y camino de su cuerpo que es la Iglesia. Pero en nuestra asamblea dominical irrumpió con fuerza la muerte: Una zodiac había naufragado en el Estrecho. Del mar fueron rescatados once supervivientes y ocho cadáveres. Hay un número imprecisado de hombres, mujeres y niños desaparecidos.
La mujer salmista nos invitó a la aclamación: «El Señor sostiene mi vida». Y luego fue recitando con fuerza las palabras de su salmo: «¡Oh Dios!, sálvame por tu nombre, sal por mí con tu poder… escúchame… atiéndeme».
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