Falsos dioses, "caretas" para acercarnos a Dios

El Dios que me habla: buscad mi rostro

"El Dios que a mí me habla no fracasará"

Dios no castiga, somos nosotros los que cometemos imprudencias, errores, malas decisiones. Y, naturalmente, sufrimos las consecuencias

Jairo del Agua.- Tendría aquella preciosa niña unos seis años. En apenas unos segundos saltó la valla, tropezó y rodó por el parterre inclinado del parque hasta un grueso pino. Su mamá, aterrada, corrió hasta ella, la levantó, la examinó, la consoló y secó sus lágrimas. Fue después cuando la oí decir: ¿Lo ves? ¡Dios te ha castigado por desobediente!

Me acerqué y le comenté con una sonrisa: ¡No mujer, no! Dios no castiga, somos nosotros los que cometemos imprudencias, errores, malas decisiones. Y, naturalmente, sufrimos las consecuencias. Él actúa como tú has actuado: socorre, abraza y consuela cuando, por nuestra estupidez, nos herimos.

Le conté esta historia a mi amiga Oliva, una viejita risueña y amable de mi Parroquia, cuya piedad siempre me admira. Me respondió con esa serenidad que ella derrocha:

– Es un ejemplo más de los «falsos dioses» que todavía anidan en el consciente o subconsciente de muchos cristianos. Caretas, caricaturas, rostros deformes, con los que retorcemos o negamos el verdadero rostro del Padre.

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