Me asombran los cristianos que la critican sin piedad, como si la Iglesia llevase a cuestas pecados que no sean los de sus hijos
(Santiago Agrelo).-Así la llamó Ambrosio de Milán, «casta meretriz», y en esas palabras encerró, no una denuncia, sino un requiebro a la Iglesia de Cristo, Iglesia santa, «jardín cerrado», «virgen sin mancha ni arruga». Ambrosio la llamó meretriz, «porque muchos amantes la frecuentan atraídos por su amor», y la llamó casta, porque la frecuentan, «pero sin contaminarse de culpa».
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