Reflexión sobre la educación en cristiano

Los centros católicos «de verdad»

FERE-CECA, líder de la enseñanza católica en España

Resulta muy triste ver como, de nuevo, católicos agreden a otros católicos

José Antonio Poveda (Escuelas Católicas).- En la edición del periódico La Razón del pasado 15 de octubre se publicó una entrevista a D. Juan Carlos Corvera, miembro, del movimiento de «Scouts de Europa» y presidente de la Fundación «Educatio Servanda» que promueve la construcción del Colegio Juan Pablo II en Alcorcón (Madrid). Según D. Juan Carlos será un colegio «católico de verdad». Preguntado por el significado de tal afirmación, contesta lo siguiente: «Muchos colegios que hoy se declaran católicos lo son sólo de nombre. En el siglo XX la educación católica se basaba en el colegio de religiosos y la familia. Ambas están hoy en crisis. Muchas órdenes han envejecido y han perdido su visión fundacional. Engañan a los padres y transigen en Educación para la Ciudadanía, en temas bioéticos… Nosotros somos laicos de diversos movimientos, un recambio generacional con ideas claras y no nos importa que nos señalen».

Siempre es grato conocer la existencia de nuevas iniciativas que promuevan la educación católica como, parece, es la intención de D. Juan Carlos. A la vez, resulta muy triste ver como, de nuevo, católicos agreden a otros católicos, haciendo irreconocibles las palabras del Señor: «por el amor que os tengáis los unos a los otros reconocerán todos que sois discípulos míos» (Jn 13,35). No encuentro mucho amor en las palabras de D. Juan Carlos. Ni siquiera un ligero eco de la afirmación de Juan Pablo II en la exhortación «Christifideles laici» cuando señalaba que hoy puede suceder que sean «los mismos fieles laicos quienes pueden y deben ayudar a los sacerdotes y religiosos en su camino espiritual y pastoral». Lejos de ayudar o de situarse en los cánones de la corrección fraterna, D. Juan Carlos actúa con una soberbia y locuacidad impropias de quien todavía no ha aterrizado en el complejo mundo educativo. No diré que impropias de su edad, porque algunos a los cuarenta años parecen poseídos del impulso alocado de los veinte.

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